Sorkin se queda solo al mando: luces y sombras de "El precio de la red" en su desembarco en la cartelera
La secuela de "La red social" reaviva el debate sobre el oficio del guionista cuando se sienta detrás de cámara. La crítica señala un patrón que se repite desde hace una década y media y que esta producción vuelve a confirmar.

Ernesto Aramayo - Vitivinicultura. La nueva película escrita y dirigida por Aaron Sorkin, "El precio de la red", arriba a las salas con la pesada mochila de ser continuación de uno de los títulos más resonantes de la década de 2010, y con la expectativa adicional de cerrar, de una vez, la serie de proyectos que el autor viene intentando empujar desde hace años sin terminar de encontrar su forma definitiva, entre los que se cuentan los ecos de "The Newsroom" y un largo trabajo sobre los hechos del 6 de enero que no logra ver la luz.
El material periodístico consultado por este medio señala que el punto de conflicto no se encuentra en el libreto, sino en quien toma la decisión final desde la silla de director. Sorkin arrastra un historial desparejo en ese rol: "Molly's Game" fue recibida con cierto beneplácito, pero losfilms posteriores confirmaron que sus mejores resultados como guionista llegaron cuando otro realizador se hizo cargo de ponerlos en escena. David Fincher en "La red social", Danny Boyle en "Steve Jobs" y Rob Reiner en "Algunos hombres buenos" supieron encauzar una escritura que, sin esa tensión externa, tiende a desbordarse.
El problema de un autor sin contrapeso
Sin la presencia de un director que discipline el material, "El precio de la red" expone los rasgos más cuestionados de su autor. Se observan secuencias de diálogo extensas que parecen concebidas, ante todo, para sonar convincentes al ser leídas en voz alta. Las escenas de interiores, además, presentan dificultades de iluminación que llaman la atención si se considera que el director de fotografía de esta entrega es el mismo que trabajó en "La red social" original, lo que sugiere que la cuestión no pasa por el equipo técnico sino por las decisiones de puesta en escena del propio Sorkin.
El ritmo de montaje tampoco aporta aire: no se perciben cortes que generen urgencia ni planos que trasciendan lo meramente funcional. La impresión que recoge la crítica especializada es la de un film que, en manos de su propio autor, pierde la energía que otr le imprimían directores de distinto temperamento.
“Sorkin es, según esa línea, un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo.”Personaje interpretado por Bill Burr en "El precio de la red"
El dilema de fondo para el espectador
La pregunta que deja planteada el estreno es si conviene aceptar el control total de Sorkin sobre sus propios textos o si, por el contrario, su escritura se beneficia de la mirada ajena. Para quienes valoran el ingenio verbal y la arquitectura argumental de su obra, la posibilidad de un autor que dirige su propio material resulta atractiva en principio; sin embargo, el conjunto de evidencia que aportan los últimos años inclina la balanza hacia la idea de que el equilibro se consigue con un par externo que decida cuándo el diálogo debe recortarse, cuándo una escena de interior necesita otra clave de luz y cuándo un montaje debe acelerar el pulso.
"El precio de la red" no termina de estar a la altura del antecedente que le da origen, y la discusión que reabre excede al propio film: apunta a un fenómeno más amplio sobre los límites del autor cuando escribe, dirige y, en la práctica, no encuentra quien le diga que no.
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