El músculo recuerda: la huella invisible que queda cuando dejamos de entrenar
Un estudio de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign muestra que músculos e hígado conservan señales del ejercicio anterior, lo que explica por qué el cuerpo no parte de cero al retomar la rutina después de semanas o meses de pausa.

A Graciela le pasó siempre lo mismo. Vecina del paraje Las Tres Cruces, en el partido de Mercedes, tenía la costumbre de caminar todos los días alrededor de la plaza central, hasta que una operación de cadera la dejó en reposo durante casi cinco meses. Cuando el médico le dio el alta y volvió a calzarse las zapatillas, sintió que las piernas no le respondían como antes. La primera caminata duró apenas diez minutos y al día siguiente le dolió todo el cuerpo. Sin embargo, al cabo de dos semanas, algo inesperado ocurrió: empezó a recuperar el ritmo con menos esfuerzo del que imaginaba. Graciela no lo sabía, pero su organismo guardaba una especie de libreta invisible con los entrenamientos de años anteriores.
Esa intuición cotidiana es la que ahora empiezan a describir con precisión los investigadores Diego Hernandez-Saavedra y Yi-Heng Huang, de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, en Estados Unidos. El dato oficial aparece en dos trabajos complementarios publicados en 2025 en American Journal of Physiology-Cell Physiology y en 2026 en Molecular Metabolism, donde el equipo mostró que los músculos esqueléticos y el hígado conservan una memoria celular del ejercicio físico, incluso después de períodos prolongados de inactividad.
Qué ocurre cuando se vuelve a entrenar
Los investigadores trabajaron con ratones entrenados durante entre cuatro y ocho semanas, los dejaron luego un tiempo sin actividad y, más tarde, los sometieron a un programa de reentrenamiento. Al comparar la respuesta de los músculos con la de animales que nunca habían hecho ejercicio, observaron diferencias concretas: los ratones con historia previa desarrollaron fibras musculares más grandes y aprovecharon mejor la energía disponible durante el esfuerzo. Esa ventaja metabólica se mantuvo aun en el período en que los animales permanecieron sin moverse, lo que sugiere que algunas adaptaciones del músculo no se borran con la pausa, sino que quedan latentes.
El hígado, además, también registra lo que el cuerpo vivió. En el segundo estudio, los autores detectaron una mayor presencia de unas enzimas llamadas carboxilesterasas hepáticas, tanto en los ratones como en personas que habían retomado el entrenamiento tras un tiempo sin actividad. Estas enzimas descomponen las grasas que circulan en la sangre para que el músculo pueda usarlas como combustible, de modo que la coordinación energética entre hígado y músculo se vuelve más eficiente al volver a moverse.
- Fibras musculares más grandes al reentrenar en comparación con personas sin experiencia previa.
- Mayor aprovechamiento de la energía disponible durante el esfuerzo físico.
- Persistencia de esa ventaja metabólica durante las semanas de inactividad.
- Mayor cantidad de carboxilesterasas en el hígado, que mejoran el uso de grasas como combustible.
- Coordinación más eficiente entre hígado y músculo al retomar la actividad.
Qué dice la ciencia sobre la memoria celular
El concepto de memoria celular no es nuevo en biología. El sistema nervioso archiva recuerdos a través de sus conexiones, y el sistema inmunitario reconoce agentes con los que ya se topó, por eso las vacunas funcionan. Lo que el equipo de Illinois suma a esa lista es que también las células musculares, las hepáticas, las de la piel y las del tejido adiposo parecen conservar registros de experiencias pasadas. Los autores aclaran, no obstante, que todavía no se sabe con precisión cuánto tiempo dura esa información ni a través de qué mecanismo exacto se preserva dentro de las células.
Lo que sí se pierde (y por qué conviene moverse igual)
La memoria existe, pero la pausa también pasa factura. Tras varias semanas sin actividad caen la fuerza, la capacidad cardiovascular y la respuesta del organismo a la insulina, lo que aumenta el riesgo de problemas metabólicos. Por eso, los investigadores remarcan que el hallazgo no reemplaza de ningún modo la recomendación clásica de moverse con regularidad: solamente explica por qué quien retoma la rutina después de una interrupción no parte exactamente desde cero.
Para Graciela, la traducción práctica fue simple. Volvió a la plaza de Las Tres Cruces a las dos semanas de la primera caminata, pero esta vez entendió algo que no había considerado: el cuerpo, aunque se haya quedado quieto un tiempo, lleva un registro silencioso de cada paso dado. Esa huella, dicen los papers, no es magia ni voluntad: es biología, y es la razón por la que empezar de nuevo suele ser menos difícil de lo que parece.
A dónde acudir y en qué horario
Para quienes estén pensando en retomar la actividad física tras una pausa por motivos de salud, el Ministerio de Salud de la Nación recomienda consultar con un médico clínico o un deportólogo antes de empezar. En la Ciudad de Buenos Aires, los centros de salud del primer nivel de atención y los hospitales públicos cuentan con servicios de medicina del deporte que reciben sin turno previo de lunes a viernes, de 8 a 14, y algunos amplían la atención hasta las 17. En la provincia de Buenos Aires, los hospitales provinciales y los centros de atención primaria ofrecen orientación gratuita en los mismos horarios. También se puede llamar al 148, línea gratuita del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, para consultar por el centro más cercano al barrio o paraje donde se vive.
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