El Rompido: un rincón de Huelva donde el mar se sirve en plato y las dunas se cruzan en ferry
El pueblo pesquero de Cartaya invita a probar coquinas y guisos marineros, caminar por el paseo marítimo y embarcarse hacia la Flecha, una franja arenosa en movimiento frente a la costa.

El camino hacia El Rompido lo hago con la expectativa de quien sabe que en la costa de Huelva lo gastronómico y lo paisajístico suelen ir de la mano. El pueblo pertenece al municipio de Cartaya y se gana su fama a fuerza de coquinas, pescados recién sacados de la lonja y guisos del día que aparecen en las cartas de los locales de playa y de los restaurantes del centro. La cocina de acá no se entiende sin la mar que tiene enfrente: lo que llega al puerto termina, casi sin escalas, en la mesa.
Dos faros que cuentan la historia del lugar
Después de comer, salgo a caminar por el paseo marítimo y termino subiendo hasta el sector de los faros, uno al lado del otro, como dos generaciones distintas vigilando el mismo horizonte. El más viejo data del siglo XIX y es, según me cuentan, el primero de Huelva por antigüedad. El otro es mucho más reciente: se levantó en 1976 y se eleva treinta y un metros sobre el terreno. Desde arriba se ve el pueblo completo, la línea de costa y el comienzo de ese paisaje que después me va a tocar cruzar.
La Flecha del Rompido: dunas que se mueven con el viento
Para llegar a la Flecha hay que tomar el ferry que parte desde la playa urbana. Del otro lado del canal, que tiene unos trescientos metros de ancho, se extiende esta franja arenosa que cambia año tras año. Crece alrededor de cuarenta metros por año, empujada por los sedimentos que arrastra el río Piedras, por la acción de las mareas y por los vientos del suroeste. La caminata por ahí la playa suma diez kilómetros si se la recorre entera. El lugar forma parte del Paraje Natural Marismas del Río Piedras y Flecha del Rompido, un espacio protegido que se extiende también por el municipio vecino de Lepe.
- Garzetas comunes
- Gaviotas reidoras
- Ánades rabudos
- Patos colorados
- Espátulas
A lo largo del paraje hay miradores desde los que se pueden ver garcetas comunes, gaviotas reidoras, ánades rabudos, patos colorados y espátulas, entre otras aves acuáticas que se mueven por canales, dunas y esteros. El entorno lo completan los pinares que rodean la localidad, otra excusa para caminar más allá del casco del pueblo.
Mi recomendación, si se puede elegir, es escaparle al verano. En esa época El Rompido recibe la mayor cantidad de turistas y el ritmo se acelera. Durante el otoño el lugar se relaja, los locales tienen más tiempo para conversar y la caminata por la Flecha se disfruta sin apretujarse entre sombrillas. Para llegar desde la ciudad de Huelva hay que tomar la A-49 en dirección a la costa y luego desviar hacia Cartaya; el viaje ronda la hora y media, dependiendo del tráfico, y el ferry hacia la Flecha se paga aparte en el momento de embarcar. Los restaurantes del pueblo suelen tener precios accesibles para una cocina de mar, con las coquinas como plato estrella y los guisos del día como segunda vuelta obligada.
Antes de irme me cruzo con Manolo, un lugareño que trabaja en uno de los locales del paseo marítimo. Le pregunto qué no me puedo perder y me lo dice sin dudar: “Vení a la mañana, caminá por la Flecha temprano y después sentate a probar las coquinas. El resto del día se acomoda solo”. Si alguien conoce el lugar, es él.
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