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Lunes, 5 de octubre de 2026
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Raíz Salteña

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La capillita del lago que los hacheros levantaron con sus propias manos

En la isla Santa Teresita, sobre el lago Lácar, una construcción de madera de 1933 sigue en pie como testigo del trabajo forestal que dio vida a una comunidad entera en San Martín de los Andes.

JC
Jimena CruzSociedad y salud · · 4 min de lectura
La capillita del lago que los hacheros levantaron con sus propias manos

A don Amílcar lo siguen bajando al muelle de San Martín de los Andes cada vez que el tiempo se muestra benévolo sobre el lago Lácar. Tiene 78 años, nació en el paraje Quila Quina y de muy chico escuchó las campanas de la capillita de la isla Santa Teresita, del otro lado del agua, cuando la brisa del oeste las traía hasta la costa. Cuenta que su padre, hachero de la estancia Quechuquina, participó de la obra: juntó madera, cargó tablas y un domingo de enero de 1933 vio levantar la estructura que hoy, noventa años después, se mantiene en pie como una de las postales más queridas del Parque Nacional Lanín.

El dato clave para quien quiera conocer este rincón es que solo se puede llegar por agua, a través de excursiones lacustres en lancha o en embarcaciones autorizadas que zarpan desde San Martín de los Andes. La isla está en la margen norte del lago, al este de la península Quechuquina, separada de ella por un canal angosto de unos 112 metros. No hay embarcadero formal, no hay muelle con baranda, no hay arena donde sentarse: las costas son rocosas y abruptas, y el visitante debe pisar con cuidado sobre las piedras para bajar a tierra.

Un bosque que ocupa casi toda la isla

La isla mide cerca de 250 metros de ancho por 375 de largo, y el bosque nativo cubre aproximadamente el 90 por ciento de su superficie. En la recorrida se cruzan coihues de troncos claros, cipreses de porte alto, maquis de hojas duras y los típicos arrayanes con su corteza rojiza que se desprende en placas. La caminata es corta y tranquila, apta para personas con movilidad razonable, aunque los desniveles del terreno rocoso piden mirar dónde se pisa.

En el centro de ese bosquecito aparece la capilla Santa Teresita, una construcción modesta pero muy cuidada, levantada íntegramente en madera. Su historia está atada a la vida cotidiana de los trabajadores del aserradero de la estancia Quechuquina, que en las primeras décadas del siglo XX funcionaba en la zona y daba trabajo a decenas de familias. Como no había templo cercano, los propios hacheros y sus familias resolvieron levantar el suyo, con aportes de los vecinos y donaciones de los patrones.

  • Los Raguzzi donaron la madera principal de la obra.
  • La familia Van Dorsser asumió la finalización de la construcción.
  • Empleados del aserradero se sumaron como mano de obra voluntaria.
  • Un carpintero municipal colaboró en los detalles finales de la estructura.

Con el paso de los años, la capillita dejó de ser solo el lugar de misa de los hacheros. Allí se celebraron bautismos, casamientos y velorios, y se volvió punto de encuentro de varias generaciones de familias de la zona. Hoy integra además el Camino de la Fe neuquino, un recorrido religioso y turístico que comienza en Ailinco y termina en Villa La Angostura, y que suma paradas en Junín de los Andes, San Martín de los Andes y otros sitios de valor histórico y espiritual.

Cómo organizar la visita

Para quienes estén en San Martín de los Andes y quieran acercarse, la opción más sencilla es contratar una de las excursiones lacustres que ofrecen los operadores locales con permiso del Parque Nacional Lanín. Las salidas suelen hacerse en temporada estival, cuando el clima acompaña, y los horarios se concentran por la mañana y la primera hora de la tarde. Conviene reservar con varios días de anticipación, sobre todo en enero y febrero, porque las embarcaciones tienen cupos limitados y la demanda crece año a año. Por consultas, los interesados pueden acercarse a la intendencia del Parque Nacional Lanín en San Martín de los Andes, en la calle Juez del Valle, de lunes a viernes en horario de oficina, o bien consultar con los prestadores habilitados en el portal oficial del parque.

Don Amílcar, mientras acomoda la bufanda en el muelle antes de subir a la lancha, repite una frase que escuchó toda su vida: "Esa capillita la hicimos nosotros, los hacheros, y mientras haya gente que la visite, va a seguir contando quién fue la gente de este lago". La próxima vez que la campana suene del otro lado del agua, piensa, ya no va a ser para él. Pero le alcanza con saber que otros la van a seguir escuchando.

JC
Jimena CruzSociedad y salud

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