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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Raíz Salteña

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Agua que alivia: cómo funciona la hidroterapia y en qué dolencias se receta como aliada

Una modalidad de rehabilitación que aprovecha flotación, resistencia y temperatura para tratar articulaciones, dolor crónico y secuelas neurológicas, siempre bajo supervisión profesional y como complemento del tratamiento médico.

JC
Jimena CruzSociedad y salud · · 4 min de lectura
Agua que alivia: cómo funciona la hidroterapia y en qué dolencias se receta como aliada

Aída tiene 58 años, vive en un paraje rural de las afueras de Tandil y desde hace tres convive con una osteoartritis de rodilla que le impide caminar más de diez minutos sin que el dolor la fríe en seco. Hace seis meses, su traumatólogo le sugirió algo que a ella le sonó raro: meterse en una pileta. No para nadar, aclara enseguida, sino para hacer terapia. "La primera vez pensé que era un capricho", cuenta por teléfono, todavía con ese tono entre incrédulo y agradecido. "A los veinte días de sesiones noté que me levantaba de la silla sin tener que agarrarme del respaldo. Eso para mí fue volver a vivir." Lo que Aída descubrió, sin saberlo, se llama hidroterapia, y lejos de ser un capricho es una herramienta clínica con décadas de uso en centros de rehabilitación de todo el mundo.

La terapia acuática es una forma de rehabilitación que se desarrolla en piletas de poca profundidad, bajo la supervisión de fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales. No es una rutina deportiva ni exige saber nadar: las sesiones se diseñan a partir de una evaluación individual y se adaptan al estado de salud, la condición física y los objetivos de cada paciente. El agua, en este contexto, funciona como un entorno terapéutico por cuatro propiedades físicas que conviene entender para dimensionar de qué estamos hablando.

Por qué el agua cambia la ecuación del movimiento

  • Flotabilidad: con el agua a la altura de la cintura, el cuerpo percibe que carga aproximadamente la mitad de su peso, lo que alivia la descarga sobre articulaciones doloridas.
  • Resistencia: el agua ofrece hasta 700 veces más resistencia que el aire, lo que permite fortalecer la musculatura sin necesidad de pesas ni máquinas.
  • Presión hidrostática: la presión uniforme del líquido sobre los tejidos blandos puede colaborar en la reducción de hinchazones.
  • Temperatura: el agua tibia favorece la relajación muscular y disminuye la rigidez, preparando al cuerpo para trabajar con menos dolor.

Una sesión típica combina movimientos de movilidad articular, ejercicios de brazos y piernas, trabajo de equilibrio y práctica de marcha. La fisioterapeuta Jenea Smith, de la Universidad de Missouri, describió la modalidad como "fisioterapia con el aporte de la ingravidez" y señaló que el trabajo en pileta puede emplearse para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia ejercicios en tierra. Esa lógica de —perdón, de no, de — esa lógica de ir de lo más liviano a lo más demandante es la que guía los programas, que suelen organizarse en ciclos de entre dos y ocho sesiones, según la indicación médica.

En qué cuadros se indica

El universo de prescripciones es amplio, aunque siempre como complemento de un tratamiento médico y nunca como reemplazo. Los especialistas la indican para artritis, dolor crónico, lesiones de rodilla, cadera, tobillo, cuello, hombro y zona lumbar, y en procesos previos o posteriores a cirugías ortopédicas. También se la menciona como aliada en fibromialgia, hernias discales, estenosis espinal y osteoartritis. En condiciones neurológicas como la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple y las secuelas de un accidente cerebrovascular, el sostén del agua permite practicar coordinación y marcha con un riesgo de caídas muy menor, algo que en tierra muchas veces limita el avance de la rehabilitación.

Antes de empezar, la indicación médica es ineludible: no todos los cuadros admiten el agua tibia, y hay contraindicaciones absolutas como heridas abiertas, infecciones cutáneas activas, ciertas cardiopatías descompensadas o incontinencia no controlada. Una vez que el profesional lo autoriza, conviene concurrir a centros que cuenten con fisioterapeutas matriculados, piletas con rampas de acceso y barandas, y protocolos de emergencia. En la Ciudad de Buenos Aires, los hospitales públicos de rehabilitación como el Rocca o el Álvarez ofrecen programas de hidroterapia con derivación del especialista; en la provincia de Buenos Aires, el Hospital San Juan de Dios de La Plata atiende con turno previo de lunes a viernes de 8 a 14. Para el resto del país, la Confederación Argentina de Terapia Física dispone de un padrón de profesionales matriculados en su sitio web, y los centros de kinesiología privados suelen ofrecer sesiones cubiertas total o parcialmente por las obras sociales, según el plan. La recomendación práctica es llamar antes, pedir entrevista de admisión y llevar, si se tiene, la orden médica con el diagnóstico y los objetivos de rehabilitación.

JC
Jimena CruzSociedad y salud

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