La previa con estómago: dónde comer a pocas cuadras del Movistar Arena sin perderse el show
Una recorrida por la oferta gastronómica de Villa Crespo en noches de recital: hamburguesas al paso, pizzas para compartir, empanadas recién fritas y un ojo de bife para quienes prefieren sentarse a mesa larga. Precios, direcciones y horarios actualizados para organizar la salida.

Salgo desde la estación de tren y ya siento el murmullo que va bajando por la calle Corrientes. Son esas noches en las que el Movistar Arena se llena de gente y la pregunta inevitable aparece antes de cruzar la puerta: ¿dónde carajo comemos? Llevo años covering recitales por la zona y la respuesta siempre es la misma: la cuadra se vuelve un menú a cielo abierto, con opciones para todos los bolsillos y para todos los ánimos. Algunos quieren comer parado y rápido, otros prefieren sentarse y armar una mesa compartida. La buena noticia es que, en pocas manzanas, conviven las dos cosas.
Para tener una referencia concreta: desde el Obelisco hasta el estadio hay unos seis kilómetros, y la oferta se concentra entre Corrientes, Humboldt, Loyola y las calles paralelas. El viaje en auto, dependiendo del tránsito, puede demandar entre veinte y cuarenta minutos un día de semana, y bastante más los días de recital. La recomendación clásica es llegar con tiempo, comer temprano y, después del show, buscar un lugar que atienda hasta tarde.
Lo que entra en el bolsillo y se come en la mano
- Mr Tasty, Corrientes 6042: hamburguesa clásica con papas a 11.300 pesos y balde para cuatro personas a 22.900 pesos.
- Austin’s, Darwin 1111, a unas ocho cuadras del Arena: Smoke Special simple a 16.500 pesos y doble a 21.400 pesos; las papas aparte, 3.500 pesos.
- Sanguchito, Corrientes 6026: sándwich de cerdo de cocción lenta en pan francés de treinta centímetros, con nachos, a 23.900 pesos.
Si la idea es picar algo rápido antes de entrar, cualquiera de los tres funciona. El balde de Mr Tasty es furor entre los que van en grupo y quieren resolver la cena con una sola orden. El de Austin’s tiene un público más adepto al sabor ahumado, y el pan de Sanguchito es de esos que obligan a tomar mucho líquido porque es imposible comerlo en silencio.
Mesas largas, porciones para compartir y algo de mar
Cuando el plan es sentarse y estirar la previa, la oferta cambia de registro. En Humboldt 502, Los Bohemios trabaja con el formato bodegón porteño actualizado: milanesa con muzzarella, morrones asados y panceta a 52.000 pesos, rabas a 26.000 y un flan casero a 5.500. Es un lugar cómodo para ir en grupo, pedir varias cosas al centro y armar una sobremesa larga. Para las noches de recital, según me contaron, suelen extender el horario de atención, aunque sin un número exacto publicado.
A dos cuadras, en Loyola 1184, Garito Loyola se inclina por la pizza a la piedra. La mozzarella sale 25.000 pesos, la versión con provolone y panceta llega a 35.000, y la fainá clásica se consigue por 4.000. Si el hambre es moderada, una pizza entera y una fainá compartida alcanza para dos o tres personas sin pasar sobresaltos.
Para los que prefieren pescado o mariscos, Bar Mercedes (Bonpland 928) ofrece rabas a 18.000 pesos y langostinos con fumet, manteca y chipotle a 19.000. La carta cambia según lo que haya en el mercado, algo que conviene tener en cuenta antes de ir. A media cuadra, Condarco (Dorrego 901) suma pesca curada a 19.000 y ceviche con torta frita a 20.000, y además despacha empanadas fritas: las de carne a 17.000 el par y las de queso a 15.000. Este local atiende hasta la una de la mañana, lo que lo vuelve una opción sólida para la vuelta del show.
Para quienes quieren sentarse a comer en serio
Si la salida es excusa para una cena con mantel largo, Asadero (Fitz Roy 1041) tiene un ojo de bife de 500 gramos a 70.000 pesos y acepta reservas por Woki. Es el extremo más alto de la franja de precios de esta recorrida, pero también el que mejor cierra una noche especial. El resto de los lugares mencionados se mueve entre los 11.000 y los 52.000 pesos por plato principal, lo que permite armar una estrategia mixta: algunos piden al paso, otros se sientan, y al final todos terminan en la misma fila para entrar al Arena.
“Cuando hay recital, siempre sumo a Los Bohemios en la recorrida. Es de los pocos bodegones de la zona que se banca extender el servicio y que la milanesa llegue entera a la mesa. Para mí, es la mejor opción para cerrar la noche.”Mariano, mozo de la zona
Antes de armar la salida, hay un dato práctico que ahorra disgustos: la mayoría de estos locales no toma reservas para grupos grandes los días de show, y la calle se llena rápido. Conviene llegar antes de las veinte, comer sin apuro y caminar las pocas cuadras que separan cualquier restaurante del Movistar Arena con tiempo de sobra. Después, con el estómago lleno y el oído todavía zumbando, la noche se disfruta de otra manera.
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