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Viernes, 9 de octubre de 2026
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Comer como en el norte de Europa, pero con productos del Mercadito de la cuadra: qué dice el estudio que asoció al Uruguay sueca con vivir más

Un análisis sobre 64.406 adultos en Suecia encontró una relación estadística entre la dieta nórdica y una mortalidad algo menor, aunque no se probó que la alimentación por sí sola prolongue la vida. La pauta admite adaptaciones con avena, legumbres, verduras de estación y pescado accesible.

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Jimena CruzSociedad y salud · · 3 min de lectura
Comer como en el norte de Europa, pero con productos del Mercadito de la cuadra: qué dice el estudio que asoció al Uruguay sueca con vivir más

En el barrio de Södermalm, Estocolmo, Marta, 58 años, cambió hace dos años su almuerzo de siempre —un sándwich de pan blanco con queso fundido— por un bowl de avena tibia con manzanas de estación, semillas de lino y un puñado de nueces. No fue por moda, sino porque su médica de cabecera, tras un chequeo con el colesterol algo alto, le sugirió acercarse al patrón alimentario que los nórdicos vienen estudiando desde hace años. "No me convertí en sueca", dice entre risas al teléfono. "Pero aprendí a mirar la etiqueta y a sumar más verduras y legumbres a la semana". Marta es una de las miles de personas que, sin saberlo, alimenta con su rutina las estadísticas de un nuevo análisis encabezado por las universidades de Aarhus y Upsala, que siguió durante más de dos décadas a 64.406 adultos suecos de mediana y avanzada edad.

El dato oficial es claro: para una adhesión estricta a la llamada dieta nórdica saludable, el riesgo estimado de muerte por cualquier causa fue un 4 % menor que bajo las Recomendaciones Nórdicas de Nutrición de 2023, y un 6 % menor que frente al escenario sin una intervención alimentaria específica. El trabajo, basado en información relevada entre 1997 y 2019, comparó tres escenarios hipotéticos a 24 años mediante un método estadístico que simula qué habría ocurrido si los participantes hubieran adoptado diferentes modelos de alimentación.

Qué se pone en el plato y qué se saca

  • Sumar más vegetales y frutas: manzanas, peras, bayas, coles, zanahorias y remolachas, en versión local o de estación.
  • Priorizar cereales integrales: avena, pan integral y derivados del centeno, en lugar de panes refinados.
  • Incorporar legumbres como base de preparaciones cotidianas, no solo como guarnición.
  • Sumar pescado cuando resulte accesible y frutos secos en cantidades moderadas.
  • Usar aceites vegetales (el de canola es el habitual en la versión nórdica, pero no la única opción).
  • Reducir carnes procesadas, ultraprocesados, bollería industrial y productos con abundantes azúcares o grasas saturadas, como la manteca.

Conviene leer esos porcentajes con cuidado. Los participantes no fueron asignados a una dieta dentro de un ensayo clínico prolongado: se trató de una modelización estadística, cuyos resultados dependen de supuestos, como que no existan otros factores relevantes no medidos que expliquen parte de la asociación. En otras palabras, comer así no garantiza vivir más, pero el patrón aparece vinculado de manera consistente con mejores indicadores de salud en la población estudiada.

Además, el objetivo principal de los investigadores era evaluar complicaciones hepáticas graves, y en ese punto no apareció una reducción clara. Es decir, el hallazgo más firme del trabajo tiene que ver con la mortalidad general, no con un efecto protector específico sobre el hígado, algo que el propio equipo reconoce como un límite a la hora de sacar conclusiones.

Para quien quiera empezar a probar este enfoque sin mudarse al norte de Europa, los especialistas recomiendan ir de a poco: reemplazar una o dos harinas refinadas por integrales a la semana, sumar una legumbre por jornada, incorporar pescado cuando el presupuesto lo permita y aceitar las preparaciones con aceite en lugar de manteca. No hace falta replicar la cocina escandinava: se trata de tomar lo mejor del patrón y adaptarlo a los productos del Mercadito de la cuadra y a la estación del año.

A dónde acudir y en qué horario

  • Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS): atención gratuita y sin turno previo, de lunes a viernes de 8 a 17, con equipos de nutrición que pueden orientar sobre cómo adaptar el patrón a la economía familiar.
  • Hospitales públicos con servicio de nutrición: la mayoría atiende de lunes a viernes de 7 a 14, y algunos cuentan con turnos vespertinos para pacientes derivados.
  • Programas locales de alimentación saludable: varios municipios ofrecen talleres gratuitos de cocina y variedades en paquetes comunitarios, con cupos limitados y horarios rotativos que se publican en las páginas oficiales de cada comuna.
  • Consultorios privados de nutrición: para quienes tengan cobertura prepaga u obra social, los turnos se solicitan por teléfono o por las aplicaciones de las propias prepagas.
JC
Jimena CruzSociedad y salud

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