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Viernes, 9 de octubre de 2026
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Raíz Salteña

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Silver Pines: cuando el pueblo guarda más secretos que la música que le dio nombre

El videojuego indie que cruza survival horror, novela negra y metroidvania propone investigar la desaparición de un músico entre cafés vacíos, túneles oscuros y criaturas que aparecen cuando menos se las espera.

ST
Sergio TolabaFolclore y cultura · · 4 min de lectura
Silver Pines: cuando el pueblo guarda más secretos que la música que le dio nombre

Me escribió Daniela, una lectora de Tucumán que suele acercarse a la redacción con consultas sobre juegos que no son los grandes estrenos de las plataformas: che, Sergio, vi un video de un pueblo chico con un detective y un músico desaparecido, ¿vale la pena meterse? Le dije que sí, y que se sentara, porque el asunto da para largo.

Silver Pines es una producción independiente que se planta como una rareza interesante: toma las reglas del survival horror, las enchufa con la estructura de búsqueda de objetos de un metroidvania y las viste con el traje de una investigación de novela negra. El protagonista es Red Walker, un investigador privado que arriba a un pueblo sombrío siguiendo el rastro de Eddie Velvet, un músico cuya pista se pierde entre cafeterías, tiendas y túneles abandonados. No es un viaje de placer: es un trabajo, y el pueblo parece no querer recibirlo.

Un pueblo para caminar de costado

La cámara se desplaza en dos dimensiones y media, con ese formato 2.5D que ya es marca registrada de cierta escuela de aventuras independientes. Esto significa que Red Walker avanza hacia la derecha o hacia la izquierda, pero el escenario tiene profundidad, capas, fondos que sugieren un pueblo entero más allá de lo que se ve. Y la exploración, acá, no es decorativa: es la mecánica principal.

  • Las primeras puertas cerradas funcionan como promesa: volver.
  • Los objetos se consiguen antes de poder usarlos, lo que obliga a tomar nota mental de cada hallazgo.
  • El dinero sirve para dos cosas muy concretas: guardar la partida y comprar suministros en máquinas expendedoras.
  • Algunas máquinas expendedoras ofrecen llaves, pero a precios que obligan a elegir entre la urgencia del momento y la prudencia del que camina con lo justo.

El sistema de guardado, dicho sea de paso, es de los más honestos que vi en un juego de este corte: no hay guardado automático generoso ni checkpoints cada dos metros. Si querés que el progreso quede registrado, hay que pagar. Esto convierte cada moneda en una decisión y le devuelve al dinero un peso que muchos juegos modernos le vienen sacando.

Volver sobre los propios pasos, que es de eso que se trata

La estructura metroidvania se nota en lo más jugoso: zonas que al principio parecen intransitables se abren más tarde, cuando aparece la llave correcta o cuando una conversación suelta el código que destrababa una cerradura. Un túnel oscuro recorrido al pasar puede convertirse, una hora después, en el camino obligado para llegar a un jefe de zona. El juego pide paciencia, observación y, sobre todo, memoria.

Porque además hay criaturas. Zonas más oscuras del pueblo albergan enemigos cuya presencia eleva la apuesta y combina el miedo con la administración de recursos: la munición no crece en los árboles, y cada disparo es una apuesta a futuro. Los combates son otro motivo para volver a lugares ya visitados, porque muchas veces las áreas que parecían seguras de día esconden lo peor de noche.

Lo que más me enganchó, y se lo dije a Daniela, es cómo la investigación se va revelando de a poco, no por cinemáticas ampulosas sino por esos indicios diseminados por el pueblo. Red Walker no sólo busca a Eddie Velvet: el caso le devuelve pedazos de su propia historia, y esa doble capa narrativa es la que separa a Silver Pines de otros juegos del género que se quedan en el susto fácil.

La pregunta que queda dando vueltas

Antes de cerrar, Daniela me tiró la pelota: y a vos, qué te gusta más de un survival horror con exploración, el terror de lo que aparece de la nada o la satisfacción de entender cómo funciona un pueblo que parecía un galpón cerrado. Me quedé pensando mientras le contestaba que las dos cosas, pero que la satisfacción de volver sobre los propios pasos y descubrir por fin por dónde había que pasar es la que te hace apagar la pantalla a las cuatro de la mañana con una sonrisa de tonto.

Apunte final

Silver Pines no viene a reemplazar a ningún clásico del género, pero se planta como una propuesta honesta, bien hilada y apta para quienes disfruten de los pueblos que se recorren a pie, con libreta en mano y ojo clínico. Para jugadores que quieran algo distinto de las megadistribuciones trimestrales, el pueblo está abierto, las llaves están donde tienen que estar, y Eddie Velvet, por ahora, sigue sin aparecer.

“Te dejo el dato que me llegó desde la Redacción a las seis de la mañana, textual: hoy se juega.”Apunte recibido en la Redacción al cierre de esta edición
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Sergio TolabaFolclore y cultura

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