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Viernes, 2 de octubre de 2026
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Raíz Salteña

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Cuando el mundo se cae a pedazos: la fiebre zombi que no termina de irse

The Last of Us reaviva el género con un hongo como amenaza y abre la puerta para repasar tres ficciones que, desde la televisión, exploran qué significa sobrevivir cuando la humanidad se agrieta

ST
Sergio TolabaFolclore y cultura · · 4 min de lectura
Cuando el mundo se cae a pedazos: la fiebre zombi que no termina de irse

Lo confieso antes de arrancar: la primera vez que escuché el nombre de esta serie fue en la mesa de un café, cuando un amigo me dijo casi al pasar que había terminado el videojuego y no podía sacarse de la cabeza a los infectados. Fue él, y no un crítico, el que me empujó a prestarle atención. Y la verdad es que le debo el dato, porque detrás de esa recomendación aparece una de las ficciones que más ruido viene haciendo en los últimos tiempos: The Last of Us, la serie que llevó a la pantalla chica un universo donde la amenaza no son los zombis clásicos, sino un hongo que toma el control de las personas.

Un videojuego que se hizo serie sin perder el pulso

La historia nace de la cabeza del escritor y desarrollador Neil Druckmann, que concibió el videojuego original, y encuentra en la televisión a un de lujo: Craig Mazin, conocido por su trabajo en la celebrada Chernobyl. La dupla adaptó la saga con Pedro Pascal y Bella Ramsey como protagonistas, dos actores que cargan sobre sus hombros el peso emocional de un mundo roto por una pandemia fúngica. Lo interesante, y lo que separa a esta propuesta de muchas otras, es que el verdadero conflicto no termina en los infectados: está en lo que los vivos están dispuestos a hacerse entre sí para seguir respirando un día más. Esa zona gris, la de las decisiones imposibles, es la que le da densidad al relato.

Y acá es donde, si uno se pone a mirar con un poco de detenimiento, el género se abre como un abanico. Porque la pregunta de qué hacemos cuando el mundo se viene abajo no es nueva ni a una sola ficción. Hay al menos dos series que comparten ese interrogante desde lugares muy distintos y que, de vez en cuando, reaparecen en las conversaciones de sobremesa cuando alguien menciona zombis, apocalipsis o, simplemente, la idea de sobrevivir.

Tres ficciones, una misma pregunta

  • The Last of Us: la amenaza es un hongo y la serie pone el foco en las decisiones morales de los sobrevivientes, con Pedro Pascal y Bella Ramsey al frente de un elenco que adapta los videojuegos de Neil Druckmann con la firma conjunta de Craig Mazin.
  • The Walking Dead: nacida del cómic de Robert Kirkman y llevada a la televisión por Frank Darabont, convirtió a los muertos vivientes en una excusa para hablar de comunidad, poder y traición, con Andrew Lincoln, Norman Reedus, Melissa Suzanne McBride, Lauren Cohan, Danai Gurira y Steven Yeun como caras inolvidables de un fenómeno que se expandió en series derivadas.
  • iZombie: creada por Rob Thomas y protagonizada por Rose McIver, Malcolm Goodwin y Rahul Kohli, mezcla el policial con el humor negro a través de una joven convertida en zombi que come cerebros de víctimas de asesinatos y, gracias a eso, termina ayudando a resolver crímenes.

Como se ve, las tres trabajan el mismo material base pero le sacan colores muy diferentes. The Walking Dead mira de reojo a George A. Romero y a la tradición cinematográfica del muerto viviente para construir un fresco coral sobre un mundo que se desmorona, donde el peligro más grande a veces no es el que camina arrastrando los pies. iZombie, en cambio, le baja el dramatismo al género y lo viste con tono de comedia liviana, casi de comedia de enredos con cadáveres, pero sin perder del todo la pregunta por lo que significa ser humano. The Last of Us, mientras tanto, se anima a cambiar la amenaza clásica por un parásito y, con ese cambio, renueva un poco un género que, contra todos los pronósticos, sigue dando que hablar.

“Porque al final, más allá de los infectados, los caminantes o los cerebros devorados, lo que estas historias nos devuelven es una pregunta incómoda: qué queda de nosotros cuando todo lo que conocíamos se fue al tacho. Y esa pregunta, al menos en esta mesa, siempre termina abriendo otra ronda de café.”

Cierro como empecé, con una imagen de esas que se escuchan al amanecer, mientras la pava empieza a silbar y todavía queda un poco de noche afuera: me dijo mi vieja una vez, casi sin levantar la voz, que lo más peligroso no es lo que viene de afuera, sino lo que uno es capaz de hacer cuando siente que ya no tiene nada que perder. No sé si Neil Druckmann, Robert Kirkman o Rob Thomas pensaron lo mismo cuando escribieron sus historias, pero les juro que mientras uno las mira, esa frase vuelve una y otra vez, como un eco que se niega a apagarse.

ST
Sergio TolabaFolclore y cultura

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