León XIV, el Papa que se sometió a una cirugía de pulmón: qué se sabe del adenocarcinoma que le detectaron y cómo se evalúa su evolución
El Vaticano confirmó que el Pontífice fue operado en el Policlínico Gemelli de Roma mediante una lobectomía videoasistida. El neurólogo Conrado Estol explicó los alcances del hallazgo y los criterios que definen el pronóstico.

La historia comienza en una habitación del Policlínico Gemelli de Roma, donde esta semana un paciente de 69 años —el Papa León XIV— se levantó de la cama, caminó unos pasos y retomó la alimentación habitual después de una cirugía que se extendió durante aproximadamente noventa minutos. La intervención, una lobectomía del lóbulo inferior derecho realizada por videotoracoscopia, dejó una certeza clínica que el Vaticano difundió con un parte escueto: el tejido extraído correspondía a un adenocarcinoma pulmonar. La noticia atravesó el mundo porque se trata del sumo pontífice, pero también porque abrió un interrogante que cualquier paciente con un diagnóstico similar se formula: ¿qué significa exactamente esa palabra en el papel y qué chances reales hay de que el tumor no vuelva?
Según informó la oficina de prensa de la Santa Sede, la operación se llevó a cabo sin complicaciones y la evolución posoperatoria fue descrita como normal. El paciente realizó kinesioterapia respiratoria y comenzó a caminar dentro de su habitación, siempre acompañado por el equipo médico del Gemelli. Durante el procedimiento, un examen histológico intraoperatorio confirmó la naturaleza maligna del tejido, aunque el diagnóstico definitivo —el que determina el subtipo exacto y eventuales mutaciones— se completará con el estudio microscópico posterior y los análisis genéticos en curso en laboratorios especializados.
Un tumor frecuente entre quienes nunca fumaron
El neurólogo Conrado Estol, consultado sobre el caso, recordó que el adenocarcinoma es el subtipo de cáncer de pulmón más común entre las personas no fumadoras: representa entre el 55 y el 80 por ciento de los casos en ese grupo. Suele localizarse en la periferia del órgano, lo que explica una paradoja habitual: al no obstruir un bronquio principal, pasa mucho tiempo sin dar síntomas visibles, y muchas veces se descubre en estudios realizados por otros motivos. Esa localización periférica es, justamente, la que vuelve accesible al cirujano para una resección limitada.
La decisión de extraer el lóbulo completo —y no solo el nódulo sospechoso— responde a una lógica oncológica precisa, señaló Estol. Una lobectomía busca garantizar márgenes libres de células tumorales y, al mismo tiempo, permite que el patólogo examine en tiempo real los tejidos adyacentes para distinguir entre cáncer, fibrosis o cicatrices. Esa evaluación intraoperatoria es orientativa; la palabra final la tiene siempre el microscopio.
Qué define el pronóstico después de una lobectomía
- El tamaño exacto del nódulo: mientras más chico, mayor suele ser la sobrevida. Un escenario hipotético planteado por Estol, con un nódulo de dos centímetros, ganglios libres y pleura sin compromiso, arroja una sobrevida a cinco años cercana al 99 por ciento.
- El estado de los ganglios linfáticos cercanos: su análisis durante y después de la cirugía es clave para determinar si la enfermedad se extendió.
- El compromiso de la pleura: la invasión de esa membrana que recubre el pulmón cambia el estadio y, con él, las decisiones terapéuticas posteriores.
- El perfil genético del tumor: la detección de mutaciones como EGFR, KRAS, BRAF, HER o MET permite indicar terapias dirigidas por vía oral. La inmunoterapia intravenosa es otra alternativa cuando corresponde.
- El seguimiento oncológico continuo: tanto las terapias dirigidas como la inmunoterapia pueden perder efectividad con el tiempo, por lo que los controles periódicos son parte del tratamiento y no un complemento opcional.
Por ahora, los datos oficiales disponibles son los del parte vaticano: hubo cirugía, hubo adenocarcinoma y la recuperación marcha sin sobresaltos. Los detalles que definirán los próximos pasos —el tamaño del nódulo, el estado ganglionar, el compromiso pleural y el mapa genético del tumor— se conocerán cuando el equipo médico del Gemelli los difunda. Mientras tanto, en Roma, un hombre de 69 años volvió a caminar dentro de una habitación de hospital, y eso, para empezar, es una buena noticia.
A dónde acudir y en qué horario
Para pacientes y familiares que enfrentan un diagnóstico de cáncer de pulmón en la Argentina, el primer paso es consultar con el servicio de oncología o cirugía torácica del hospital público más cercano, donde los equipos interdisciplinarios evalúan cada caso y articulan los estudios genéticos y el tratamiento. En la Ciudad de Buenos Aires, el Hospital María Curie y el Hospital de Clínicas atienden de lunes a viernes de 8 a 14, y el Instituto de Oncología Ángel Roffo, dependiente de la UBA, recibe derivaciones de todo el país de lunes a viernes de 7 a 17 en la calle Sánchez de Bustamante 2569. Para solicitar turnos, la línea oficial del Roffo funciona de 8 a 16 al (011) 4821-6000. En tanto, la Asociación Argentina de Oncología Clínica (AAOC) ofrece orientación gratuita a través de su sitio web y de su línea 0800-444-4000, de lunes a viernes de 9 a 18.
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