Un palacio de 1747 que se banca 278 años y hoy te aloja con copa de vino incluida en Lisboa
El Palácio Ludovice Wine Experience Hotel, en el cruce de Chiado, Bairro Alto y Príncipe Real, ofrece 61 habitaciones, restaurante, spa y una tienda de vinos del Douro y Oporto. Recorrido a pie por los alrededores, con miradores, iglesias centenarias y un cedro gigante.

Salgo del metro en Baixcuatro Chiadó y arranco la subida a pie, con el sol de la tarde pegándome en la nuca. Son apenas diez minutos de escalera hasta el Miradouro de São Pedro de Alcântara, pero la pendiente de Lisboa no perdona a nadie y termino llegando con la lengua afuera. La recompensa aparece en seco: tengo el Palácio Ludovice justo enfrente, con su fachada del siglo XVIII iluminada por el sol de tardecita y, del otro lado de la baranda, la Baixa entera desplegada como un mapa, con el castillo de São Jorge asoma y arriba de todo.
Un palacio con más de dos siglos a cuesta
El edificio lo mandó construir en 1747 João Frederico Ludovice, un orfebre alemán que se reinventó como arquitecto del rey João V y terminó dejando varias obras emblemáticas en Portugal. Antes de ser hotel, la casona funcionó como residencia aristocrática, como consulado y, durante años, como sede del Solar del Vino de Porto, el espacio que el Instituto del Vino de Oporto tiene dentro del palacio. La restauración estuvo a cargo del diseñador Miguel Câncio Martins y se comió más de diez años de obra. En 2022, por fin, abrió las puertas como hotel con 61 habitaciones, restaurante, plancheta y spa.
Lo que más me llamó la atención es la idea del vino como hilo conductor del alojamiento. Cada tarde, los huéspedes reciben en la habitación una copa y algo para picar, algo simple pero que te cambia el humor después de un día caminando por las lomas de Lisboa. El restaurante se llama Federico, en homenaje al fundador, y cocina portuguesa contemporánea con toques franceses, usando los caldos que duermen en la bodega del hotel. Al lado de la recepción funciona una tienda del Instituto dos Vinhos do Douro e do Porto, donde uno puede llevarse una botella sin tener que cruzar el puente 25 de Abril.
El recorrido a pie que conviene
La ubicación es un golazo para moverse sin colectivo. Desde el hotel se puede bajar caminando hasta la Igreja de São Roque, que por fuera parece una iglesia más y por dentro guarda una sorpresa: una de sus capillas fue encargada en Roma por el rey João V y llegó a Lisboa desarmada, pieza por pieza, en barco. Más abajo aparece el Convento do Carmo, cuyas ruinas sin techo siguen mostrando, casi tres siglos después, las marcas del terremoto de 1755 que partió la ciudad en dos.
Si el cuerpo todavía da, se puede seguir por la Rua Dom Pedro V hasta el jardín de Príncipe Real, donde un cedro enorme hace de techo natural y los cafés de la cuadra invitan a sentarse a mirar gente pasar. Para la noche, las calles del Bairro Alto se llenan de bares y tabernas chicas donde el fado se cuela por las puertas abiertas. El paseo incluye subir y bajar lomas, eso sí, pero todo está a distancia de estirar las piernas.
Para quien le planear, uno de los atractivos es que el terremoto de 1755 destruyó buena parte de Lisboa, y este palacio sigue en pie. La Baixa, el sector que se ve desde el mirador, fue rehecha después con calles en cuadrícula, una decisión urbanística que todavía hoy ordena el centro de la ciudad.
Cuánto sale y cuántas horas son
Para llegar desde Ezeiza o Aeroparque, las combinaciones más comunes son con escala en San Pablo, Río de Janeiro o Madrid, y también vía París, Frankfurt o Ámsterdam. El vuelo directo no existe todavía y el viaje ronda las catorce horas con escala, dependiendo de la conexión. Desde Lisboa, una excursión muy recomendada es el palacio-convento de Mafra, otra creación del mismo Ludovice, que está a unos cuarenta minutos en auto y bien vale la jornada completa.
“El hotel está parado donde se cruzan tres barrios que resumen a Lisboa: Chiado, con sus cafeterías históricas, Bairro Alto, con la noche y el fado, y Príncipe Real, con sus jardines. Es raro encontrar un palacio del siglo XVIII funcionando como hotel dedicado al vino, y más raro todavía que haya sobrevivido al terremoto que borró media ciudad.”Mariana, moza del bar de la esquina del Miradouro de São Pedro de Alcântara
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