Martes, 22 de septiembre de 2026
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Raíz Salteña

Volver a Raccoon City con la linterna en la mano: cómo se arma la nueva película de Resident Evil

Zach Cregger pone a Bryan en una ciudad infestada con la misma lógica de los videojuegos: buscar municiones, abrir puertas y decidir cuándo se enciende la luz. Un repaso por la propuesta que recupera a Umbrella sin reeditar las películas anteriores.

ST
Sergio TolabaFolclore y cultura · 22 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

A mí me lo explicó un muchacho que se crio jugándola en la computadora de su viejo, en el pueblo, mientras su hermana menor le pedía que la dejara probar la escopeta. La nueva película de Resident Evil, dirigida por Zach Cregger, no es una remake de lo que ya vimos en cines ni una secuela directa de las seis entregas anteriores: es una historia original e independiente, escrita para que uno la mire como si tuviera el joystick en la mano. El protagonista se llama Bryan y camina por Raccoon City con una sola certeza: si no encuentra balas, no pasa del próximo pasillo.

Una ciudad conocida, un personaje nuevo

Raccoon City es la misma de siempre, esa localidad amurallada de la saga donde Umbrella Corporation tiene su laboratorio y desde donde se escapa el desastre biológico. Pero esta vez no la recorremos con Leon Kennedy ni con Claire Redfield: lo hacemos con Bryan, que atraviesa sus calles, una alcantarilla, una granja abandonada y un hospital en plena oscuridad. En el medio del camino se cruza con dos científicos de Umbrella interpretados por Paul Walter Hauser y Zach Cherry, que intentan poner un freno al brote que ellos mismos desataron.

Como le decía el muchacho del pueblo, esa es la gracia: la película no te cuenta de nuevo el origen de la saga, sino que te tira adentro y te deja resolverla. Y la resuelve con la misma paciencia con la que uno se sentaba frente al monitor en mil novecientos noventa y seis, cuando Chris Redfield y Jill Valentine se quedaron encerrados en una mansión llena de zombis, o un año después, cuando la acción se mudó a Raccoon City junto a Claire y a un policía rookie llamado Leon.

La lógica del videojuego, trasladada a la pantalla

  • Puertas trabadas y cerraduras que no abren del primer intento: el mismo recurso que en los juegos te obligaba a buscar llaves o a resolver un puzzle antes de avanzar.
  • Un arsenal que se va completando de a poco: una pistola primero, una escopeta después y, más adelante, un rifle de asalto, igual que en cualquier inventario de la franquicia.
  • Municiones contadas: en una granja, Bryan tiene que juntar cartuchos para poder usar la escopeta que acaba de conseguir, un detalle que los jugadores conocen bien.
  • La linterna como aliada y como peligro: ilumina la nieve, las alcantarillas y las calles, pero también puede delatar la posición de quien la enciende frente a ciertos enemigos.
  • Criaturas que piden estrategia: un perro cuya cabeza se abre y muestra tentáculos dentro de un granero, una criatura que ataca con vómito ácido en el ascensor del hospital y un monstruo hecho de fragmentos de cuerpos que crece a medida que suma restos nuevos.

Yo lo miro desde acá y me suena a esa sobremesa familiar donde el más chico te pregunta si vale la pena jugarlo o mirarlo, y uno le termina contestando que las dos cosas. La película trabaja con esos mismos obstáculos para que el ritmo no sea el de un Festival de Cannes, sino el de alguien que avanza de a poco, con el corazón un poco apretado y la mano cerca del botón de pausa. Es el cine entendiendo que el terror, cuando viene de un videojuego, se construye con reglas de videojuego: puertas cerradas, balas justas y una linterna que no siempre conviene encender.

Umbrella en el centro de la trama

En el medio de todo eso aparecen Hauser y Cherry, los dos científicos de Umbrella que la propia compañía manda a tratar de contener el desastre que ellos mismos ayudaron a provocar. Son los que mejor representan esa contradicción de la saga: la empresa farmacéutica que se cruzó con los experimentos biológicos y que, cuando la cosa se le fue de las manos, tuvo que mandar gente a la zona cero a apagar el incendio. Cregger los usa para recordarnos que, detrás de cada zombi, hubo un laboratorio con logo y logo.

“Como me dijo el muchacho del pueblo cuando le pregunté si valía la pena jugarlo o mirarlo, me dijo: 'mirá hermano, en la vida hay que tener las balas contadas y la linterna a mano, porque si no, no se sale'”Un jugador de toda la vida

Y así, mientras la nieve sigue cayendo sobre Raccoon City y la linterna de Bryan ilumina apenas un par de metros por delante, uno termina entendiendo que la película no quiere reemplazar al videojuego ni competir con él: quiere devolverlo a la pantalla grande con la misma paciencia con la que uno se sentaba frente al monitor a juntar cartuchos en la galera, mientras afuera,, el sol empezaba a asomar por entre los álamos del pueblo.

ST
Sergio TolabaFolclore y cultura

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