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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Raíz Salteña

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La historia del chico que recuperó la esperanza de ser padre después de la quimioterapia más agresiva

Un joven de 19 años se convirtió en el primer paciente del Reino Unido en recibir un trasplante de su propio tejido testicular, conservado durante tres años. El procedimiento, experimental y desarrollado por un equipo escocés, podría abrir un camino nuevo para quienes pierden fertilidad por tratamientos oncológicos.

JC
Jimena CruzSociedad y salud · · 3 min de lectura
La historia del chico que recuperó la esperanza de ser padre después de la quimioterapia más agresiva

Soy Jimena Cruz, y lo que les voy a contar empieza con un nombre que no puedo revelar, un chico de diecinueve años al que por ahora llamaremos sólo paciente, y un procedimiento que por primera vez en el Reino Unido vuelve a unir la biología con la posibilidad de ser padre. En algún lugar de Edimburgo, un equipo médico decidió reimplantar en su propio cuerpo un fragmento de tejido testicular que él mismo había donado y congelado tres años antes, cuando todavía era un adolescente de dieciséis, con el único objetivo de preservar algo tan elemental como su fertilidad futura frente a una quimioterapia que sabían que podía arrebatársela para siempre.

El dato oficial, que llega de la mano del NHS Lothian y de la Universidad de Edimburgo, es el siguiente: el trasplante se realizó en agosto de 2026 y el paciente, que no produce espermatozoides desde que recibió el tratamiento de alta intensidad para un trastorno sanguíneo grave, aceptó ser parte de un ensayo clínico que busca determinar si las células madre conservadas pueden volver a activarse una vez devueltas al testículo. Los médicos comprobarán los primeros resultados dentro de ocho meses, cuando retiren una pequeña porción del tejido reimplantado para analizar si hubo, efectivamente, producción de espermatozoides.

La decisión de guardar un pedazo de futuro a los dieciséis

El joven había guardado la muestra en 2023, justo antes de someterse a un trasplante de médula ósea que requería una quimioterapia de dosis tan elevadas que los propios médicos le advirtieron que su fertilidad quedaría dañada de forma irreversible. Tres años después, los análisis confirmaron que su organismo ya no producía espermatozoides, y allí se abrió la puerta del ensayo: reimplantar parte del tejido que él mismo había preservado, en el mismo cuerpo del que salió, con la esperanza de que las células madre espermatogoniales, esas precursoras que desde la pubertad dan origen a los espermatozoides, pudieran retomar su trabajo como si nada hubiera pasado.

“Siempre quise tener hijos propios, pero empecé a aceptar que quizá no sería posible. Este procedimiento me dio una esperanza real para el futuro.”El paciente, cuya identidad se mantiene en reserva

Qué miran los médicos y por qué todavía no hay certezas

  • Si aparecen espermatozoides en el tejido reimplantado, algo que se analizará a los ocho meses del procedimiento.
  • Si esos espermatozoides son aptos para ser utilizados en técnicas de reproducción asistida.
  • Que el tejido reimplantado esté libre de virus, y para pacientes con antecedentes oncológicos se exige además descartar células cancerosas mediante histología, inmunohistoquímica y marcadores moleculares.
  • Que el procedimiento pueda repetirse en otros pacientes con resultados consistentes, según advirtió Rod Mitchell, profesor de endocrinología del desarrollo de la Universidad de Edimburgo y responsable del equipo.

Hay, eso sí, un antecedente que ilusiona sin prometer. Un equipo belga logró hace poco que un hombre de veintisiete años, cuyo tejido había sido congelado cuando tenía diez, produjera espermatozoides maduros luego de que se reimplantaran los fragmentos dieciséis años después. Hasta ahora no se comunicó ninguna fecundación ni un nacimiento a partir de ese material, lo que deja a la técnica en un estado experimental que exige prudencia a los médicos y a los pacientes. En Argentina, la Ley 26.862 incorporó al Programa Médico Obligatorio los procedimientos de reproducción asistida y la preservación de gametos o tejidos reproductivos, lo que permite pensar que, si la técnica avanza, podría discutirse su inclusión en los protocolos locales. La historia de este chico, mientras tanto, queda como un mojón: la de alguien que a los dieciséis decidió guardar un pedazo de sí mismo para el día de mañana, y que a los diecinueve vio cómo la medicina intentaba devolvérselo.

JC
Jimena CruzSociedad y salud

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