Viernes, 11 de septiembre de 2026
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Una comadreja enana entre la leña y la decisión de un vecino de Cutral Co que salvó al animal

El hallazgo de un marsupial desconocido en plena estepa neuquina volvió a poner sobre la mesa un interrogante que se repite en los patios de la región: qué hacer —y qué no— cuando la fauna silvestre se cruza en la vida cotidiana.

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Jimena CruzSociedad y salud · 10 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

A Inés le llamó la atención algo que se movía entre la pila de leña del quincho, en una casa del barrio Belgrano de Cutral Co. Era un bicho chico, grisáceo, con unos ojos enormes rodeados de manchas oscuras. Podía haber sido un ratón. Podía haber sido nada. Pero ella, que siempre recuerda las recomendaciones de la abuela del campo, alcanzó el teléfono y marcó el número de Guardafaunas antes de tocarlo. Esa decisión, casi instintiva, fue la que terminó con el animalito en libertad y no en una bolsa de residuos ni en la caja de un cachorro improvisado.

La Dirección Provincial de Fauna de Neuquén confirmó que se trató de un ejemplar de comadreja enana (Thylamys pallidior), un marsupial típico de los ambientes áridos y de estepa que habita en la provincia. El equipo de Guardafaunas de Picún Leufú se acercó a la vivienda, realizó una evaluación veterinaria con protocolo de manipulación mínima y, al comprobar que el animal estaba en perfecto estado de salud, lo liberó en su ambiente natural a las pocas horas.

Un animal que parece otra cosa

La comadreja enana mide entre 8,5 y 12 centímetros de cuerpo y pesa entre 15 y 36 gramos, lo que la vuelve fácilmente confundible con un ratón común. Sin embargo, no tiene nada que ver: pertenece a la familia de los didélfidos, las llamadas comadrejas americanas, marsupiales que en nuestro país suelen pasar inadvertidos por su tamaño y por sus hábitos nocturnos. Su pelaje es gris, el vientre claro y, alrededor de los ojos, presenta unas manchas oscuras que le dan un aire entre despierto y sorprendido.

Es un animal discreto y raro de ver. Se alimenta de insectos, frutos y pequeños invertebrados, y una de sus particularidades más llamativas es la cola prensil, que funciona como una reserva de grasa para atravesar los períodos de frío y escasez alimentaria. Verlo cerca de una vivienda, según explican los técnicos de Fauna, no es un hecho excepcional en una provincia donde la estepa y los pueblos conviven en un mismo paisaje.

Qué hacer y qué no hacer

  • No tocar al animal ni intentar moverlo, ni siquiera con guantes, salvo que esté en riesgo inmediato.
  • No ofrecerle comida ni agua: una dieta inadecuada puede provocarle la muerte.
  • No intentar retenerlo ni, mucho menos, adoptarlo como mascota: la fauna silvestre no se domestica.
  • No exponerlo en redes sociales como curiosidad doméstica: cada minuto fuera de su entorno es estrés.
  • Dar aviso inmediato a la autoridad de fauna más cercana o a la policía, que canaliza el pedido.

El contacto directo, aunque sea bien intencionado, puede estresar al animal, transmitirle enfermedades o, en el peor de los casos, acostumbrarlo a la presencia humana, lo que reduce de manera sensible sus chances de sobrevivir cuando vuelva a la vida silvestre. Por eso los especialistas insisten en un mensaje simple: dejar que los profesionales intervengan es la mejor ayuda que puede dar un vecino.

“La fauna silvestre no es mascota; protegerla es tarea de todos.”Dirección Provincial de Fauna de Neuquén

Lo que ocurrió en Cutral Co dejó una enseñanza que vale la pena repetir: la diferencia entre un final triste y un final con el animal liberado estuvo en una sola decisión, la de Inés, la de llamar en lugar de tocar. En Neuquén, los reportes se canalizan a través de la Dirección Provincial de Fauna, con delegaciones regionales como la de Picún Leufú, y también por las comisarías locales, que suelen operar como enlace con los equipos especializados. La atención es permanente y el llamado no tiene costo: alcanza con describir el lugar, la especie —si se la puede identificar— y las condiciones en que se encuentra el animal. Pequeños gestos como ese, repetidos en cada patio de la estepa, terminan siendo la red de contención más eficaz para una fauna que, en muchos casos, ni siquiera sabíamos que teníamos al lado.

JC
Jimena CruzSociedad y salud

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