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Sábado, 10 de octubre de 2026
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Raíz Salteña

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Cuando la imagen es falsa pero la humillación es real: el caso que sacudió a una escuela de Lomas de Zamora

Cuatro adolescentes son investigados por crear y difundir con inteligencia artificial fotos sexuales falsas de sus compañeras. Las víctimas relataron vergüenza, asco y miedo, y la causa reabre el debate sobre el daño psicológico que produce este tipo de material aunque se sepa que no es real.

JC
Jimena CruzSociedad y salud · · 4 min de lectura
Cuando la imagen es falsa pero la humillación es real: el caso que sacudió a una escuela de Lomas de Zamora

Florencia tiene dieciséis años y todavía le cuesta mirar fijo cuando cuenta lo que le hicieron unas semanas atrás en el colegio. Un día cualquiera, charlando con amigas en el aula, se enteró de que circulaban por grupos de mensajería unas imágenes suyas —o más bien parecidas a ella— en las que aparecía desnuda, con una sonrisa forzada y en posturas que jamás había adoptado. No eran reales: habían sido producidas con inteligencia artificial a partir de fotos de su perfil público de Instagram. Pero esa certeza no la calmó. "Aunque sabía que era falso, me dio vergüenza", repite, casi en un susurro, como si todavía le pesara decirlo en voz alta.

El episodio ocurrió en un establecimiento secundario del partido bonaerense de Lomas de Zamora, donde la Justicia investiga a cuatro menores por la presunta producción y distribución de imágenes de abuso sexual infantil generadas con herramientas de IA. La causa se encuentra en etapa inicial: se realizaron allanamientos, se secuestraron dispositivos y se ordenó a los imputados pasar a la modalidad virtual, además de fijarles un cese de hostigamiento y la prohibición de contacto con las víctimas. Las fuentes oficiales confirmaron además que las víctimas fueron contenidas por equipos de salud mental y que el colegio debió suspender brevemente las clases tras la escalada de tensión.

El daño no necesita ser real para doler

Las as en grooming y violencia digital consultados coinciden en un punto: el impacto emocional de este tipo de material no depende de su veracidad. Para una adolescente, ver una imagen propia desnuda —aunque sea ficticia— activa los mismos circuitos de vergüenza, exposición e indefensión que despierta una foto verdadera. Una de las afectadas les contó a sus padres que tardó días en hablarles, no por miedo al castigo, sino porque no soportaba la idea de que la vieran "así", manipulada y expuesta.

“Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo.”Una de las alumnas afectadas
  • Vergüenza intensa de ser vista sin consentimiento, aún cuando la imagen sea falsa.
  • Angustia por la incertidumbre sobre quién vio el material y dónde.
  • Asco hacia los compañeros acusados y sensación de vulnerabilidad.
  • Miedo a represalias y a nuevas difusiones.
  • Pérdida de confianza en el entorno escolar y en los adultos referentes.

Lo que más llamó la atención de los investigadores es lo sencillo que resultó producir el daño. Las fotografías originales se tomaron de cuentas públicas de redes sociales, sin necesidad de hackeos ni contraseñas: bastaba con descargar imágenes libremente compartidas y procesarlas en aplicaciones de uso masivo. Las imágenes alteradas, en tanto, circularon primero por grupos cerrados de estudiantes y luego habrían salido de esos muros, con el riesgo de que se hayan replicado sin control.

La escuela, entre el silencio y la respuesta tardía

Las propias alumnas reconocieron que la primera reacción institucional fue insuficiente. Cuando fueron a pedir ayuda, sintieron que no se las tomó dimensión al problema. Recién después de que la situación escalara y de que los videos de la protesta que organizaron frente al colegio se viralizaran, las autoridades convocaron jornadas de diálogo, talleres con los cursos y un trabajo articulado con gabinetes psicopedagógicos. Mientras tanto, en distintos puntos del país empezaron a aparecer testimonios de chicas de otros colegios relatando que habían vivido episodios similares, lo que transformó el caso de Lomas en una punta de un fenómeno que preocupa cada vez más a padres y docentes.

Para familias y docentes que se pregunten cómo actuar, los organismos especializados recomiendan: preservar la captura de pantalla del material con la fecha, la fuente y el usuario que lo envió; radicar la denuncia en la comisaría o de forma digital en la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelitos del Ministerio Público Fiscal; pedir al establecimiento que registre por escrito lo ocurrido; y no borrar conversaciones porque las pruebas son clave. El Ministerio de Justicia de la Nación y la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes atienden denuncias de forma gratuita y confidencial, en general de lunes a viernes de 9 a 18, con equipos que pueden acompañar a las familias en cada paso del proceso.

Mientras la causa avanza, en Lomas de Zamora las clases volvieron a la normalidad con custodia y un protocolo reforzado. Pero Florencia y sus amigas todavía cruzan el pasillo mirando el piso. Saben que las fotos son falsas. Saben que la Justicia investiga. Sin embargo, y esta es la paradoja que dejó en evidencia este caso, saber que una imagen fue inventada por una computadora no borra la humillación, ni devuelve la tranquilidad, ni devuelve el control sobre la propia imagen. Hasta que eso se entienda, la herramienta más poderosa que tienen hoy las familias —y la que casi nunca falla— es conversar sin prisa, mirar a los ojos y creerles a tiempo.

JC
Jimena CruzSociedad y salud

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