Rosario Central gritó campeón en medio del incendio: 3-1 a Estudiantes y Supercopa al bolsillo
El Canalla se impuso con un gol de penal de Di María tras una decisión del VAR que estalló todo. Repudiables incidentes entre jugadores y dirigentes del Pincha, silbatina a Herrera en la premiación y un final a pura tensión en Santiago del Estero.

Lo de Santiago del Estero fue una final con todos los condimentos menos los que le gustan al fútbol: goles, emoción y, sobre todo, fair play. Rosario Central se llevó la Supercopa Internacional con un 3-1 sobre Estudiantes que, más allá del resultado deportivo, dejó imágenes que ningún hincha quiere ver: empujones, insultos y hasta un presidente de un club bajando a la cancha a recriminarle al árbitro. Una verdadera lástima.
A los 57, el penal que rompió todo
El segundo tiempo arrancó con la cancha en llamas. A los 57 minutos, Darío Herrera cobró penal por un contacto de González Pirez sobre Enzo Copetti en la entrada del área, intervención del VAR mediante. Ángel Di María tomó la pelota, la puso contra el palo y la mandó a guardar. Gol y desahogo para Central, explosión y bronca para Estudiantes, que sintió que le cobraron la mano y le dieron la espalda.
El Pincha venía reclamando desde rato atrás. Primero, una infracción de Elías Verón contra Adolfo Gaich que pedía segunda amarilla y no llegó. Jorge Almirón sacó a Verón un par de minutos después, cuidando que no se quedara con uno menos. Después, una mano de Ignacio Ovando dentro del área que ni Herrera ni el VAR interpretaron como sanción. Tres pelotas divididas que quedaron picando y que viajan directo al archivo de los pendientes.
La premiación, una película de terror
Lo que pasó en la entrega de medallas fue vergüenza ajena. Cuando Claudio Tapia le entregó la medalla al árbitro Herrera, los jugadores de Estudiantes aplaudieron en forma irónica. Una declaración silenciosa que vale más que mil declaraciones públicas. Y el broche de oro lo puso Juan Sebastián Verón: bajó de la platea a increpar al referí y tuvo que ser separado por la custodia. Eso no lo quiero ver nunca más en una cancha.
El detalle que rescato es que, pese a todo, Verón cumplió. Dijo que sus jugadores bajaran a la premiación y bajaron. A la salida, felicitar a Central por el título. Eso habla bien de un dirigente que en caliente se comió la frustración, pero después entendió que el fútbol sigue. Lo que no le voy a perdonar es la sonrisa burleta desde la platea cuando sancionaron el penal. Eso fue moneda chica para un presidente de la grandeza de Estudiantes.
El que Avellaneda tiemble
Central festeja y suma otra estrella a las vitrinas. Di María levanta el trofeo, el pueblo Canalla duerme tranquilo y, mientras tanto, el próximo rival ya debe estar mirando los videos con bastante preocupación. A Independiente lo espero este domingo. Ya tengo la chicana preparada para el clásico del domingo. ¿Están listos, los del Rojo? Porque en Arroyito hay hambre de otra alegría. Chau, hasta la próxima fecha.
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