Once sabores y un solo gusto por envase: la apuesta de una heladería de Palermo para que cada bola llegue intacta
Obrador Florida, el local que Mecha Román abrió en 2022, organiza su venta para llevar en potes de un cuarto o medio kilo con un único sabor por recipiente. Vasitos desde $9.000, golosinas desde $2.800 y una carta que rota con la estación.

Llegar a Obrador Florida, en Palermo, es fácil pero lleva su tiempo si uno viene del centro porteño: unas dos horas de colectivo, o cuarenta minutos en auto si el tráfico acompaña, tomando Avenida Santa Fe hasta las cercanías de Plaza Italia y desde ahí meterse en las calles arboladas que rodean el local. Una vez adentro, el primer desafío no es elegir sabor sino entender el formato: la carta reúne once opciones y la venta para llevar se organiza en envases de un cuarto o medio kilo, cada uno con un solo gusto. No hay recipiente de un kilo. La decisión es tan concreta como la fila del sábado a la tarde.
También ofrecen vasitos y cucuruchos, que permiten combinar hasta tres sabores en un mismo recipiente. Los valores informados para los vasitos arrancan en $9.000, y en el mostrador aclaran que el precio final depende de la cantidad de gustos elegidos. Las golosinas, en tanto, cuestan desde $2.800 por unidad y pueden comprarse sueltas o en cajas armadas con las variedades disponibles ese día.
Una carta que cambia con el calendario
Cinco helados integran la oferta permanente: chocolate, limón, sambayón, vainilla y dulce de leche. Los otros seis rotan de acuerdo con la temporada, lo que convierte cada visita en una pequeña sorpresa. Entre las opciones descriptas en el material figuran avellanas tostadas de Río Negro, queso crema con quinotos confitados, crema de té Earl Grey con chocolate y crema de jengibre. La disponibilidad, claro, depende de la carta de estación y de lo que haya llegado esa semana desde la cocina.
Un caso curioso son los sorbetes de pomelo blanco y rosado, que permiten comparar dos versiones de una misma fruta. Cuando ofrecen una degustación de uno, también acercan el otro para mostrar sus diferencias. El trabajo con cítricos incluye tareas minuciosas, como rallar las cáscaras de limón; la receta de ese sabor, cuentan, demandó dos años de pruebas hasta dar con el punto justo.
- Once sabores en total: cinco permanentes y seis de estación.
- Venta para llevar en envases de un cuarto o medio kilo, con un único sabor por pote.
- Vasitos y cucuruchos para combinar hasta tres gustos, desde $9.000.
- Golosinas artesanales desde $2.800, sueltas o en cajas del día.
- Sin polvos, esencias ni jarabes: producción semanal con técnicas de cocina.
- Línea de confitería que reutiliza partes de frutas que no entran en los helados.
Cómo se hace y cómo se aprovecha todo
La elaboración prescinde de polvos, esencias y jarabes. El equipo prepara todos los sabores una vez por semana y aplica técnicas de cocina para trabajar los ingredientes y la textura. Mecha Román, la creadora del lugar, estudió gastronomía y profundizó su formación con cursos específicos de heladería antes de abrir el negocio, en el otoño de 2022. Esa formación se nota en el manejo de los productos: la línea de confitería surgió precisamente para aprovechar partes de las frutas que quedaban fuera de los helados.
Esa línea incluye malvaviscos frutales, bombones, chupetines de chocolate, mazapán de pistacho y crocantes de miel cubiertos con chocolate. Son preparaciones que incorporan procesos de pastelería y confitería, siempre sin colorantes ni saborizantes artificiales. Es, en definitiva, una forma de cerrar el círculo: lo que sobra de una fruta termina en una golosina, y lo que termina en una golosina se vende desde $2.800. La cuenta, para una familia de cuatro que quiera probar dos o tres gustos distintos y llevarse alguna golosina, arranca alrededor de los $20.000 y puede estirarse según las elecciones.
La recomendación de un habitué
Antes de irse, consulté a un vecino de la zona que va todas las semanas. Se llama Roberto Mansilla, vive a tres cuadras y suele ir los sábados a la tarde. Me dijo, sin dudar: "Si venís por primera vez, pidan el de avellanas tostadas de Río Negro cuando esté en carta, y llévenlo en el pote chico, de un cuarto, porque así se nota más el sabor. Y de golosina, los malvaviscos frutales: son los que más sorprenden". Dicho queda: heladería de Palermo, once sabores y la decisión, siempre, de probar uno por vez.
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