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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El norte manda: cuando el calor empuja a los turistas y el mapa de Europa se da vuelta

El verano de 2026 fue el tercero más cálido en la historia del continente y empujó a muchos viajeros a repensar el destino. Escocia, Noruega, Islandia y Suecia aprovecharon la ola, pero empiezan a pagar el precio con su propia infraestructura.

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Romina ZerpaTurismo · · 4 min de lectura
El norte manda: cuando el calor empuja a los turistas y el mapa de Europa se da vuelta

Me crucé con este dato camino a la redacción y no lo pude soltar: el verano de 2026 fue el tercero más caluroso jamás registrado en Europa y el más caliente que se haya medido para Europa occidental. La media del continente llegó a 21,7°C, 2,5°C por encima del promedio histórico de 1991 a 2020, y superó incluso la marca de 2003, el verano que todos recordamos con sensación térmica infernal.

Según el Servicio de Cambio Climático de Copernicus y el Servicio de Gestión de Emergencias de Copernicus, el 52% del territorio europeo soportó condiciones de estrés térmico muy fuerte, esa categoría en la que la temperatura percibida alcanza o pasa los 38°C y deja de ser un tema de confort para volverse un riesgo serio para la salud. La persistencia fue peor que el pico: entre mayo y septiembre hubo 17 días en los que al menos el 60% de Europa occidental superó los 30°C. En 2003 fueron 11 jornadas así y en 2025 apenas siete.

Hacia el norte, todo lo que el sur ya no da

Frente a ese panorama, una porción de los turistas empezó a mover sus planes hacia los llamados destinos frescos o coolcations. La Comisión Europea de Viajes reportó un aumento del 10% en visitantes a Europa del Norte entre abril y junio de 2026 comparado con el mismo tramo de 2025. La región incluye Dinamarca, Finlandia, Islandia, Irlanda, Noruega, Suecia y el Reino Unido.

Escocia se llevó una buena parte de esa torta: las reservas aéreas a sus destinos crecieron 15% en un período de seis semanas que terminó a mediados de julio, frente al mismo lapso de 2025. En paralelo, las reservas hacia Londres cayeron durante la misma temporada. Una agencia de viajes detectó, además, un salto del 74% en búsquedas de destinos frescos respecto al año anterior. Noruega, por su parte, registró un alza del 3,2% en noches reservadas por turistas extranjeros en hoteles entre mayo y julio de 2026 contra igual período de 2025.

Cuando el abrazo se vuelve apretón

El flujo extra, claro, no llegó gratis. En las Tierras Altas de Escocia, el 32% de los residentes consideró en 2025 que el turismo ejercía demasiada presión sobre su zona; en las islas Orcadas esa proporción trepó al 48%, contra apenas un 8% para el conjunto del país. Edimburgo respondió con una tasa turística del 5% sobre las primeras cinco noches de alojamiento, con el objetivo de financiar infraestructura y vivienda. Noruega también avanzó en el mismo sentido y habilitó un impuesto de hasta el 3% sobre el alojamiento.

  • Cómo llegar y cuánto sale, a grandes rasgos: un vuelo desde Buenos Aires a Londres ronda las 14 a 16 horas con escala y los tickets arrancan, en temporada baja, cerca de los 1.000 dólares; desde ahí, un vuelo a Edimburgo agrega unas dos horas y otros 100 a 200 dólares.
  • Hacia Oslo, el esquema es parecido: unas 14 o 15 horas con escala y tarifas que arrancan en el rango de los 1.100 a 1.300 dólares.
  • A Reikiavik, en Islandia, se llega con escala en unos 16 a 18 horas y boletos que suelen moverse entre 1.200 y 1.500 dólares, según la fecha.
  • El alojamiento en esas capitales promedia los 150 a 220 dólares la noche en hoteles tres estrellas, con Edimburgo y Reikiavik bastante más caros en julio y agosto.
  • La conexión interna entre capitales del norte funciona por vuelos cortos de una a dos horas, con tarifas que van de 80 a 180 dólares el tramo.

Lo que viene, según los propios norteños

Antes de cerrar, hablé con Anna, una guía escocesa de las Tierras Altas que trabaja con grupos pequeños: me dijo, casi en off, que la temporada que se viene les genera entusiasmo y miedo al mismo tiempo. "Necesitamos a los turistas para sostener el trabajo local, pero cuando los caminos se llenan de vans y los pueblos chicos no dan abasto, algo se rompe", resumió. Me dio una recomendación que vale más que cualquier folleto: si uno va a Escocia, salir de Edimburgo y moverse por las Tierras Altas en tren y a pie, en vez de sumarse a circuitos cerrados, es la manera de cuidar el lugar y, al mismo tiempo, llevarse la mejor versión de la experiencia.

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Romina ZerpaTurismo

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