Rubén Rada se fue y dejó una lección para los que vienen: la música no espera a nadie
El músico uruguayo murió en las últimas horas y sus reflexiones sobre el recambio generacional, el respeto por los nuevos sonidos y la exigencia de no quedarse quieto cobran un valor de despedida. Lo que dijo sobre Tini, Trueno, Wos y Catriel, y la advertencia que dejó.

A don Rubén lo escuché por primera vez en la voz de un tachero de La Boca que tenía la radio a todo volumen en un Fiat 600 celeste, y esa imagen se me cruza ahora que confirmé la noticia de su muerte porque me parece que sintetiza algo del Rada que se va: un tipo que vivía en las calles, en los bares, en la radio de los autos viejos, mucho antes de que existieran las playlists. El uruguayo que le puso swing al candombe y le puso candombe al rock se fue, y lo que queda flotando en el aire de los redacciones y de las redes es una serie de declaraciones que él mismo fue sembrando en los últimos tiempos y que, sin saberlo, terminaron funcionando como una suerte de testamento musical para los pibes que están empezando.
Porque Rada no fue de los viejos que se quejan de que la música de antes era mejor. Todo lo contrario. En cada entrevista que dio en los últimos años se mostró curioso, atento a lo que hacían los artistas jóvenes argentinos y uruguayos, y hasta generoso a la hora de ponerles nombre y apellido. "Tini, Trueno, Wos y una cantidad de artistas nuevos que están rompiendo, Conociendo Rusia. Hay un montón de pibes nuevos que son maravillosos, a los cuales quiero mucho", dijo en una de esas charlas que ahora vuelven a circular y que le dan a su partida un tono distinto, más cercano al de un maestro que se despide dejando la puerta abierta y no la cerrada.
Una mirada sin nostalgia y con nombre propio
Lo que más me llamó la atención de sus palabras, y se lo quiero compartir al lector porque me parece que vale la pena masticarlo un rato, es la frase con la que él mismo bajaba a tierra su postura frente al eterno debate de las generaciones musicales. "Todo tiempo pasado no fue mejor. El mejor tiempo es el que viven los jóvenes ahora porque es el tiempo de ellos", sostuvo, y agregó algo que en su boca sonaba casi a declaración de principios: que los recursos, los sonidos y las formas de producción de hoy configuran un escenario distinto al que le tocó a él cuando se formó, y que esa diferencia no se mide en un ranking de mejor o peor, sino que se respeta como lo que es, una manera distinta de habitar el oficio.
Para graficar su propia disposición a leer el presente con otras claves, contó una anécdota que a mí, se los confieso, me sacó una sonrisa enorme. Dijo que grabó una canción junto a un artista de rap y que el tema acumuló quince millones de reproducciones. Lo más lindo del asunto fue la reacción de sus nietos, que le dijeron que recién ahí "se había ido para arriba", como si la consagración definitiva del abuelo no hubiera sido el LPs ni el festival de Montreux sino el clic de un pibe de veinte años en una pantalla. Esa imagen, la del viejo que todavía se banca quedar en offside con la generación que viene, me parece que define a un Rubén Rada que muchos no conocen y que ahora, con la noticia de su fallecimiento, empieza a ser revisitado.
“Que se diviertan, pero que se acuerden que no pueden quedarse en ese lugar, que después de esto tiene que venir otra cosa, si no la gente no les cree.”Rubén Rada
La advertencia que queda flotando
Porque junto con el reconocimiento a los que están rompiendo, Rada dejó también una advertencia que a mí me suena a consejo de patio, de esos que se dan con la mano en el hombro y con la certeza de que el que escucha sabe que del otro lado hay un camino recorrido. La frase que elegí para citarla textual apunta a un problema que él veía venir y que es tan viejo como el propio oficio de músico: el de los que se quedan pegados a un primer éxito como si ese fuera el techo y no la plataforma de despegue. No importa si el primer éxito fue un tema de candombe fusión, un feat con un rapero o una canción viral en TikTok, la lógica es la misma: después de esto tiene que venir otra cosa, si no la gente no les cree. En criollo y sin vueltas: el público te banca la primera, te banca la segunda, pero a la tercera te empieza a mirar de reojo si no le ofrecés nada nuevo.
Y acá me parece que aparece uno de los versos que mejor le caben al Rada que se va, y que lo voy a tirar tal cual lo tengo anotado desde aquella mañana en la que lo escuché por primera vez en el 600 del tachero: "no hay camino que se ande dos veces, hay siempre un paso nuevo que dar". No es de Rada la copla, es de un viejo payador oriental que él solía citar, pero bien le cabe al hombre que nunca le tuvo miedo a cantar con un rapero, a meterse en un estudio con un pibe de veinte años y a aprender el truco nuevo antes de que se lo explicaran dos veces.
Un músico más reconocido por sus pares que por la calle
Antes de cerrar quiero rescatar otra de las frases que el propio Rada dejó dichas y que a mí me parece que describen con bastante precisión el lugar incómodo y luminoso que le tocó ocupar en la música rioplatense. "Me conocen todos los músicos del mundo, pero no el público", admitió en una de esas entrevistas, con la franqueza que lo caracterizaba cuando se corría del personaje mediático y se sentaba a charlar como uno más. Esa condición de músico de músicos, de tipo respetado por quienes hacen pero no siempre coreado por las tribunas masivas, es algo que en la Argentina y en el Uruguay se repite con varios de los grandes: pasa con jazzeros, pasa con ciertos rockeros de oído fino, pasa con los que se animan a cruzar estilos sin pedir permiso.
Por eso me parece que este es un buen momento para que nosotros, los que escribimos de música y los que la escuchan, nos preguntemos qué recordábamos realmente de Rubén Rada antes de que la noticia de su muerte nos pusiera a repasar sus frases. Yo, si me dejan ser honesto, lo tenía asociado a la televisión de mi viejo, a los veranos en la rambla montevideana, a un nombre que aparecía siempre en los créditos de los discos que compraban mis tíos. Ahora, con su partida, me queda la sensación de que Rada fue un poco más que eso: fue un puente vivo entre el candombe de su viejo, el jazz que escuchó de chico, el rock que lo fue a buscar y el trap con el que se animó a coquetear cuando ya era un señor. Un puente que se cortó, pero que dejó los cables tendidos para que otros los sigan cruzando.
Y como el Rada que se va siempre se despidió con una imagen tomada al amanecer, ya sea el de Montevideo o el de algún hotel europeo donde le tocó cantar, le robo una frase que él solía repetir al bajar del escenario y que a mí me sirve para cerrar esta nota, no sin antes pedirle al lector que se tome un minuto para poner un tema suyo, el que más le guste, y dejarlo sonar hasta el final: "al que le gusta la música, la música lo cuida". Se fue don Rubén, y la música, por ahora, lo sigue cuidando a él.
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