Viernes, 25 de septiembre de 2026
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Raíz Salteña

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La ensalada de huevo sin papa que salva cualquier sándwich de oficina

Una receta fría, cremosa y rendidora: lleva mayonesa, mostaza y ese toque ácido de los pepinillos que corta justo. Ideal para untar en tostadas o sumar a una picada con hojas verdes y aceitunas.

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Romina ZerpaTurismo · 25 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Me la pasó una compañera del laburo que vive hace años en un departamento prestado y cocina con dos hornallas y una cuchara de madera. Me dijo: «Hacelo una vez y no dejás más de tenerlo en la heladera». Y tenía razón: esta ensalada de huevo sin papa es de esas preparaciones que resuelven una merienda, un brunch o una cena improvisada sin que nadie tenga que ir a la farmacia por un antiácido.

Qué lleva y cómo se arma

La cocina de esta receta lleva apenas diez minutos de cocción, los que necesitan los huevos para quedar duros. Después hay un reposo de quince minutos en la heladera antes de llevarla a la mesa. Entre una cosa y la otra, contarás con alrededor de media hora para tenerla lista. En plata, sale prácticamente lo que cuestan una docena de huevos y un par de cosas más: estimá entre 1.200 y 1.800 pesos por una buena porción que rinde para cuatro o cinco sándwiches generosos.

  • Para la salsa: las yemas cocidas, mayonesa, vinagre y mostaza.
  • Para la mezcla: las claras cocidas, cebolla morada y pepinillos, todo picado bien chiquito.
  • Para el final: cebollín fresco picado y sal, pimienta o lo que tengas a mano para condimentar.

El paso a paso, sin vueltas

Se ponen los huevos a hervir durante diez minutos. Cuando están listos, se pasan por agua fría, se pelan y se separan las claras de las yemas. Las yemas se pisan con tenedor o, si querés prolijidad, se procesan; se les suma la mayonesa, el vinagre y la mostaza hasta obtener una crema lisa. Mientras tanto, en otro bowl, se pican las claras, la cebolla morada y los pepinillos. Se juntan las dos partes, se agrega el cebollín y se condimenta. A la heladera quince minutos y a comer.

Una de las cosas que más me gusta de esta versión frente a la ensaladilla rusa o la española es el protagonismo total del huevo: no hay papa que tape el sabor ni que empalague la mezcla. El pepinillo en vinagre y la mostaza le dan ese punto ácido que, según me contaba mi compañero Esteban, chef de un bodegón de Once, «es lo que hace que la gente repita, porque corta la grasa de la mayonesa y despierta el paladar». Y la cebolla morada, además del color, aporta un cruñido que se nota en cada mordida.

“A mí me la servían mi abuela en sándwiches de miga los domingos. Ella le ponía un chorrito más de mostaza y nada de cebollín, pero el alma era la misma: huevo, cremoso y con algo que pique suave.”Esteban Mansilla, cocinero de un bodegón de Once

Si te queda resto de la preparación, aguanta dos o tres días en la heladera en un recipiente cerrado. Eso sí: cuando la saques, revolvé un poco antes de untar, porque la mayonesa tiende a apelmazarse con el frío. Lo que sobra, si te animás, podés mezclarlo con un poco de atún en lata y tenés el relleno perfecto para una tapa de noche.

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Romina ZerpaTurismo

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