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Madres por elección: cómo dos mujeres se reparten los cuerpos del deseo de tener hijas

El método ROPA permite que una de las parejas aporte los óvulos y la otra geste. Pamela y Mariana lo eligieron después de años de frustración y hoy crían a Juana y Eva. El especialista Agustín Pasqualini explica los criterios médicos y humanos que pesan en la decisión.

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Micaela YapuraComunidades y territorio · 17 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Yo vengo escribiendo sobre familias que se construyen por fuera de los moldes clásicos y, cada vez que me toca contar una de estas historias, confirmo algo que insiste en repetirse: la medicina reproductiva no es solo un catálogo de técnicas, es un lenguaje nuevo para nombrar lo que siempre estuvo ahí. El método ROPA, esa sigla que todavía suena extraña en muchos consultorios argentinos, viene a poner nombre y protocolo a un deseo tan viejo como la humanidad: que dos mujeres puedan parir juntas a sus hijas. No como acto seguido ni como concesión, sino como decisión compartida, evaluada, deseada.

Qué es el método ROPA y cómo se hace

La sigla corresponde a Recepción de Ovocitos de la Pareja y el procedimiento se apoya en una fecundación in vitro clásica. A una de las mujeres se le estimula la producción de óvulos, se le extraen y, en el laboratorio, se los fecunda con semen de un donante anónimo. El embrión resultante se transfiere al útero de la otra mujer, que previamente recibe una preparación endometrial para que su cuerpo esté en condiciones de recibirlo.

Lo distintivo, lo que vuelve a esta técnica una bisagra cultural además de médica, es que las dos integrantes de la pareja quedan implicadas corporalmente en la llegada del hijo o la hija. Una pone los genes, la otra gesta. Las dos son madres desde el primer día.

“Algunas parejas eligen esta alternativa para participar las dos corporalmente del proceso reproductivo. En otras, la distribución de roles responde además a motivos médicos.”Agustín Pasqualini, especialista en medicina reproductiva

Quién pone los óvulos y quién lleva el embarazo

  • Sobre quien aporta los óvulos se evalúa sobre todo la edad y la reserva ovárica, porque la calidad y la cantidad de ovocitos disponibles definen las chances de éxito.
  • Sobre quien va a gestar se revisa la salud general, la historia ginecológica y obstétrica previa y las condiciones del útero para alojar un embarazo sin riesgos adicionales.
  • Si las dos están en condiciones de asumir cualquiera de los dos roles, el criterio pasa a ser subjetivo y entra en juego cómo quiere vivir la maternidad cada una.
  • No existe una distribución obligatoria ni una jerarquía entre los dos lugares: ambos son constitutivos de la maternidad resultante.

Hasta aquí la teoría. Pero yo les quiero contar la otra parte, la que se mueve entre llantos en el baño del trabajo, llamadas a la obra social que nunca devuelven y la frase que cualquier pareja lesbiana escuchó alguna vez, esa de "y la mamá, ¿cuál es?". Esa parte la conocen bien Pamela Visciarelli y Mariana Blanco, la pareja que protagoniza esta nota junto con sus hijas Juana y Eva.

Ellas llegaron al método ROPA después de varios tratamientos fallidos. Mariana había intentado embarazos con sus propios óvulos y no lo lograba. Fue su médica, Liliana Blanco, quien les propuso una variante que hasta entonces no habían considerado: que Pamela aportara los óvulos y Mariana gestara. La sugerencia no era caprichosa, se sostenía en una lectura clínica de sus cuerpos y también en una conversación que Pamela y Mariana ya venían teniendo sobre quién quería vivir el primer embarazo.

La diferencia de edad entre ambas hizo que coincidieran en un deseo: que Mariana tuviera esa primera experiencia. Así, con ROPA, nació Juana. Dos años después, los roles se invirtieron y Pamela gestó a Eva. En los dos casos, según relataron, el embarazo se consiguió en la primera transferencia de cada tratamiento, un dato que no es menor para quienes arrastraban años de frustración y procedimientos sin resultado.

Lo que vino después tampoco fue sencillo, y a mí me interesa detenerme acá porque ahí se ve la trama real de estas familias. Pamela recuerda que durante el embarazo de Mariana mucha gente a su alrededor no terminaba de entender qué lugar ocupaba ella en la pareja. Le preguntaban si era amiga, si era tía, si era la médica. Explicar que también era la mamá se volvió parte de su vida cotidiana, un trabajo invisible que todavía hoy, con las nenas creciendo, sigue apareciendo en cenas familiares, en la puerta de la escuela, en cualquier conversación informal con un desconocido.

Para ella, la llegada de Juana fue mucho más que un nacimiento. Significó poder reconocer su maternidad sin haber atravesado un embarazo, asumirse como madre desde el primer día y, sobre todo, tener con qué demostrarlo cuando el mundo insistía en no verla. Esa es la pelea cotidiana que todavía hoy libran las familias ensambladas por estas técnicas: no la del reconocimiento legal, que viene avanzando con sus bemoles, sino la del reconocimiento social, ese que no se resuelve con un papel y que muchas veces duele más.

Lo que queda flotando, mientras tanto, es la pregunta de fondo que el método ROPA viene a empujar: si para tener una hija hacen falta dos cuerpos, una ley y una conversación pendiente con la familia entera, qué lugar le va a quedar en la Argentina al deseo de esas parejas que todavía peregrinan entre prepagas que cubren a medias, profesionales que no actualizan sus formularios y obras sociales que miran para otro lado. Esa pelea, la pelea por ser reconocidas como lo que ya son, sigue abierta y no tiene fecha de vencimiento.

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Micaela YapuraComunidades y territorio

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