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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Raíz Salteña

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San Antonio de Areco, más allá del gaucho: el pulso silencioso de sus talleres de autor

A 113 kilómetros de Buenos Aires, el pueblo suma un circuito de plateros, joyeros y diseñadores que trabajan piezas únicas en casas-taller. Cuánto sale el colectivo, dónde dormir y por qué cada vez más visitantes eligen llevar algo hecho a mano en vez de un souvenir.

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Romina ZerpaTurismo · · 4 min de lectura
San Antonio de Areco, más allá del gaucho: el pulso silencioso de sus talleres de autor

Salgo temprano desde Buenos Aires con el plan clásico de cualquier escapada a San Antonio de Areco: mate, camino ripioso y la ilusión de comerme un buen asado. Pero en lugar de la pulpería, esta vez me dedico a patear el pueblo con otra mirada: la de sus talleres. Y lo que encuentro me cambia la idea que tenía. Areco no es solo gauchos, domas y el eco literario de Don Segundo Sombra. Es, también, un ecosistema de oficios manuales que crece en silencio, en casas que funcionan a la vez como vivienda, taller y showroom.

Cómo llegar y cuánto sale

Desde Buenos Aires hay que calcular unas dos horas y media de viaje, dependiendo del tráfico y del estado de la Ruta 8. Los pasajes de micro salen desde unos 14.000 pesos por persona, con varias frecuencias diarias desde Retiro. Para dormir, el pueblo renovó su oferta en los últimos años: hay un hotel cuatro estrellas con habitaciones desde 229.000 pesos la noche, aunque también se consiguen opciones más modestas, cabañas y posadas con encanto, ideales para quedarse un fin de semana completo y tomarse el tiempo de recorrer todo a pie.

Cuatro décadas en el mismo taller

En el corazón del pueblo me espera Juan Patricio Draghi, un platero que lleva más de cuarenta años en el oficio. Su padre abrió una joyería en los años cincuenta y fue sumando la platería a fuerza de aprender. Juan Patricio se subió al banco del taller a los doce años, y hoy uno de sus hijos sigue la saga familiar. Habla despacio, con esa cadencia que tienen los que manejan el martillo desde chicos: "En el mercado uno puede encontrarse con un producto similar al que uno hace. Para un comprador no experimentado puede resultar lo mismo un producto fabricado en India o China, que saca 30 por minuto de una cinta transportadora, y otro que a mí me lleva una semana de trabajo". Para él, la diferencia no es solo de técnica sino de identidad: "Uno quiere tener una identidad a través del producto acabado, que tenga tu impronta".

“La gente, pese al avance de la tecnología, en algún punto va a seguir buscando el detalle, la imperfección, la manito y el alma detrás de las cosas.”María Belén Draghi, joyera de autor

A pocas cuadras, en otro taller con olor a metal y esmalte, trabaja María Belén Draghi, hija del reconocido platero y maestro soguero Raúl Draghi. Ella volvió al pueblo después de años de formarse en la India, Ecuador y otros destinos, y trajo una mirada nueva sobre la joyería de autor, con especialidad en piedras y esmaltes. Es de las que defienden la textura humana de cada pieza: "La plata es el metal más bonito del planeta", me dice mientras me muestra un anillo que todavía tiene la marca del último ajuste manual. Y remata con una idea que se repite en casi todos los talleres que visito: en un mundo de producciones seriales, la mano del artesano se vuelve un lujo cada vez más buscado.

Diseñadores que vinieron de afuera y se quedaron

El circuito se completa con creadores que llegaron desde lejos y eligieron Areco como base. Es el caso de Mica Suide, que se instaló en el pueblo en 2021 y desde entonces trabaja con estampado textil bajo su marca Agave. Viene de pasar temporadas en Japón y cuenta que se enamoró de las prendas gauchescas durante las primeras fiestas de la Tradición a las que asistió. Hoy estampa boinas, pantalones gauchescos y alpargatas, sobre todo en algodón y lino. Mientras me muestra una camisa con un dibujo pintado a mano, me dice una frase que me queda dando vueltas: "Con el tiempo, será cada vez más valioso que te compres una prenda y la veas pintada a mano y hasta con una mancha". Pienso en cuántas veces descarté una prenda por una mancha mínima. Acá, la "mancha" es la prueba de que alguien la pensó, la pintó y la antes de que llegara a mis manos.

A ese mapa de talleres se suma desde hace poco una galería de arte a cielo abierto, con obras de artistas locales y regionales instaladas en fachadas y esquinas del casco histórico. La recorrida completa, entre talleres y galería, se hace tranquilo en un día entero, ideal para combinar con la visita al Parque Criollo, al Museo Güiraldes y a las tradicionales pulperías. La recomendación me la da Marta, la dueña del café de la plaza, que lleva toda la vida en el pueblo: "Vení un sábado, recorré los talleres temprano, sentate a tomar algo en la plaza al mediodía y a la tarde pegate una vuelta por la galería. Así te vas a entender por qué acá la gente se queda, aunque sea un finde". Le hago caso, y la verdad es que tiene razón: Areco se disfruta cuando uno se entrega al ritmo lento que imponen los oficios.

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Romina ZerpaTurismo

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