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Miércoles, 14 de octubre de 2026
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Raíz Salteña

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El termómetro social que mira la mesa de los argentinos: 7,9% de desempleo y 32,3% de pobreza en un país que, sin embargo, se anima a confiar un poco más

El INDEC registró 1,73 millones de desocupados y 15,5 millones de personas por debajo de la línea de pobreza en el primer semestre, mientras la confianza del consumidor repuntó un 2,4% en septiembre, aunque la decisión de compra de bienes durables volvió a caer.

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Ernesto AramayoVitivinicultura · · 3 min de lectura
El termómetro social que mira la mesa de los argentinos: 7,9% de desempleo y 32,3% de pobreza en un país que, sin embargo, se anima a confiar un poco más

La economía argentina atraviesa uno de esos momentos en los que los números oficiales cuentan una historia y la calle parece contar otra, apenas matizada. Según los datos difundidos por el INDEC, la tasa de desocupación alcanzó el 7,9% en el segundo trimestre de 2026, un registro que dejó a 1,73 millones de personas sin trabajo en todo el país. La cifra, una de las más observadas por las familias a la hora de medir el propio bienestar, se dio a conocer en un escenario ya golpeado por un retroceso de la actividad: el Estimador Mensual de la Actividad Económica mostró una caída mensual del 2,9% y una baja interanual del 1,4% en julio, lo que encendió alarmas sobre el rumbo del empleo en los meses siguientes.

El cuadro se completa con otro dato sensible: la pobreza saltó al 32,3% en el primer semestre del año, lo que representa 15,5 millones de argentinos por debajo de la línea de pobreza. El incremento fue de 4,1 puntos porcentuales respecto al segundo semestre de 2025, cuando el indicador se ubicaba en 28,2%. Para dimensionar la magnitud del salto, basta con reparar en que, en apenas seis meses, el país pasó de discutir ajustes finos a discutir cómo llega fin de mes un tercio de su población.

Una confianza que sube, pero no en todos lados

En ese contexto, el Índice de Confianza del Consumidor que elabora la Universidad Torcuato Di Tella sorprendió con un repunte del 2,4% en septiembre, hasta alcanzar los 41,2 puntos y cortar dos meses consecutivos de caídas. En la comparación interanual, la suba fue del 3,4%. Sin embargo, la mejora no se distribuyó de manera homogénea: mientras en el interior del país la confianza creció un 5,23% y en el Gran Buenos Aires un 3,33%, en la Ciudad de Buenos Aires retrocedió un 6,78%.

  • Hogares de menores ingresos: la confianza se disparó 12,33%, impulsada por mejoras en asignaciones y en el empleo informal.
  • Hogares de mayores ingresos: la confianza cayó 4,07%, afectados por el ajuste de tarifas.
  • Predisposición a comprar bienes durables: retrocedió 3,4% en septiembre, en un contexto de tasas de interés altas y poder adquisitivo debilitado.
  • Clima de incertidumbre digital de la UCA: llegó a 63,4 puntos, el máximo del año, con el trabajo como principal preocupación (20,7% de las menciones), seguido por la inflación (18%).

La paradoja queda así planteada: un país donde casi un tercio de la población es pobre y donde el desempleo roza el 8% muestra, sin embargo, una señal tibia de optimismo en la confianza del consumidor, alimentada sobre todo por los sectores más vulnerables que recibieron algún tipo de alivio en las transferencias. Pero cuando se pasa del ánimo a la billetera, la predisposición a comprar heladeras, televisores y otros electrodomésticos volvió a caer, en línea con tasas de interés que siguen altas y un poder de compra que no termina de recomponerse. El pulso social, como tantas veces en la historia económica argentina, se mueve entre la necesidad de sobrevivir el mes y la expectativa, siempre frágil, de que lo peor ya pasó.

EA
Ernesto AramayoVitivinicultura

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