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Martes, 13 de octubre de 2026
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Raíz Salteña

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Después de medio siglo de prohibiciones y tijeretazos, "Los demonios" vuelve a las salas como Russell la soñó

La película de Ken Russell sobre los juicios de brujería en Loudun llega a España con los 89 segundos que la censura británica le arrancó en 1971, restaurada en 4K y en la versión de 114 minutos que el director inglés dio por terminada recién en 2004.

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Sergio TolabaFolclore y cultura · · 4 min de lectura
Después de medio siglo de prohibiciones y tijeretazos, "Los demonios" vuelve a las salas como Russell la soñó

Una señora mayor se me acercó en la puerta del cine y me dijo, con esa media sonrisa que gastamos los que ya peinamos canas: "Yo vi esta película cuando era joven y me voló la cabeza, pero nunca la pude ver entera. ¿Ahora sí?" Le confirmé que sí, que por primera vez en más de cinco décadas Los demonios, la obra maestra maldita de Ken Russell, llega a las salas españolas completa, tal como su director la concibió, con sus 114 minutos intactos, restaurada en 4K y a partir del 16 de octubre en cartel. Y la verdad, mientras le contestaba, sentí que le estaba devolviendo una pequeña deuda con la historia del cine.

Una historia real que sigue ardiendo

La película toma como punto de partida un episodio que parece sacado de una pesadilla del siglo XVII, pero que ocurrió de verdad: en el convento de las ursulinas de Loudun, un pueblo de Francia, varias monjas denunciaron estar poseídas por el demonio. Acusaron al sacerdote Urbain Grandier de haberlas embrujado. Lo condenaron por hechicería y lo quemaron vivo en la plaza. Décadas después, Aldous Huxley, el autor de Un mundo feliz, se obsesionó con el caso y lo transformó en la novela Los demonios de Loudun, que terminó siendo la base del guion de Russell. Y aquí viene el primer giro que vuelve a este filme una rareza: el propio Russell describió la película como su única obra política, no como un filme de terror religioso. "Para mí, trataba sobre el lavado de cerebro, sobre la toma del poder por parte del Estado", dijo el director inglés, fallecido en 2011. La quema de brujas de Loudun, para él, era apenas una excusa para hablar de cómo se fabrica un enemigo cuando al poder le conviene.

Los 89 segundos que la censura le arrancó al corazón

Lo que nunca se había contado con tanto detalle es la peripecia casi detectivesca que permitió recuperar los fragmentos perdidos. El crítico cinematográfico Mark Kermode, que conoció personalmente a Russell y mantuvo con él largas conversaciones sobre el filme, fue quien se empecinó en encontrar el metraje que faltaba. Rastreó archivos durante años con ayuda de la filial británica de Warner Bros y de un grupo de archivistas independientes. Y un día lo halló: estaba en un rollo catalogado con el anodino nombre de "C Cut 89". Eran exactamente 89 segundos, los mismos que la Agencia Británica de Clasificación de Películas había ordenado cortar en 1971 para que la película pudiera estrenarse en el Reino Unido. Con ese material, Russell pudo por fin armar la versión que siempre quiso: 114 minutos, proyectada una sola vez en el BFI Southbank de Londres, en una función que se volvió de culto. "Estas alteraciones le rompieron el corazón a Ken Russell porque el material eliminado no solo contenía parte de su mejor trabajo, sino que también encapsulaba el corazón temático de la película", señaló Kermode. Y uno lo entiende: cuando a un director le amputan un nervio central de su película, lo que queda en pantalla puede andar, pero ya no late igual.

  • La copia británica circuló durante décadas con 111 minutos, tras los cortes impuestos por la agencia de clasificación de su país.
  • La copia estadounidense llegó incluso más recortada, con 108 minutos, para evitar la temida calificación X en Estados Unidos.
  • En los años setenta, 17 municipios de Gran Bretaña directamente prohibieron la película.
  • Allí donde se exhibió, lo hizo con la clasificación X, es decir, no recomendada para menores de 18 años.
  • Finlandia la mantuvo vedada hasta noviembre de 2001.
  • El Vaticano la condenó y pidió suspender sus proyecciones en el Festival de Cine de Venecia.

La restauración en 4K que llega ahora a las salas españolas es, en los papeles, un acto de justicia poética. Le devuelve a Russell sus 89 segundos, le devuelve al público la versión que el director dio por terminada recién en 2004 y, de paso, le devuelve a Vanessa Redgrave y a Oliver Reed, en estado de gracia, una de las interpretaciones más incendiarias que se hayan visto en el cine inglés del siglo XX. La cinta, protagonizada por una Redgrave entregadísima como la hermana Jeanne de los Ángeles y un Reed magnético como el carismático Grandier, es de esas que se ven con el cuerpo entero: con la panza, con el pecho, con la nuca. Por eso, mientras la señora del principio se acomodaba en la butaca, yo pensaba que estaba a punto de ver, por fin, la película completa. Y entonces recordé esa copla vieja que cantan los bagualeros del norte: "cuando le cantan al que sufre, no le cantan al que olvida". Me parece que Russell, en el fondo, también le cantaba al que no olvida. A esa larga lista de espíritus inquietos que el poder quiso callar y que, tarde o temprano, siempre terminan volviendo. Como esta película. Como el amanecer que ya asomaba por la ventana del cine cuando salí a la calle, con una frase todavía zumbándome en la cabeza, textual, dicha por alguien en la vereda: "las obras que asustan al Vaticano suelen ser las que más nos enseñan a vivir".

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Sergio TolabaFolclore y cultura

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