Argentina pica en punta en la carrera regional por los centros de datos para inteligencia artificial
Energía barata, tierra disponible y lejos de las guerras: el país reúne condiciones que lo vuelven competitivo frente a Estados Unidos y Europa, aunque la estabilidad económica y jurídica sigue siendo la gran prueba pendiente para los capitales que miran desde afuera.

Lo escuché decir a un ingeniero entrerriano, mientras esperaba el café en una estación de servicio a la vera de la Ruta 14, casi sin quererlo, como se dicen las cosas que van madurando de a poco en la cabeza de la gente: que Argentina, tantas veces vapuleada por los noticieros del mundo, hoy aparece en los papeles de los inversores más serios del planeta como un lugar donde conviene plantar bandera. Y no por eslogan político ni por marketing oficial: por números concretos, por geografía y por una combinación de factores que, en el lenguaje de los que mueven miles de millones, se traduce en una sola palabra: oportunidad. Eso es lo que empezó a circular con fuerza en los últimos meses en torno a los centros de datos, esas moles de cableado, servidores y refrigeración que se volvieron el corazón silencioso de la inteligencia artificial, y que cada vez más empresas buscan instalar lejos de los mercados saturados del hemisferio norte.
Una ventana que se abre después de años de postergación
Yo vengo siguiendo este tema desde hace rato, y siempre me topaba con la misma queja: Argentina había quedado afuera de la fiesta de los data centers. Sin embargo, en las últimas conversaciones con referentes del sector, el diagnóstico empezó a cambiar, y lo cambió para bien, porque -como decía mi abuela chaqueña, mientras despuntaba el alba entre los quebrachos- no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. En ese sentido se expresó Noelia Miranda, directora de secure power para Argentina, Paraguay y Uruguay de Schneider Electric, cuando señaló que el país quedó bastante rezagado en el mercado de los centros de datos pero que hoy existe la posibilidad real de posicionarse como uno de los hubs más importantes del mundo, un giro discursivo que no es menor viniendo de una compañía que mira el mapa global con lupa.
Miranda enumeró los argumentos que, a su criterio, hacen fértil el terreno argentino: disponibilidad de tierras a precios razonables, un clima que ayuda a la refrigeración natural de los equipos, y una distancia geográfica prudente respecto de las zonas calientes del planeta en materia de conflictos armados, tres condiciones que en el tablero internacional valen oro. Nuestro país es tierra fértil para seguir creciendo en el terreno de los centros de datos, afirmó la ejecutiva, y añadió algo que a mí, como periodista que escucha mucho hablar de inversiones volátiles, me quedó sonando: que la inestabilidad que alejó capitales en el pasado es, paradójicamente, el factor que de revertirse puede volver al país más competitivo que nunca, porque parte de una base de costos más baja que la de sus competidores directos.
Los números que seducen a los inversores
- Energía: el megavatio en Vaca Muerta ronda los 50 dólares, contra los 100 dólares del promedio internacional, una diferencia que en un centro de datos grande puede traducirse en unos 500 millones de dólares anuales, según cálculos de Dreicon.
- Plazos: los proyectos demandan inversiones de hasta mil millones de dólares y maduración de varios años, lo que vuelve imprescindible la previsibilidad jurídica y macroeconómica.
- Tecnología: entre 2025 y 2030, el 60% de los despliegues globales estarán orientados a inteligencia artificial, y el 75% de esas cargas de trabajo requerirá refrigeración líquida, un cambio de paradigma en infraestructura.
- Geografía: la baja densidad poblacional facilita los permisos de construcción y la disponibilidad de grandes extensiones de terreno en pocas manos.
Gerardo Manhard, director de consultoría en energía e infraestructura de Dreicon, puso las cifras sobre la mesa con una claridad que a mí me arrancó un aplauso silencioso, porque traduce lo abstracto en plata contante: estamos hablando de 500 millones de dólares de diferencia en el año poniendo un centro de datos, dijo, y lo dijo como quien explica un negocio de almacenero, porque al final, en el fondo, de eso se trata, de números que entran y números que salen. En la misma línea, Julián Martín Gurgone, arquitecto de centros de datos de Schneider Electric, aportó la foto del futuro inmediato al anticipar que entre 2025 y 2030 el 60% de los despliegues estará orientado a inteligencia artificial y que el 75% de esas cargas demandará refrigeración líquida, un desafío técnico que obliga a planificar con años de anticipación y que, otra vez, favorece a los países con energía abundante y barata.
Proyectos concretos y un anuncio que ya está en marcha
Pero dejame que te cuente lo que más me llamó la atención de todo lo que recogí en estas semanas de charlas, porque a veces uno se queda en el plano de las declaraciones y se olvida de lo que efectivamente se mueve: Jorge Vilariño, representante en Argentina de la empresa polaca Green Capital, confirmó que la baja densidad poblacional del país facilita los permisos de construcción y que la compañía ya anunció un megacentro de datos en Chubut dedicado específicamente a inteligencia artificial, un paso que hasta hace poco parecía ciencia ficción en la Patagonia argentina. Lo escuché de su propia boca, y se lo escuché a un viejo poblador de Gaiman, en un almacén de ramos generales, mientras me servía un vaso de cerveza artesanal: que cuando el mundo se pone peligroso, los que tienen campo, viento y agua terminan siendo los últimos en apagar la vela.
“Nuestro país es tierra fértil para seguir creciendo en el terreno de los centros de datos.”Noelia Miranda, directora de secure power para Argentina, Paraguay y Uruguay de Schneider Electric
Dicho todo esto, y sin ánimo de bajar la espuma, corresponde señalar lo que los propios actores remarcan con insistencia: la oportunidad existe, pero la estabilidad económica y jurídica sigue siendo la condición más exigida por quienes evalúan desembarcar. Argentina tiene hoy en sus manos una ventana que no se abrirá tantas veces, y la diferencia entre aprovecharla o dejarla pasar por la ventana, como diría cualquier paisano de mi pago, dependerá de que las reglas de juego se sostengan en el tiempo, porque las inversiones de esta magnitud no se hacen a la sombra de la improvisación. Por ahora, lo cierto es que el radar internacional está mirando hacia el sur, y eso, para un país que suele estar en los titulares por malas noticias, no es un dato menor. Como me dijo una vez un camionero neuquino, despuntando el alba en un cruce de rutas: mientras haya luz al final del camino, hay camino.
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