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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Raíz Salteña

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Espírito Santo, el corazón verde y dorado que se cuela entre Río y Bahía

A una hora de vuelo desde Buenos Aires, con escala en Río o San Pablo, el estado brasileño regala costas calmas, una roca que cambia de color con la luz del sol y una gastronomía con identidad propia que vale la pena probar.

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Romina ZerpaTurismo · · 3 min de lectura
Espírito Santo, el corazón verde y dorado que se cuela entre Río y Bahía

Les cuento cómo llegué hasta acá. Me subí a un vuelo con destino a Río de Janeiro y, tras unas pocas horas sobre el Atlántico, tomé una conexión de menos de una hora hasta Vitória, la capital de Espírito Santo. Desde San Pablo, la escala es apenas un poco más larga. Eso lo convierte en un destino accesible para cualquier argentino con ganas de escaparse unos días. Les digo los números: aproximadamente 45 minutos desde Río y poco más de una hora desde San Pablo. Si son de los que prefieren manejar, desde Río hay unas ocho horas por la ruta costera, con el mar como compañía de viaje.

Espírito Santo ocupa la región Sudeste de Brasil y hace de límite entre tres gigantes: Bahía, Minas Gerais y Río de Janeiro. Esa ubicación le regaló un poco de cada uno: la tranquilidad de ciertas costas bahianas, la frescura de las montañas mineiras y la cercanía cosmopolita de Río. La capital es Vitória, pero la que realmente concentra la movida playera es Vila Velha, la ciudad vecina, con playas amplias, oleaje moderado y, créanme, sin la masividad de otros puntos del litoral brasileño.

Una roca que cambia de color con el sol

A una hora de la zona metropolitana el paisaje se transforma de manera brusca. Las sierras aparecen con temperatura más fresca y una geografía completamente distinta. La estrella es la Pedra Azul, una formación rocosa que varía de color a lo largo del día: verde, azul intenso y hasta naranja según la posición del sol. El fenómeno es óptico y depende pura y exclusivamente de la luz, así que cada visita termina siendo una experiencia distinta. Es de esos lugares a los que uno vuelve y nunca los ve iguales.

La región serrana suma lavandas, haciendas cafetaleras y productores de quesos, embutidos artesanales y palmitos frescos. El agroturismo está súper consolidado: se pueden hacer recorridos con degustación y comprar directo al productor, sin intermediarios ni embalajes.

La gastronomía capixaba y su moqueca con identidad

Ahora bien, hablemos de comida, que es donde Espírito Santo realmente se luce. La gastronomía capixaba tiene sello propio y el plato central es la moqueca capixaba. ¿La diferencia con la versión bahiana? No lleva aceite de palma ni leche de coco. Según me contó Rafael Granvilla Oliveira, gerente de Promoción y Marketing Turístico del estado, se trata de una preparación ligera y saludable a base de pescado, tomates, cebollas y hierbas naturales, cocinada en cazuela de barro.

“Es una preparación ligera y saludable, a base de pescado, tomates, cebollas y hierbas naturales, cocinada en cazuela de barro.”Rafael Granvilla Oliveira, gerente de Promoción y Marketing Turístico de Espírito Santo

Lo que hay que tener en cuenta antes de viajar

  • Vuelo desde Argentina: conexión vía Río de Janeiro (unos 45 minutos a Vitória) o San Pablo (algo más de una hora).
  • Quien prefiera ruta terrestre desde Río: unas 8 horas por la costa.
  • Idioma: portugués, aunque en zonas turísticas suele haber gente que se maneja en español.
  • Moneda: real brasileño, aunque en muchos lugares aceptan tarjeta.
  • Mejor época: entre abril y septiembre, cuando llueve menos y las playas están más tranquilas.
  • Imperdible: la Pedra Azul al atardecer, para ver el cambio de color.
  • Gastronomía: probar la moqueca capixaba en algún restaurante frente al mar.

Antes de cerrar les dejo la sugerencia que más me sirvió, la de Don Carlos, un productor de café de la zona de Venda Nova do Imigrante que conocí en una de las haciendas: Vengan con tiempo, dedíquenle al menos una semana, porque Espírito Santo no es solo playa. La roca, el café y la mesa se merecen sus propias jornadas, me dijo mientras servía una tacita de café arábigo que, les juro, todavía recuerdo.

RZ
Romina ZerpaTurismo

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