Tres parques, una sola Tanzania: la ruta que une baobabs, cebras y un craters con 25.000 animales
Un recorrido por el norte del país africano combina Tarangire, Serengeti y Ngorongoro con visitas a comunidades hadzabe, datoga y masáis. Entre lodges con vista al lago, campamentos junto al río Mara y un volcán activo, la experiencia se arma con paciencia: la gran migración no tiene día ni horario, y eso, lejos de restar, suma.

Llegué al aeropuerto de Kilimanjaro con la sensación de que Tanzania me esperaba con los brazos abiertos de su sabana. El viaje desde Buenos Aires fue largo: unas veinte horas contando la escala, y ya en tierra africana el calor seco de la pista anticipó lo que venía. Desde ahí, el primer tramo en camioneta hasta el parque Tarangire llevó alrededor de cuatro horas, con el paisaje cambiando de cultivos a acacias y, de a rato, algún elefante cruzando la ruta como si nada.
Tarangire: baobabs, elefantes y un lodge junto al agua
El primer parque fue Tarangire, famoso por sus baobabs y por sus manadas de elefantes. Dormí en un lodge a la orilla del lago Burunge, donde la terraza daba directo a la pajonal y los hipopótamos se adivinaban entre los juncos. El alojamiento costó unos 350 dólares la noche con pensión completa, y durante la salida de safari me prepararon una vianda para almorzar en el vehículo. Esa primera jornada arrancó a las seis de la mañana y se extendió hasta cerca de las seis de la tarde, con paradas para fotografiar cebras, jirafas y una pareja de leopardos escondidos entre las ramas.
El parque tiene tarifas diferenciadas: la entrada ronda los 70 dólares por persona por día, y el vehículo con guía suma otros 150 dólares diarios, siempre con el combustible y el chofer incluidos. Es un número importante, pero cuando ves a un elefano macho pasar a menos de veinte metros, el ticket deja de doler.
Serengeti: la gran migración sin reloj
De Tarangire al Serengeti el viaje lleva unas cinco horas, con un tramo de pista de ripio que se hace eterno si coincide con lluvia. El parque abarca casi 15.000 kilómetros cuadrados y se recorre por zonas: el valle del Seronera, donde la fauna se concentra todo el año, y la zona del río Mara, donde entre julio y octubre se produce el famoso cruce de ñus y cebras. Aquí viene el dato clave para no frustrarse: la migración no tiene horario ni día fijo. Los animales se acercan al río, olfatean, dudan y muchas veces vuelven sobre sus pasos. Hay que armarse de paciencia y quedarse horas mirando el agua, como me dijo en voz baja Joseph, el guía masái que nos acompañó: 'Acá la naturaleza marca el reloj, no nosotros'.
Alojamiento en el Serengeti y un campamento junto al Mara
En la zona central dormí en un lodge del valle del Seronera, con habitaciones de unos 400 dólares la noche, mientras que para la etapa del río Mara elegí un campamento móvil: carpas equipadas con alfombras, lámparas a querosén y hasta una pequeña radio para sintonizar noticias. La tarifa del campamento rondó los 600 dólares por noche, pero incluye todo: comida, baño con ducha caliente y una ubicación privilegiada a metros del agua. Entre los avistajes, además del cruce, me topo con un leopardo echado sobre una acacia y una leona con sus dos cachorros jugando a la sombra de un kopje, las clásicas formaciones rocosas del lugar.
Ngorongoro: bajar al craters con 25.000 animales
El tercer parque fue el Ngorongoro, un craters volcánico de unos 600 metros de profundidad y 19 kilómetros de diámetro. El descenso lleva alrededor de media hora por un camino de cornisa, y abajo el paisaje cambia por completo: verde, agua, flamencos rosados en las márgenes y densas manadas de búfalos. Allí viven unos 25.000 animales grandes, incluidos los rinocerontes negros, que se observan a distancia prudente por seguridad. La entrada al área de conservación cuesta 70 dólares por persona por día, más 200 dólares del vehículo, y la visita se hace en pocas horas: el almuerzo, en este caso, se comió dentro de la camioneta porque los milanos suelen bajar en picada y arrebatar la comida de las manos.
El alojamiento en el Ngorongoro puede ser en lodges sobre el borde del craters, con precios desde 450 dólares la noche, o en campamentos más austeros dentro del área. Si el presupuesto aprieta, dormir en Karatu, el pueblo en las afueras, permite ahorrar algo y tener conexión a internet decente.
Valle del lago Eyasi y lago Natron: las comunidades y el volcán
Fuera de los parques clásicos, el itinerario sumó dos paradas que le dieron otra textura al viaje. En el valle del lago Eyasi visité comunidades hadzabe y datoga: los hadzabe conservan prácticas de caza con arco y recolección, aunque parte de la actividad estaba preparada para los turistas, y los datoga trabajan el hierro con metal recuperado en hornos a cielo abierto. En ambos casos, la entrada a la aldea se paga con unos 50 dólares por persona y el encuentro dura entre dos y tres horas. Después llegó el lago Natron, al pie del volcán activo Ol Doinyo Lengai, con aguas alcalinas y rojizas, depósitos blancos de sal y bandadas de flamencos enanos. Para caminar junto al agua hay que tener un detalle concreto del terreno: el barro es denso y puede retener el calzado, así que conviene llevar zapatillas viejas y mucha agua. El trekking corto hasta la cascada de la zona lleva unas dos horas y exige buen estado físico.
Costos finales y recomendación de un lugareño
En números redondos, el recorrido completo de diez días por el norte de Tanzania, con los tres parques, las comunidades, el lago Natron, alojamientos en lodges y campamentos, vuelos internos y guías en español, arranca en los 6.500 dólares por persona en temporada baja. Si se suma el vuelo internacional desde Buenos Aires, hay que pensar en otros 1.800 dólares más, dependiendo de la escala. La mejor época para ir es entre junio y octubre, cuando la migración está en la zona norte y el clima es más seco. Antes de cerrar la valija, me lo resumió Emanuel, un guía local con quince años en la ruta: 'Tanzania no se apura; si vos venís apurado, te vas a perder lo mejor. Sentate, mirá, y esperá que la sabana te hable'.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Brasil: Destino Predilecto de Argentinos en Invierno - Razonamientos y Costos


A menos de una hora de Buenos Aires: dos escapadas para meter la nariz en la copa
