Boiúna se anima a tomarse en serio en el género de las serpientes gigantes y sale ganando
Una propuesta ambientada en la Amazonia que prescinde del guiño cómplice y construye tensión con paciencia, sin aspavientos ni slogans de obra maestra.

La última vez que conversé sobre películas de serpientes gigantes con varios amigos, el tema había terminado inevitablemente en lo mismo: en el pase de facturas entre los personaje y una criatura que parecía más grande que el presupuesto entero, todo envuelto en una ironía milimétrica. Eran casi las dos de la mañana, unos tenían los ojos achinados y otros ya cabeceaban, y alguien dijo algo que se me quedó atragantado: cuidate de la boa, pero sobre todo cuidate de la canoa. La frase, que probablemente escuché alguna vez en una sobremesa cualquiera, volvió a mí mientras miraba Boiúna: La leyenda del Amazonas, una película brasileña que se anima a romper ese trato tácito que el subgénero viene firmando hace décadas.
Porque las películas de serpientes gigantes suelen funcionar bajo un pacto implícito muy reconocible: el público entra al cine sabiendo que va a encontrarse con algo desmesurado, los personajes parecen saberlo también, los diálogos se cargan de dobles sentidos permanentemente y todo se cocina con un guiño cómplice a cámara que termina funcionando como un escudo protector. Es la forma que encontró el género para convivir con su propia impostura, y en buena medida le ha dado resultados razonables. Pero Boiúna decide renunciar a esa muletilla desde el primer minuto. No hay ironía en sus líneas, no hay slapstick administrado con bisturí en las escenas de acción, no hay ninguna figura del elenco que funcione como gancho cómplice para descomprimir lo que viene después.
Una criatura que comparte la selva, no que la domina
Antes de internarse en la vegetación, la película se toma su tiempo para presentar la mitología que rodea a su antagonista, un ser mitológico del folclore amazónico conocido en español como Boiúna. Desarrolla a sus protagonistas con una paciencia que puede resultar incómoda para quien busque vértigo desde el arranque, pero que se vuelve capital narrativo cuando empiezan a cerrarse las trampas. Las secuencias de acecho se sienten sucias, físicas y apoyadas en una tensión genuina, donde la criatura comparte la amenaza con cocodrilos, arenas movedizas y una selva que ni perdona ni negocia. La dirección, sin ser perfecta, se mantiene coherente con lo que se propone y dosifica a su bestia con una estrategia que disimula las limitaciones de presupuesto a la vez que preserva el misterio.
- El tono se mantiene en serio durante todo el metraje, sin guiños cómplices ni humor autoparódico.
- La criatura aparece en dosis controladas, lo que disimula limitaciones de producción y refuerza el suspenso.
- Los conflictos entre personajes son funcionales dentro de la serie B, aunque no terminan de volverse memorables.
- Las muertes cumplen su función sin pretender transformarse en escenas de culto.
A Boiúna no le hace falta disimular lo que es: una producción de presupuesto contenido que se mueve dentro de coordenadas acotadas y lo hace con honestidad. La moraleja resulta previsible y la estructura no trae sorpresas, pero la ejecución termina superando lo que el material prometía sobre el papel. Es un estreno pensado para la época de Halloween, ideal para quien quiera pasar tensión real frente a la pantalla sin sentir que renunció a cierto cuidado narrativo. Una rareza bienvenida dentro de un género al que siempre le cuesta soltarse de la mano del espectador.
Le sumo, decididamente. Una película de terror que decide evitar el humor involuntario y tomarse en serio a sí misma, dentro de un subgénero acostumbrado al guiño permanente, tiene a mi entender un mérito adicional que vale la pena destacar: devuelve densidad a un territorio que muchas veces sobrevive apelando al descreimiento. Si la propuesta logra que el espectador deje de lado el descreimiento y se involucre en serio con sus criaturas y sus personajes, gran parte del camino está hecho. Boiúna lo consigue durante la mayor parte de su metraje, y eso, tratándose de una serpiente gigante nacida del Amazonas, ya es decir bastante.
“Volver a la selva, dicen los caboclos viejos, siempre se vuelve distinto”dicho popular amazónico escuchado en el Amazonas brasileño
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