Dormir mal y vivir con migraña: la pista que abrió un cuestionario en Polonia
Un estudio de la Universidad Médica de Wrocław detectó problemas de sueño en más del 64 por ciento de las personas con migraña y los relacionó con más días de dolor y peor calidad de vida, aunque no pudo probar qué causa qué.

A las tres de la mañana, en un departamento chico de Barracas, Laura Romero se levanta por tercera vez con la misma sensación de siempre: un latido sordo detrás del ojo izquierdo que no la deja volver a dormirse. Desde que empezó con las migrañas, hace más de diez años, cuenta las noches en las que logra descansar de corrido como quien cuenta las buenas cosechas. Su historia se repite, con distintos nombres y barrios, en el mapa que acaba de dibujar un equipo de la Universidad Médica de Wrocław, en Polonia.
El trabajo, difundido en publicaciones especializadas y recogido por medios internacionales, reunió a 5.311 adultos, entre ellos 1.523 con migraña y 1.213 que no habían tenido cefaleas en los últimos doce meses. El dato central es elocuente: el 64,1 por ciento de quienes viven con migraña presentó un descanso deficiente, frente al 38,7 por ciento de quienes no registran dolores de cabeza. La diferencia se sostuvo incluso al considerar la edad, el género y la situación laboral de los participantes.
Lo que midieron y lo que no pudieron afirmar
Para evaluar el sueño, los investigadores usaron el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh, una herramienta que contempla la duración del descanso, los despertares nocturnos y la somnolencia diurna, entre otros aspectos. Un valor por encima de cinco puntos ya señala mala calidad. La mediana fue de siete entre quienes padecían migraña y de cinco entre quienes no tenían cefaleas. Los autores propusieron, a partir de ese cuadro, incorporar la evaluación del descanso en la atención clínica de la enfermedad.
El propio estudio aclara un punto clave: no demuestra que dormir mal provoque migraña ni que mejorar el sueño reduzca los ataques. Se trata de un relevamiento con cuestionarios respondidos en un único momento, sin seguimiento posterior ni mediciones objetivas del descanso. Por eso, los resultados hablan de asociaciones, no de causalidad. Dentro del grupo con migraña, las dificultades para dormir se vincularon con más jornadas de cefalea al mes, mayores limitaciones y niveles más altos de estrés o ansiedad.
Qué encontraron al cruzar las variables
- Más días de dolor al mes entre quienes reportaron peor descanso.
- Mayor interferencia de la migraña en actividades cotidianas y laborales.
- Niveles más altos de estrés y ansiedad asociados a un sueño deficiente.
- Un deterioro marcado en la calidad de vida: menor satisfacción y más obstáculos para desarrollar tareas habituales.
- Una inclinación levemente mayor hacia actividades nocturnas en el grupo con migraña, aunque con relación débil con la frecuencia del dolor.
La asociación más robusta fue con la calidad de vida: quienes descansaban peor también reportaron mayor impacto de la enfermedad en su día a día. Para los autores, el mensaje es que mirar solamente el dolor deja afuera una parte importante del cuadro.
A dónde acudir y en qué horario
En Buenos Aires, quienes viven con migrañas pueden acercarse a los hospitales públicos con servicio de neurología, como el Hospital Italiano, el Hospital de Clínicas José de San Martín o el Hospital Ramos Mejía, donde funcionan consultorios especializados en cefaleas. La mayoría atiende de lunes a viernes, entre las 8 y las 16, con turno previo. También existen grupos de pacientes y líneas de orientación, como la que ofrece la Asociación Argentina de Cefaleas, donde orientar la consulta y despejar dudas sin moverse de casa.
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