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Opciones cotidianas para aliviar el estreñimiento: por qué la avena y el yogur griego pueden ser aliados, aunque con funciones distintas

La fibra del cereal modifica la consistencia y el volumen de la materia fecal, mientras que el lácteo puede sumar cultivos vivos. Especialistas consultados coinciden en que ambos se complementan, pero subrayan que el cambio debe ser gradual y que la consulta médica es clave cuando los síntomas se sostienen en el tiempo.

JC
Jimena CruzSociedad y salud · · 4 min de lectura
Opciones cotidianas para aliviar el estreñimiento: por qué la avena y el yogur griego pueden ser aliados, aunque con funciones distintas

En una cocina cualquiera de un pueblo chico del interior bonaerense, Marta se sirve todas las mañanas un bowl con avena remojada y una cucharada generosa de yogur griego. Lleva años peleando con el tránsito intestinal y, después de probar de todo, encontró en esa combinación una rutina que la ayuda a sentirse más liviana. Como ella, miles de personas en la Argentina conviven con la incomodidad del estreñimiento y buscan en la alimentación cotidiana una primera respuesta antes de recurrir a la farmacia.

Para mejorar la regularidad intestinal, la fibra de la avena cumple una función que el yogur griego no reemplaza: modificar la consistencia y el volumen de las heces. Así lo explica la dietista Kileigh Job, quien la recomienda de manera específica para favorecer las evacuaciones. El yogur estilo griego, en tanto, puede sumar un aporte distinto: contiene microorganismos que colaboran con el equilibrio de la microbiota, un ecosistema que la ciencia reconoce cada vez más como pieza clave de la digestión.

Cuánta fibra conviene sumar y por qué hay que ir de a poco

Antes de lanzarse a llenar el carrito del supermercado con paquetes de avena, vale la pena revisar las cifras. El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos, una referencia habitual en la literatura médica internacional, recomienda que los adultos consuman entre 22 y 34 gramos de fibra por día, según la edad y el sexo. Para acercarse a esa meta, la entidad sugiere sumar distintos alimentos de forma gradual y, sobre todo, acompañarlos con buena cantidad de líquidos.

La advertencia no es un detalle menor. La Organización Mundial de Gastroenterología señala que aumentar la fibra de golpe, sin darle tiempo al cuerpo a adaptarse, puede provocar gases, distensión abdominal y cólicos. Por eso, la avena puede formar parte de una alimentación variada, pero conviene no convertirla en la única fuente de este nutriente: legumbres, frutas, verduras y cereales integrales también tienen su lugar.

Cómo actúan la fibra y el yogur en el intestino

El efecto de la avena se explica por dos componentes que suelen pasar desapercibidos. La nutricionista Laney Miller describe que la fibra insoluble contribuye a dar volumen a las heces, mientras que la fibra soluble forma un gel que puede facilitar su paso por el colon. Entre las solubles se destaca el betaglucano, una sustancia que además sirve de alimento para los microorganismos intestinales. La nutricionista Gabrielle Palmeri agrega que, cuando esas bacterias procesan el betaglucano, generan compuestos que favorecen el entorno del colon.

El yogur fermentado, por su parte, puede contener bacterias beneficiosas que, según Palmeri, contribuyen al equilibrio de la microbiota, vinculada tanto con la digestión como con la regularidad. Miller propone combinar ambos alimentos en un mismo desayuno o merienda, aprovechando los aportes de fibra, proteínas y cultivos vivos, siempre dentro de una rutina que incluya hidratación y algo de actividad física.

Cuándo conviene consultar y a dónde recurrir

También es importante saber hasta dónde llega el autocuidado. El instituto estadounidense enumera señales de alarma que no conviene desatender: evacuar menos de tres veces por semana, presentar heces secas o sentir dolor al expulsarlas son manifestaciones posibles del estreñimiento. Cuando las medidas cotidianas no mejoran los síntomas, la recomendación es consultar a un profesional de la salud, ya sea un médico clínico, un gastroenterólogo o un nutricionista, para evaluar las causas y evitar que el cuadro se cronifique. La presencia de sangrado rectal o sangre en las heces requiere atención inmediata y debe ser motivo de consulta urgente en una guardia o con el especialista de cabecera.

En la Argentina, una primera puerta de entrada son los centros de atención primaria de la salud (CAPS), que funcionan en los municipios y atienden de lunes a viernes, en general de 8 a 17, según la jurisdicción. Para quienes tienen cobertura de obra social o prepaga, el primer paso suele ser pedir un turno con el médico de cabecera, que puede derivar al especialista. También existen servicios de guardia en hospitales públicos las 24 horas, una opción clave ante síntomas agudos como dolor abdominal intenso, vómitos reiterados o sangrado.

La historia de Marta, como tantas otras, muestra que a veces las soluciones más simples están en la alacena. Pero detrás de cada bowl con avena y yogur hay un recordatorio que los especialistas repiten hasta el cansancio: ningún alimento reemplaza la consulta médica cuando el cuerpo da señales de que algo no anda bien.

JC
Jimena CruzSociedad y salud

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