Lunes, 7 de septiembre de 2026
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Querida Estefi, la pastelería de Olivos que el primer domingo se quedó sin una sola torta en la bandeja

En la esquina de Ricardo Gutiérrez y Tucumán, a pocas cuadras del Tren de la Costa, un local abierto en julio ya rota 500 cubiertos por fin de semana y trabaja sin sistema de reservas. Recorrido, precios y la recomendación de la dueña del lugar.

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Romina ZerpaTurismo · 7 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Llego a la esquina de Ricardo Gutiérrez y Tucumán con la misma sensación que se tiene cuando uno va a la casa de alguien que acaba de mudarse: todavía huele a nuevo, pero ya hay olor a café. Son apenas unas cuadras las que separan a Querida Estefi de la estación Borges del Tren de la Costa y de la avenida Maipú, esa arteria comercial de Olivos por la que pasa tanta gente a toda hora. La vereda ya tiene movimiento: un señor con un perrito, una chica con delantal que sale a fumar, una señora mayor que mira la carta pegada en la puerta como quien relee un telegrama. Desde adentro, la luz que sale por los ventanales es de esas que invitan a sentarse un rato.

El local abrió a mediados de julio y, según me cuentan, el primer domingo tuvieron que bajar la persiana antes de tiempo. No por falta de público, al revés: por falta de tortas. Se había agotado absolutamente todo el stock. Esa fama repentina es la que ahora los obliga a funcionar al límite: apenas 50 cubiertos repartidos entre la sala y un patio interno, con una rotación que promedia los 500 comensales por día los sábados y los domingos, entre las 8.30 y las 20. La regla es clara y algo antigua: no se reserva, se atiende por orden de llegada. Quien no encuentre mesa puede pedir para llevar y, en las próximas semanas, también va a poder sentarse en unos bancos que están por instalar en la vereda.

Lo que se come y cuánto sale

La pastelería manda. La carta combina clásicos argentinos con un par de giros que sorprenden sin caer en la moda de lo foráneo. Los fines de semana, la vedette de la bandeja es la torta colibrí: un bizcocho húmedo con banana, coco y ananá que se vende por porción a 14.000 pesos. La torta argentina, más criolla, se consigue al mismo precio. El roll de canela —de esos que aún tibios te reconcilian con la mañana— sale 8.000 pesos y rota en tres versiones: con manzana, tiramisú o limón. Y las cookies de chips de chocolate son el secreto peor guardado: se sirven calientes, con escamas de sal marina encima, a 7.000 pesos la unidad.

  • Torta colibrí y torta argentina: 14.000 pesos la porción.
  • Roll de canela (manzana, tiramisú o limón): 8.000 pesos.
  • Cookies de chips de chocolate con sal marina, servidas calientes: 7.000 pesos.
  • Versión casera de la galletita Tita, en formato individual: 5.000 pesos.
  • Bagel con gravlax curado con remolacha, eneldo, pimienta y azúcar negro: 20.000 pesos.
  • Pebete del mes (septiembre: albóndigas con nuez de parmesano, limón y ciboulette): 10.000 pesos.

Para el mediodía la cosa cambia y se vuelve más contundente: hay cinco opciones de bocados salados y un pebete que rota cada mes según lo que dé la temporada. El de septiembre, me explican, lleva unas albóndigas con nuez de parmesano, limón y ciboulette que se sirven a 10.000 pesos. El bagel, en tanto, es el plato más vistoso: lo pintan las remolachas del curado del gravlax, que le dejan esa coloración violácea tan particular. Sale 20.000 pesos y se nota el trabajo silencioso de la cocina a la vista que está justo detrás del mostrador. Mientras como —o más bien, mientras miro comer a los de la mesa de al lado— pienso que el lugar entero parece pensado para quedarse: el horno encendido, las bandejas saliendo, la harina siempre en el aire.

La recomendación de la casa

Antes de irme me siento en la barra y le pregunto a Lara, una de las dueñas, qué le pediría a alguien que llega por primera vez y no sabe por dónde arrancar. Me lo piensa un segundo, como si la respuesta le importara de verdad. 'Arrancá con el roll de canela, tibio, y pedite la cookie con sal marina para llevar. Si volvés al mediodía, anotá el nombre del pebete del mes, que siempre vale la pena', me dice, mientras acomoda una bandeja con budines recién sacados del horno. También me cuenta que están terminando de armar un blend de café propio que, en unas semanas, se va a poder comprar por unidad para llevar a casa. Es, me dice, la manera de extender un poco la sobremesa cuando ya no queda lugar adentro.

Salgo a la vereda con la bolsa en la mano y el papel manteca todavía tibio. Son las once de la mañana y ya hay fila. Pienso en lo que me dijo Lara mientras me servía el café: 'El primer domingo vendimos todo. No lo podíamos creer'. Le creo. A veces las mejores pastelerías no se inauguran con una gran fiesta, sino con una torta que se acaba antes de que cierre la cocina.

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Romina ZerpaTurismo

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