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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Raíz Salteña

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La promesa de vivir más en una cápsula: lo que dice la ciencia y lo que todavía no pudo probar

El negocio de los suplementos de longevidad creció al ritmo de estudios en células y en ratones, pero los ensayos clínicos en personas siguen sin avalar la mayoría de las promesas. Mientras tanto, la evidencia más firme del mundo para sumar años sigue siendo la más antigua: moverse, comer bien, dormir y no estar solo.

JC
Jimena CruzSociedad y salud · · 4 min de lectura
La promesa de vivir más en una cápsula: lo que dice la ciencia y lo que todavía no pudo probar

A sus 62 años, Celia vive en un paraje de las sierras de Córdoba y arrastra desde hace tiempo el mismo comentario de sus amigas: “he probado las cápsulas de NMN que se viralizaron en redes, pero me cansé de gastar en algo que no sé si me hace bien”. Como Celia, miles de argentinos consultan cada año por suplementos que prometen “más años de vida”, empujados por publicaciones en redes sociales, publicidades en plataformas de streaming y recomendaciones de conocidos que, casi siempre, repiten argumentos de marketing que la medicina todavía no pudo confirmar.

El mercado global de suplementos asociados a la longevidad mueve hoy miles de millones de dólares y buena parte de ese dinero se apoya en una molécula llamada NAD+, una coenzima presente en todas las células del cuerpo, clave para producir energía y reparar el daño en el ADN. Con los años, los niveles de NAD+ caen de manera natural y, en estudios de laboratorio y en animales de experimentación, aumentar su disponibilidad mejoró algunos parámetros metabólicos. A partir de esos hallazgos nació una oferta de precursores como el NMN y la nicotinamida ribósido, que en los estantes se presentan como una inversión directa en más años de vida.

De la célula al humano: el salto que falta

El problema, explican los investigadores, es el trecho entre lo que se observa en una placa de Petri o en un ratón y lo que se promete en un envase. Los ensayos clínicos en personas confirman que estos precursores elevan los niveles de NAD+ en los análisis de sangre, pero todavía no acumularon evidencia suficiente como para afirmar que ese aumento se traduzca en menos enfermedades, en un mejor funcionamiento de los órganos o en una vida más larga. Que una cifra suba en un laboratorio no equivale, por ahora, a vivir más.

Vitaminas y minerales bajo la lupa

La misma lógica se repite con nutrientes mucho más conocidos. El estudio SELECT, con más de 35.000 participantes, midió si el selenio podía prevenir el cáncer de próstata y la respuesta fue negativa; además, quienes recibieron vitamina E en ese ensayo presentaron mayor riesgo de desarrollar la enfermedad durante el seguimiento. En paralelo, el ensayo VITAL, que reunió a cerca de 25.000 personas, no halló que la vitamina D ni el omega-3 redujeran los casos de cáncer ni los eventos cardiovasculares en adultos que no tenían déficit previo. Estos resultados no invalidan a esos nutrientes: cuando existe una carencia real, corregirla tiene impacto concreto, como sucede con la vitamina B12 o la vitamina D en adultos mayores, cuya suplementación mejora la calidad de vida. La diferencia, insisten los especialistas, está en medir primero y suplementar después, y no al revés.

Lo que sí muestra evidencia sólida

  • Actividad física regular, con ejercicios de fuerza incluidos.
  • Alimentación equilibrada, con proteínas suficientes.
  • Buen descanso y hábitos de sueño sostenidos.
  • No fumar y reducir el consumo de alcohol.
  • Vínculos sociales y redes de afecto, un factor protector cada vez más estudiado.

La ciencia médica trabaja en tres escalones bien definidos: lo que ocurre dentro de una célula, lo que se observa en animales y lo que demuestran los ensayos clínicos en miles de personas. Casi toda la oferta comercial de suplementos se apoya en los primeros dos y se presenta como si hubiera pasado el tercero. Un hallazgo real pero acotado se convierte, en el viaje hasta la góndola, en una promesa que nadie demostró todavía en la clínica.

Para quienes quieran asesorarse antes de empezar o de abandonar un suplemento, la recomendación de los profesionales es sencilla y concreta: pedir un turno con el médico de cabecera o con un especialista en clínica médica o en nutrición, llevar los análisis de sangre recientes y preguntar si existe algún déficit real que justifique la indicación. En centros de salud públicos y en hospitales de todo el país, los servicios de clínica médica atienden de lunes a viernes, en general entre las 8 y las 16 horas, y en los CAPS de la provincia de Buenos Aires la consulta por alimentación saludable suele coordinarse en los mismos horarios. Antes de tomar una cápsula, conviene hacerse el chequeo más antiguo de la medicina: una conversa con el profesional que conoce la historia clínica de cada uno.

JC
Jimena CruzSociedad y salud

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