La vuelta a La Vega: cuando una familia neuquina transformó en propuesta turística la cabalgata que el abuelo hacía con sus hijos
En las afueras de Caviahue, los Garrafa reabrieron una tradición de generaciones y la convirtieron en una experiencia habilitada por la Provincia, donde el bienestar del caballo es la condición de partida. Recorridos entre volcanes, cascadas y merienda casera en el Alto Neuquén.

El camino hasta Caviahue ya merece la pena solo por el paisaje. Desde Neuquén capital son unas cinco horas y media de ruta, con el paisaje cambiando a cada tramo: primero la estepa, después el monte y, ya en el último tramo, la cordillera que se va cerrando alrededor del viajero. Cuando uno llega a La Vega, en la entrada del pueblo, todavía no hay tacos ni sombreros a la vista. Lo primero que aparece es el sonido de los caballos y una familia que ya está trabajando desde temprano.
Lo que hoy es una propuesta turística formal arrancó como algo mucho más íntimo: una tradición familiar. El abuelo de los Garrafa organizaba cabalgatas en este mismo paraje cuando sus hijos eran chicos. Con el tiempo dejó la actividad, pero la relación con los animales y con el lugar siguió intacta. Fueron sus propios nietos los que, ya crecidos, lo convencieron de volver, y entonces la historia volvió a empezar.
Antes de montar, hay que conocer al caballo
Durante los primeros seis o siete años nadie pensó en turistas. La familia volvió a La Vega para que los chicos pudieran estar cerca de los animales y del espacio. Recién hace poco más de un año la idea tomó forma concreta y se inscribió en el registro oficial de prestadores turísticos de la Provincia del Neuquén, lo que dio el marco de seguridad necesario para abrirse al público.
La experiencia arranca antes de subir al caballo. Los visitantes se acercan al animal, aprenden a alimentarlo, lo cepillan y reciben información básica sobre su comportamiento. Para María René Garrafa, que lidera el proyecto junto a su pareja Marcos y sus tres hijos, ese primer paso es innegociable.
“No queremos que el caballo sea visto solamente como un medio para recorrer un sendero. Queremos enseñar a conocerlo, respetarlo y entenderlo.”María René Garrafa
Después sí, a ensillar. El recorrido se mete en el paisaje más representativo de Caviahue: volcanes, montañas, cascadas y senderos donde el clima puede dar vuelta la página en cuestión de horas. Por eso la actividad es apta para casi todo público, aunque conviene llevar ropa de abrigo de más y consultar el pronóstico antes de salir.
La actividad cierra con una merienda casera. No es un detalle decorativo: es la manera que eligió la familia para estirar la experiencia y que el día no termine cuando uno se baja del caballo. La idea, según cuentan ellos mismos, es que el visitante se vaya sintiéndose parte del lugar y no simplemente habiendo pasado por él.
Los planes para los próximos meses incluyen ampliar el espacio, mejorar los accesos y construir una caballeriza nueva. El objetivo de fondo, ya casi un proyecto de vida, es sostener esta actividad el tiempo suficiente como para que sean los nietos de hoy los que, mañana, la sigan llevando adelante en La Vega.
Una recomendación antes de irse, palabra más, palabra menos, de la gente del lugar: si uno va hasta Caviahue solo por los baños termales o por la nieve del volcán Copahue, vale la pena detenerse un día en La Vega. No hace falta ser jinete ni tener experiencia previa. Llega cualquier persona con curiosidad, con ropa cómoda y con ganas de escuchar el ritmo de una familia que sigue eligiendo vivir a caballo.
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