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Domingo, 11 de octubre de 2026
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República Dominicana, el Caribe que eligen los argentinos: tres paradas para descubrir más allá del todo incluido

Con un récord de 440.212 visitantes argentinos en 2025 y una proyección que superaría los 500.000 este año, el destino se consolida como el tercero en el mundo para esa plaza. Punta Cana manda, pero Puerto Plata, Juan Dolio y la Santo Domingo colonial pican en punta para quienes quieren algo distinto.

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Romina ZerpaTurismo · · 4 min de lectura
República Dominicana, el Caribe que eligen los argentinos: tres paradas para descubrir más allá del todo incluido

Salí desde Buenos Aires con la mochila liviana y el cuaderno abierto, porque la historia que me había llegado a la mesa de redacción era de esas que invitan a moverse: 440.212 argentinos habían pisado suelo dominicano durante 2025 y la proyección oficial para este año pasaba los 500.000. El dato lo soltaron en la Feria de Turismo de Buenos Aires, donde República Dominicana llegó como país invitado, y lo confirmó el ministro David Collado: somos el tercer origen de visitantes para esa plaza, solo detrás de Estados Unidos y Canadá, con una estadía promedio de nueve noches y una mayoría que repite. Algo de eso explica por qué cada vez más agencias, líneas aéreas y operadores miran con lupa el mercado local.

El vuelo directo desde Ezeiza a Punta Cana ronda las nueve horas y los pasajes en temporada baja arrancan cerca de los 800 dólares ida y vuelta si se reservan con anticipación; en julio o en las vacaciones de invierno el precio se duplica sin escalas. Para llegar a Santo Domingo hay conexiones con escala en Panamá, Bogotá o San Pablo, que pueden sumar entre doce y quince horas de viaje total y mover el boleto entre 900 y 1.400 dólares según la fecha. Desde la capital, moverme hacia Juan Dolio me llevó unos cuarenta minutos por la autopista que bordea el Caribe, mientras que Puerto Plata queda a unas dos horas y media por tierra desde el aeropuerto de Punta Cana, aunque también se puede volar directo desde Buenos Aires con escalas en Panamá o Bogotá, con tiempos totales de entre diez y catorce horas.

Más allá del resort: tres paradas para estirar el viaje

  • Puerto Plata, sobre la costa atlántica, con playas organizadas, teleférico que sube a la Loma Isabel de Torres y un malecón con restaurantes de mariscos a precios mucho más amables que en Punta Cana. Una cena con pescado fresco y ron Brugal puede salir entre 25 y 40 dólares por persona.
  • Juan Dolio, a unos cincuenta kilómetros de Santo Domingo, con aguas calmas, arenas claras y un perfil más familiar. Es ideal para una base tranquila de tres o cuatro noches y mover desde allí hacia la capital.
  • Santo Domingo y su Zona Colonial, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1990, donde se concentran la Catedral Primada de América, la primera calle pavimentada del continente y el Alcázar de Colón. Recorrerla a pie con guía cuesta entre 15 y 25 dólares; solo y con mapa, sale gratis.

En la capital me pasé dos tardes caminando entre paredes del siglo XVI. La Catedral Primada, terminada en 1540, sigue convocando fieles y turistas; la Calle Las Damas, que debe su nombre a las damas de la corte de María de Toledo, esposa de Diego Colón, es una de esas rarezas que uno cruza y entiende por qué la Unesco la puso bajo su paraguas. A pocos pasos están la Fortaleza Ozama, la construcción defensiva europea más antigua de América, y el Panteón de la Patria, que originalmente fue templo jesuita y hoy guarda los restos de los próceres dominicanos. Mucha fachada está cubierta por andamiajes: el gobierno está empujando un plan de restauración que incluye iglesias, museos y casas de los barrios San Antón y Santa Bárbara, donde reabrirán espacios convertidos en centros culturales.

La mesa es otro capítulo aparte. El merengue suena en cualquier esquina, el mofongo (plátano verde machacado con chicharrón) y el sancocho (un guiso de siete carnes) son las dos puntas de la cocina criolla, y los tours por fábricas de ron Brugal o Barceló suman entre 25 y 50 dólares con degustación incluida. La mamajuana, que es esa mezcla de ron, vino tinto, miel y raíces que se deja macerar en una botella de barro, se prueba en bares especializados del centro y en colmados de barrio donde la cuenta difícilmente supera los 10 dólares.

Antes de armar la próxima nota consulté a Maribel, guía dominicana con la que recorrí la Zona Colonial: ella me lo resumió con una frase que me quedó dando vueltas. Si te dan a elegir entre playa e historia, andá a Santo Domingo y de ahí bajá al Caribe. El orden importa, porque cuando volvés al mar ya entendés por qué esta isla peleó durante tantos años por ser lo que es.

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Romina ZerpaTurismo

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