Margay, una reserva de Misiones donde el arroyo, el monte y el silencio se dan la mano
A 290 kilómetros de Iguazú y a 40 de El Soberbio, este rincón selvático combina cabañas sobre el agua, kayak, senderos y un vivero que produce hasta 200 mil plantines por año. Una escapada para dos o tres días, ideal en febrero y marzo.

Salgo de Buenos Aires con el plan claro: dejar el ruido atrás y meterme de lleno en la selva paranaense. Después de varias horas de ruta, el asfalto se vuelve asfalto misionero, con sus curvas, sus lomas y ese verde que se pega al parabrisas. La cuenta es simple: son 290 kilómetros desde Iguazú y unos 40 desde El Soberbio, el pueblo que funciona como base para visitar también los Saltos de Moconá. Margay queda en esa zona de Misiones donde todavía se puede escuchar el monte.
Dos o tres días es lo que recomiendan para conocer la reserva sin apuro. El precio de las cabañas se maneja en pesos argentinos y conviene confirmar valores actualizados al reservar, porque la tarifa cambia según la temporada y la cantidad de huéspedes. Como referencia, las tarifas publicadas por el alojamiento en plataformas de reserva rondan los 50.000 a 80.000 pesos argentinos por noche para dos personas en temporada baja, y pueden superar los 100.000 pesos en fechas pico. El traslado desde Buenos Aires en auto particular implica unas 14 a 16 horas de viaje, con escala recomendada en Posadas o en Iguazú.
Cuatro cabañas sobre el arroyo Paraíso
El lodge tiene cuatro cabañas instaladas sobre la ribera del arroyo Paraíso, rodeadas de vegetación. Cada una tiene su deck propio, ese lugar perfecto para desayunar mirando el agua o para merendar mientras cae la tarde. La gastronomía combina preparaciones frescas y orgánicas con identidad misionera, y a la noche la movida pasa por el fogón: conversaciones sobre la cultura guaraní y pescado cocinado en hojas de banano, una de esas experiencias que no se olvidan.
Qué llevar en la mochila
- Muda de ropa para mojarse y calzado de trekking
- Pantalón largo y camisa de manga larga para el monte
- Abrigo para la noche, porque refresca
- Repelente de mosquitos, protector solar, sombrero y anteojos de sol
- Botella reutilizable y linterna frontal
De día hay opciones para todos los ritmos. Los más independientes pueden largarse por los senderos autoguiados, mientras que los que quieren entender el paisaje de verdad eligen las caminatas con guía profesional, que va explicando las plantas y los animales del monte. Otra alternativa es meterse en el arroyo en kayak y dejar que la corriente lleve el ritmo. Y si queda ganas de más, la visita al vivero Kawsay muestra cómo se producen especies nativas que después se usan para recuperar ambientes degradados y para el arbolado urbano.
Un vivero que produce hasta 200 mil plantines por año
Lo que más me impresionó es el volumen del vivero: entre 100.000 y 200.000 plantines por año, una cifra que habla del compromiso ambiental del lugar. Margay ocupa 65 hectáreas dentro del área de amortiguación de la Reserva de Biosfera Yabotí, que protege 253.000 hectáreas de selva paranaense. Ahí se cuida el palo amargo, una especie clave, y se hace seguimiento de fauna con cámaras trampa para reducir la caza furtiva. También trabajan en sistemas agrícolas que mezclan cultivos y árboles nativos para recuperar suelos, y a través del proyecto M2 x Naturaleza buscan restaurar zonas afectadas por la producción y los incendios.
El consejo de un lugareño
Antes de irme, charlo con Don Carlos, baqueano de la zona, que conoce el arroyo Paraíso como la palma de su mano. Me dice algo que resumo así: "Vení en febrero o marzo, quedate tres días, y dejá una mañana entera para el kayak al amanecer, cuando el agua está quieta y los animales se acercan a beber. El resto del día, caminá lento, sin auriculares, y escuchá lo que el monte tiene para contarte". Una recomendación que vale más que cualquier guía.
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