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Viernes, 2 de octubre de 2026
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Raíz Salteña

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Una enfermedad silenciosa que ya golpea a doce millones de argentinos y todavía no encuentra respuestas a la altura del problema

Medirse la presión de manera periódica es la única manera de detectar una condición que suele pasar inadvertida y que puede provocar complicaciones cardiovasculares graves. En el país, casi cuatro de cada diez personas con hipertensión lo desconocen, y apenas un 44% de quienes reciben tratamiento logra mantener sus valores bajo control.

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Micaela YapuraComunidades y territorio · · 4 min de lectura
Una enfermedad silenciosa que ya golpea a doce millones de argentinos y todavía no encuentra respuestas a la altura del problema

Quiero arrancar esta nota desde una pregunta que parece simple pero que, cuando uno la piensa con tiempo, se vuelve incómoda: ¿cuándo fue la última vez que me tomé la presión? Porque la realidad es que la hipertensión arterial es una de esas condiciones que avanzan en silencio, sin dar avisos demasiado evidentes en sus primeras etapas, y que cuando se manifiestan suele ser porque el daño ya empezó. Esperar a que aparezca un síntoma es, en los hechos, dejar que el problema se instale sin que nadie lo haya registrado.

El dato de arranque es contundente: el 36,3% de los adultos mayores de 18 años en la Argentina tiene hipertensión, según el Registro Nacional de Hipertensión Arterial. Son cerca de doce millones de personas. Pero hay un segundo número que, como periodista y como vecina de este país, me preocupa todavía más: casi cuatro de cada diez de esos doce millones ni siquiera recibieron un diagnóstico. Es decir, conviven con la presión elevada sin saberlo, toman decisiones cotidianas, comen, trabajan, se esfuerzan, sin contar con un dato básico de su propia salud.

Controlar no es lo mismo que diagnosticar

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Porque el problema no termina cuando alguien llega a la consulta y recibe el diagnóstico. El propio Registro Nacional advierte que, entre quienes ya están bajo tratamiento, apenas alrededor del 44% mantiene los valores controlados. Hay una brecha enorme entre saber que se tiene hipertensión y, efectivamente, tener la presión a raya. Y esa brecha se sostiene en el tiempo, lo que transforma un problema médico individual en una cuestión de salud pública que el sistema argentino todavía no ha resuelto.

  • Medirse la presión de forma periódica, aunque uno se sienta bien, porque la hipertensión puede no dar síntomas durante años.
  • Reducir el consumo de sal y sostener una alimentación equilibrada como parte del cuidado cotidiano.
  • Hacer actividad física de manera regular y atender el estrés crónico, dos factores que pesan sobre los valores de presión.
  • Asumir que el diagnóstico es solo el primer paso: sin controles sostenidos y sin tratamiento adecuado, la condición avanza.
  • Considerar los controles como una herramienta de prevención de infartos y accidentes cerebrovasculares, las complicaciones más graves asociadas.

El problema no es exclusivamente argentino. El segundo informe mundial sobre hipertensión arterial que publicó la Organización Mundial de la Salud en 2025 estima que 1.400 millones de adultos viven con presión elevada en el planeta, y que solo uno de cada cinco la tiene controlada. Cuando uno mira la foto global y la cruza con la foto local, la conclusión es la misma: el mundo sabe que la hipertensión es un factor de riesgo enorme, y aun así no logra instalar los cuidados necesarios como para frenarla.

Lo que está en juego cuando la presión se descontrola

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Quiero detenerme acá, porque a veces los números sobre enfermedades cardiovasculares suenan lejanos hasta que dejan de serlo. Con el tiempo, la hipertensión deteriora las arterias y termina afectando órganos vitales. Las consecuencias más conocidas son los infartos y los accidentes cerebrovasculares, dos eventos que cambian la vida de una familia entera en cuestión de minutos y que, en una proporción muy alta de casos, podrían haberse evitado o al menos anticipado con controles periódicos. Por eso me parece tan importante subrayar lo que dice la evidencia y lo que repite cualquier especialista: medirse la presión es un procedimiento sencillo, no produce dolor y demanda pocos minutos, y su utilidad está justamente en identificar valores elevados antes de que las complicaciones aparezcan.

“La ausencia de malestar no permite saber si los valores están bajo control: para conocerlos, hace falta medirlos. Esa es la síntesis más clara que dejó el informe de la OMS, y también la más incómoda, porque nos obliga a reconocer que muchos de los que creemos estar bien quizá no lo estamos.”Organización Mundial de la Salud, segundo informe mundial sobre hipertensión arterial (2025)

Como periodista de la sección Comunidades y territorio, me toca cerrar esta nota con la pregunta que más me importa y que, en el fondo, es el verdadero reclamo pendiente: si la Argentina sabe desde hace años que más de un tercio de su población adulta vive con hipertensión, si sabe que cuatro de cada diez ni siquiera tiene diagnóstico y que más de la mitad de los tratados no alcanza los valores controlados, ¿por qué los controles periódicos de presión todavía no forman parte de la rutina de cuidado de la mayoría de los argentinos? La respuesta a nivel individual es fácil: basta con un tensiómetro y con incorporarlo a la agenda. La respuesta a nivel colectivo, en cambio, viene esperando hace demasiado tiempo, y cada año que se posterga son miles de infartos y accidentes cerebrovasculares que se vuelven inevitables.

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Micaela YapuraComunidades y territorio

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