Un gigante de 67 metros en pleno corazón chilango: el arco triunfal que se recorre de arriba a abajo
Nacido de un palacio inconcluso de 1910 y reconvertido en monumento a la Revolución Mexicana, el edificio de la Plaza de la República ofrece museo, ascensor panorámico, mirador a 65,7 metros y hasta un descenso a las bases originales. Todo, a un paso del Paseo de la Reforma.

Te cuento cómo llegué: bajé en la estación Revolución de la línea 2 del Metro y, en menos de cinco minutos caminando, ya estaba parado frente a esta mole de acero y cantera que desde 1938 le cambió el destino a un palacio que nunca llegó a ser. El Monumento a la Revolución, en la Plaza de la República de la alcaldía Cuauhtémoc, mide 67 metros de punta a punta: lo suficiente como para colgarse el récord de arco triunfal más alto del mundo. El viaje desde el centro porteño hasta la Ciudad de México ronda las nueve horas en vuelo directo, y dependiendo de la conexión puede estirarse a catorce o más.
Lo que hoy vemos nació como un fracaso. En septiembre de 1910, en pleno arranque de la Revolución Mexicana, se colocó la primera piedra del Palacio Legislativo Federal, un proyecto descomunal con cúpula y cuatro pilares metálicos. La guerra se llevó puesta la plata y en 1912 la obra quedó paralizada. Veintiún años después, entre 1933 y 1938, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia tomó la estructura tal cual estaba y la vistió con estética Art Déco, agregándole los grupos escultóricos que hoy se ven en cada pilar, realizados por Oliverio Martínez, en homenaje a la Independencia, las Leyes de Reforma, las Leyes Agrarias y las Leyes Obreras.
Tres paradas en un mismo edificio
- Museo Nacional de la Revolución: funciona en la planta baja desde 1986, con ocho salas permanentes y una temporal que recorren el período 1857-1920 a través de documentos, fotografías, banderas e insignias de la época.
- Mirador panorámico: se sube en elevador hasta los 65,7 metros de altura, con vista de 360 grados sobre el Centro Histórico, el Paseo de la Reforma y, si el día acompaña, hasta los cerros que custodian el valle de México.
- Cimentación original: desde el museo se puede descender a los sectores donde se levantaban los cimientos del palacio inconcluso, una manera muy concreta de pisarle la historia.
El monumento cumple, además, un rol de mausoleo. En sus criptas descansan los restos de Venustiano Carranza, Francisco I. Madero, Plutarco Elías Calles, Francisco "Pancho" Villa y Lázaro Cárdenas, cinco figuras claves del México que se construyó entre 1910 y 1940.
Datos prácticos para el bolsillo del viajero
La entrada general ronda los 100 pesos mexicanos por persona (unos seis dólares al cambio blue de hoy), mientras que el acceso al mirador se paga aparte y suele costar alrededor de 170 pesos adicionales. La visita completa, incluyendo museo, descenso a la cimentación y ascensor, lleva unas dos horas y media si se toma con calma; si solo se quiere subir al mirador, una hora alcanza. Abre de martes a domingo, de 9 a 18, y cierra los lunes. La dirección es Plaza de la República s/n, a metros del Paseo de la Reforma.
Antes de irme, me crucé con Adriana, que trabaja en un puesto de café a dos cuadras del monumento y lo ve todos los días desde su ventanilla. Me dijo, sin dudarlo: "Si venís una sola vez en la vida, subí al mirador al atardecer. La luz se pone anaranjada sobre la cúpula y parece que el edificio flotara. Es la postal que nadie se olvida".
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