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Un guiso de chipirones que se cocina mientras preparás la mesa: listo en media hora

Patatas chascadas, chipirones salteados y gambones al final: un plato de cuchara rendidor, barato y sin complicarse con técnicas raras.

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Romina ZerpaTurismo · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

A veces uno vuelve a casa con el frigo medio vacío, el cuerpo medio roto y las ganas de comer algo que abrace sin pedirle al carnicero que estire la tarjeta. Me pasó el martes. Abrí la alacena, vi unas patatas, unos chipirones que había sacado a la mañana y una bolsa de judías verdes que se salvaban por horas. Treinta minutos después, el departamento entero olía a mar y la olla tenía un guiso que daba lástima terminarlo.

Lo lindo de este plato es que no necesita virtuosismo culinario. Es de esos que el mar te regala y el bolsillo te agradece. Los chipirones se saltean primero, las patatas se chascan a mano para que larguen almidón y el caldo espese solo, y los gambones se agregan al final para que no se pasen de cocción. Simple como eso.

Por qué chascar las patatas cambia todo

Acá está el truco que marca la diferencia, y que aprendí mirando a una vecina gallega hace veranos. En vez de cortar las patatas en cubos prolijos con el cuchillo, uno inicia el corte y termina de romper el trozo con la mano. Esa superficie irregular, con bordes astillados, libera más almidón al caldo y lo espesa de manera natural, sin harina ni maicena ni misterios. Además, absorbe mejor el sabor del pescado y queda con una textura que no es ni puré ni bloque: es justo el punto intermedio que necesita un guiso de cuchara.

  • Chipirones limpios, salteados primero hasta que cambian de color
  • Patatas chascadas, no cortadas, para que larguen almidón
  • Sofrito breve antes de sumar el caldo de pescado
  • Gambones pelados, agregados al final junto con las judías verdes
  • Reposo tapado unos minutos: el calor de las patatas termina la cocción y amalgama los sabores

Cómo se arma, paso a paso, en media hora

El orden de los factores sí altera el producto. Los chipirones van a la cacerola con un chorrito de aceite de oliva y se mueven hasta que cambian de color, cosa que lleva un par de minutos. Recién ahí entran las patatas chascadas y el sofrito clásico. Se deja el conjunto a fuego medio unos cinco minutos antes de volcar el caldo de pescado cubriéndolas. Ese paso previo es clave: si las tirás directo al líquido, te quedan crudas en el centro cuando el exterior ya se está deshaciendo.

Con el caldo ya cubriendo las patatas, la cocción a fuego lento dura quince minutos. Entonces pelás los gambones y los sumás a la olla junto con las judías verdes que ya tenías cocidas y cortadas en tiras. Apagás el fuego, tapás y dejás reposar unos minutos. Las patatas retienen muchísimo calor y el reposo deja que los sabores se integren. En total, entre que empezás a cortar y te sentás a comer, no pasan los treinta minutos.

“La forma de comerlo es cuestión de cada uno. Hay gente que lo come con cuchara y abundante caldo, como cualquier guiso de mar que se precie. Otros, entre los que me incluyo, preferimos aplastar las patatas con el tenedor y mezclarlas con el fondo hasta convertirlo en algo más espeso, casi una salsa rústica. Las dos formas están bien y las dos rinden.”Romina Zerpa

Para que sea plato único alcanza con una copa de vino blanco y pan para mojar. Si querés armar un menú un poco más largo, un entrante pequeño alcanza: unos mejillones al vapor o una ensalada breve con lo que tengas en la heladera son suficientes para no sobrecargar la mesa.

Después de darlo a probar, me crucé en el ascensor con Marta, la señora del tercero que cocina para toda la familia los domingos. Me dijo que ella le agrega un poco de pimentón ahumado al sofrito y que a veces le pone almejas junto con los gambones, que le terminan regalando en la pescadería del mercado de Villa Urquiza. Probalo en casa y contame qué variante te sale a vos.

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Romina ZerpaTurismo

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