Sándwiches de miga porteños: la pelea de los triples de jamón y queso, de Las Violetas a La Piedad
Una degustación cara a cara entre cinco confiterías clásicas de Buenos Aires dejó al descubierto que un mismo clásico puede variar hasta un 50% en tamaño por apenas cien pesos de diferencia. Acá, el pulso de la prueba, lo que se paga y lo que realmente se lleva uno a la mesa.

Salgo temprano desde el Once y me tomo el subte hasta la zona de Congreso, porque la primera parada de la recorrida es una de las confiterías más emblemáticas de Buenos Aires. La idea es simple pero tiene su trampa: comparar triples de jamón y queso de cinco casas históricas y ver qué hay detrás de esos precios que, en el papel, parecen casi iguales. Todos se mueven entre los 3.200 y los 3.500 pesos, pero la experiencia al probarlos cuenta otra historia.
El tamaño manda más que el precio
La primera sorpresa aparece ni bien uno apoya los sándwiches en la mesa. El triple de Dos Escudos, que costaba 3.200 pesos, era el más chico del grupo: por su ancho, tenía casi la mitad del tamaño del de La Piedad, que se vendía a 3.300. Cuesta creer que entre uno y otro haya apenas cien pesos de diferencia. Las Violetas, Caren y La Vicente López completan el lote con sus propias versiones del clásico, siempre dentro de ese mismo rango.
- Dos Escudos: triple de jamón y queso a $3.200, el más pequeño de la prueba.
- La Piedad: triple de jamón y queso a $3.300, casi el doble de ancho que el anterior.
- Las Violetas, Caren y La Vicente López: sus triples de jamón y queso se ubicaron entre los $3.200 y $3.500.
- Caren ofreció además un especial de peceto con tomate y huevo a $3.900.
- Dos Escudos presentó un peceto en pan negro con lechuga, tomate y mostaza a $3.600.
- La Vicente López propuso un queso, rúcula y tomate seco a $3.500.
- Las Violetas sumó un especial de atún y queso a $6.800.
- La Piedad incluyó un vitel toné con alcaparras, aunque el precio no figuró en la información disponible.
Qué se miró, además de la plata
La degustación no se quedó en el ticket. La comparación puso el ojo en tres detalles que hacen al sándwich: la textura y la humedad del pan de miga, la cantidad y la distribución del jamón y el queso, y el efecto del untado sobre el conjunto. Los especiales —peceto, atún, vegetales, vitel toné— se probaron por separado y no entraron en la clasificación principal, pero sirven para entender el estilo de cada casa.
La Piedad, por ejemplo, redondea un peceto con tomate y huevo que se va a 3.900 pesos, mientras que Dos Escudos apuesta por una versión en pan negro con lechuga, tomate y un toque de mostaza a 3.600. Son trescientos pesos de diferencia entre dos propuestas que, a simple vista, parecen decirle cosas parecidas al paladar. La Vicente López, fundada en 1905 en la zona norte, tiene su propio pan de miga elaborado en la casa, un dato que pesa cuando se habla de miga húmeda y consistente.
Después de varias paradas, unas dos horas de viaje acumuladas entre subte y caminata, la sensación es que la pulseada por el mejor triple de jamón y queso no se gana en la góndola sino en la mesa. Por eso, antes de elegir, vale la pena mirar el tamaño, preguntar por el pan y pensar qué se quiere comer: si el relleno manda o si el presupuesto aprieta. Cada casa defiende su propia idea del clásico, y eso, al final, es lo que justifica pagar cien pesos más por un sándwich que, a los ojos, parece gemelo del de al lado.
“Cuando me siento a la mesa de Las Violetas, siempre pido el de jamón y queso, pero si quiero algo distinto, voy por el de atún. Es el que más me identifica con la casa, porque el sabor del atún con el queso es inconfundible.”Marta, moza de Las Violetas
Un dato clave: el tiempo y la caminata
Recorrer las cinco confiterías no es un trámite exprés. Entre el viaje desde el centro, las colas de mediodía y la degustación en cada local, la jornada se estira fácilmente tres horas y media, con tramos de hasta cuarenta minutos de caminata entre algunas paradas. Conviene ir con hambre y con tiempo: los sándwiches, al menos en esta prueba, entran mejor cuando todavía hay aire para digerirlos antes de la próxima parada.
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