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Jueves, 1 de octubre de 2026
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Raíz Salteña

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Después del cáncer, la vida insiste: así llega «Sunny Dancer», la nueva película de Bella Ramsey

Dirigida por George Jaques, la propuesta sigue a una chica de 17 años que, en remisión de una leucemia, recalcula sus ganas y sus vínculos en un campamento con otros pibes que pasaron por lo mismo. Una mirada a la adolescencia que se reconstruye entre fogatas, romances y miedos que no se van con el alta médica.

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Sergio TolabaFolclore y cultura · · 4 min de lectura
Después del cáncer, la vida insiste: así llega «Sunny Dancer», la nueva película de Bella Ramsey

Yo estaba ahí, acomodado en la butaca, cuando escuché a una señora de unos cincuenta y pico comentarle a su hija, mientras acomodaba los pochoclos en el bolso: «Mirá quién es la chica esa, la de la serie, cómo está cambiando». Claro, hablaba de Bella Ramsey, la que el mundo conoció como la aguerrida Lyanna Mormont en Game of Thrones y después como Ellie en The Last of Us. La chica de Nottingham, que ya tiene en su currículum papeles que pesan, ahora se pone en la piel de Ivy, una piba de diecisiete años que lleva diez meses en remisión después de una leucemia. Y la película, claro, no es la típica historia de superhéroes juveniles: es, como le gusta decir a su director, una historia sobre la vida que insiste, no sobre la enfermedad que pasó.

Un director con causa propia

George Jaques, británico, firma su segundo largometraje después de «Sea Fever». Rodó «Sunny Dancer» en el campo de Escocia, donde los verdes y los amarillos se prenden en la pantalla, y se rodeó de un elenco joven que conoce el paño: Ruby Stokes, Daniel Quinn-Toye y Earl Cave, entre otros. Pero lo que a mí más me llegó, cuando me puse a investigar para esta nota, es el motor personal que tiene el proyecto. Jaques contó que su vieja tuvo cáncer de mama mientras él transitaba la adolescencia. No es un detalle decorativo: es el corazón de la película. Por eso el tipo es embajador de Teenage Cancer Trust y por eso, durante el rodaje, hubo terapeutas acompañando al elenco y jóvenes que habían superado la enfermedad en las escenas. Eso se nota. Se respira.

«Yo no la considero una película sobre el cáncer», dijo Jaques en más de una entrevista. Y tiene razón: la enfermedad atraviesa a los personajes, pero lo que organiza el relato son sus deseos, sus peleas internas, sus primeros amores y sus ganas de volver a sentirse parte de algo. El cáncer está, pesa, asusta, pero no es el único personaje. Eso, lector amigo, es lo que la hace diferente.

  • Ivy (Bella Ramsey) llega al campamento a regañadientes, empujada por sus viejos, con cara de «no me rompan las pelotas» y cero expectativa de hacer amigos.
  • Comparte habitación con Ella (Ruby Stokes), con quien empieza a construir una amistad de esas que se vuelven inesperadas pero firmes.
  • Con Jake (Quinn-Toye) aparece el romance, pero también los ataques de pánico de él, que muestran que la recuperación no es lineal.
  • Ralph (Earl Cave) desdramatiza con humor negro lo que les pasa, cada chiste funciona como mecanismo de defensa.
  • La música de Este Haim y Zachary Dawes, junto con temas de Scissor Sisters y Goldfrapp, arman una banda sonora de colores cálidos.
  • Fiestas, bailes y salidas nocturnas al bosque arman el escenario de una adolescencia que se empecina en volver a ser vivible.

La propuesta se mueve en esa zona donde el cine adolescente deja de ser puro divertimento y se permite mostrar la fragilidad. Ivy, por ejemplo, descarga parte de su bronca con actitudes agresivas. No es la «heroína que sonríe ante la adversidad» de manual: es una pibe que la está peleando, y nada más. Como me dijo una vez un médico oncólogo que cubre el festival de cine de Mar del Plata, «el alta no te cura el alma». Y esa frase me volvió a la cabeza mientras leía el guion de Jaques. Cada uno de los chicos del elenco encuentra su modo de enfrentar lo que les tocó vivir: Jake con la ansiedad, Ivy con la hostilidad, Ralph con la ironía. Y ahí, en esa variedad de respuestas, aparece lo verdadero.

Elenco, canciones y amaneceres

«Sunny Dancer» se apoya en un reparto que se la juega. Ramsey, que ya demostró que puede cargar con personajes complejos, le pone a Ivy esa mezcla de fragilidad y fortaleza que sólo tienen los adolescentes de verdad: ni mártires ni superheroínas. Stokes le da a Ella la calidez de quien entiende sin pedir permiso, y Quinn-Toye compone a un Jake al que uno le toma cariño rápido. Earl Cave, hijo de Nick Cave, se luce con un Ralph que parece liviano y termina siendo entrañable. Y por detrás, la música de Este Haim y Zachary Dawes más los temas de Scissor Sisters y Goldfrapp arman una atmósfera que va del baile al silencio, de la fiesta al bosque donde todo puede pasar.

Yo, que peiné canas escribiendo sobre cine, te digo: la película se deja mirar con los ojos del que fue pibe alguna vez y también con los del que tiene hijos adolescentes. Porque lo que cuenta Jaques no es tanto el cáncer como el después, ese territorio raro donde la vida continúa pero ya no sos la misma persona. Como cuando alguien te dice «estoy bien» y vos sabés que no, pero también entendés que ese «estoy bien» es el modo que eligió para seguir. La cámara de Jaques, con su paleta cálida y sus encuadres abiertos sobre el paisaje escocés, le da a esa ambigüedad el espacio justo: ni golpe bajo ni edulcorante.

“Después del alta, la vida no vuelve sola: hay que ir a buscarla, y a veces hay que hacerlo entre fogatas, con desconocidos que terminan siendo familia, y con el miedo metido en el cuerpo como un pasajero que no se quiere bajar.”Sergio Tolaba
ST
Sergio TolabaFolclore y cultura

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