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Viernes, 9 de octubre de 2026
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Raíz Salteña

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"La chica de la aguja": la película que convierte un caso criminal danés en un retrato de la maternidad sin recursos

El filme de Magnus von Horn, estrenado en 2024 y rodado en blanco y negro, reconstruye un hecho real ocurrido en la Copenhague de posguerra y lo cruza con el drama social de las mujeres que debían resolver su embarazo en la más absoluta precariedad.

EA
Ernesto AramayoVitivinicultura · · 4 min de lectura
"La chica de la aguja": la película que convierte un caso criminal danés en un retrato de la maternidad sin recursos

El estreno de "La chica de la aguja", el cuarto largometraje del director sueco-polaco Magnus von Horn, colocó en la cartelera internacional un episodio poco conocido de la historia policial europea: una serie de crímenes vinculada a la adopción ilegal de bebés en la Dinamarca de la inmediata posguerra. La película, producida en 2024 y rodada íntegramente en blanco y negro, fue seleccionada para competir por la Palma de Oro en el Festival de Cannes de ese mismo año, donde obtuvo una recepción dividida entre la admiración por su propuesta visual y el estupor que provoca su trama.

Una ciudad en ruinas y una protagonista sin salida

La acción se sitúa en Copenhague hacia 1919, cuando la capital danesa todavía cargaba las consecuencias sociales y económicas de la Primera Guerra Mundial: desempleo, racionamientos y una marcada distancia entre las clases acomodadas y los sectores populares. En ese escenario aparece Karoline, una joven trabajadora que oculta su embarazo mientras intenta sostener su empleo en un taller de costura y mantener, al mismo tiempo, una relación clandestina con el hijo del dueño de la fábrica. La dirección la presenta sin idealizaciones: la película muestra los pasillos húmedos del conventillo donde vive, el cansancio físico de las jornadas extensas y la falta de redes familiares que puedan sostenerla.

Karoline encuentra una aparente salida cuando Dagmar, una mujer mayor que dice encargarse de encontrar familias dispuestas a recibir bebés de madres que no pueden criarlos, le ofrece hacerse cargo de su hijo. Trine Dyrholm compone a Dagmar como una figura de enorme presencia, dueña de una dulzura calculada y de una casa siempre limpia y perfumada, donde la cámara se detiene con insistencia. El vínculo entre ambas sostiene la primera mitad del relato: para Karoline, esa mujer representa una alternativa frente a un futuro que percibe como cerrado.

Un caso real detrás de la ficción

El material de base recuerda que la película "parte de un caso criminal que ocurrió en esa ciudad" y que su abordaje "combina el drama con el suspenso". En los hechos, la historia remite a la figura de Dagmar Overbye, una mujer de clase media baja de Copenhague que entre 1913 y 1920 asesinó, según distintas estimaciones, a entre veinte y cien recién nacidos que le habían sido entregados por madres en situación de vulnerabilidad para que gestionara su adopción. Overbye fue juzgada en 1921, condenada a prisión perpetua y declarada insana; murió en 1929 en un hospital psiquiátrico. Von Horn toma ese expediente y lo reconstruye sin reconstruirlo literalmente: modifica nombres, condensa temporalidades y, sobre todo, desplaza el foco desde el expediente judicial hacia la experiencia de las madres que, sin saberlo, entregaron a sus hijos.

Esa decisión narrativa explica el ritmo elegido. La información se dosifica: la sospecha sobre Dagmar se instala de manera gradual a partir de indicios visuales (ropas dobladas con demasiada prolijidad, conversaciones que la cámara corta antes de tiempo) más que de explicaciones explícitas. Cuando la revelación llega, no lo hace mediante un giro espectacular, sino mediante una escena de enorme sequedad que reordena todo lo visto hasta ese momento y deja al espectador en una incomodidad difícil de sacudirse.

  • Rodada íntegramente en blanco y negro, con una fotografía de haute contraste que acentúa la opacidad de la Copenhague de posguerra.
  • Protagonizada por Vic Carmen Sonne como Karoline y Trine Dyrholm como Dagmar, dos interpretaciones sostenidas casi sin música.
  • Seleccionada para competir por la Palma de Oro en Cannes 2024, donde la crítica destacó su arriesgada propuesta formal y su incomodidad temática.
  • Basada en hechos reales: el caso de Dagmar Overbye, juzgada en Copenhague en 1921 por una serie de asesinatos vinculados a adopciones ilegales.

Maternidad, clase y falta de opciones

Más allá del suspense, la película instala una pregunta que excede al caso concreto: qué margen real de elección tiene una mujer cuando le faltan recursos, contención y derechos. En la Copenhague que reconstruye von Horn, las madres solteras podían perder el empleo, el alojamiento y el acceso a cualquier tipo de asistencia social; el aborto era ilegal y se pagaba con cárcel. En ese contexto, la figura de Dagmar no aparece como un monstruo aislado, sino como la consecuencia de un sistema que empujaba a las mujeres más pobres a entregar a sus hijos en manos de desconocidas a cambio de promesas vagas.

Esa dimensión social es la que distingue a "La chica de la aguja" de otras reconstrucciones de crímenes reales. Von Horn elige no mostrar los asesinatos: las muertes quedan fuera de campo, sugeridas por la elipsis y por la reacción contenida de sus personajes. Lo que la cámara privilegia es el recorrido de Karoline, su manera de caminar por la ciudad, de cruzar las calles y de entrar y salir de las casas, como si la película midiera la distancia entre la promesa de una solución y el lugar donde esa solución finalmente desemboca. En esa medida, el filme se lee también como una reflexión sobre las maternidades atravesadas por las que, en cada época, cargan con los costos de las decisiones que la sociedad les obliga a tomar.

EA
Ernesto AramayoVitivinicultura

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