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Los tres duelos cotidianos que Franklin dejó escritos y que la era digital no pudo borrar

Una sentencia del científico y estadista estadounidense vuelve a ser leída como una guía práctica para preservar la discreción, soltar el rencor y administrar las horas en un mundo saturado de estímulos.

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Jimena CruzSociedad y salud · 15 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

A sus 78 años, Domingo Fariña todavía repite una frase que escuchó de su padre, albañil en el paraje santiagueño de Suncho Pozo, hace más de medio siglo: «Lo más difícil de esta vida es guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo». Esa sentencia, atribuida a quien fue uno de los padres fundadores de Estados Unidos, el polímata Benjamin Franklin, sobrevive en la memoria de familias de origen rural del noroeste argentino como un consejo práctico más que como una cita de manual ilustrado. La traigo a esta columna porque, lejos de sonar antigua, aparece como una descripción bastante precisa de las tres batallas internas que millones de personas libran cada día frente al celular, en la oficina o en la mesa familiar.

La frase pertenece a Benjamin Franklin, figura central de la Ilustración estadounidense del siglo XVIII, y aparece en distintas recopilaciones de sus escritos. En su aparente sencillez encierra tres campos de reflexión con consecuencias directas sobre la salud mental y los vínculos cotidianos: la discreción, el perdón y el uso del tiempo.

Guardar un secreto: la elección de callar cuando todo empuja a hablar

Guardar un secreto implica renunciar a la gratificación inmediata que produce compartir información reservada. La psicología señala que revelar datos privados genera una sensación pasajera de protagonismo: quien cuenta algo siente, por un instante, que ocupa el centro de la atención. Sostener la discreción es, en cambio, un acto de respeto hacia quien confía algo íntimo, un compromiso ético que va más allá de la comodidad del momento. En la práctica, este ejercicio se vuelve más difícil en un entorno donde la sobreexposición en redes sociales suele presentar la reserva como algo excepcional, casi sospechoso.

Perdonar un agravio: soltar el peso, no borrar la historia

Perdonar no equivale a justificar el daño ni a borrarlo de la memoria. La distinción importa: el perdón funciona como una herramienta para liberar el peso emocional que consume energía mental, no como una absolución del otro. El resentimiento ocupa recursos cognitivos de quien lo sostiene; soltar esa carga permite recuperar el control sobre la atención y el bienestar personal, que de otro modo quedan atados a las acciones de terceros.

El tercer punto parte de una premisa simple: a diferencia del dinero o de los objetos, las horas no se recuperan. Franklin describía el tiempo como un activo no renovable. Hoy, distintas industrias compiten de forma activa por capturar la atención de las personas durante el mayor tiempo posible. El resultado es que estar ocupado no garantiza haber avanzado: la actividad constante y el uso inteligente del tiempo son cosas distintas. La diferencia la marca la alineación entre los propósitos de cada uno y las decisiones que se toman hora a hora.

El autocontrol como músculo, no como carácter

Los tres desafíos comparten una raíz común: el autocontrol. No se trata de negar los impulsos naturales, sino de ejercitar la capacidad de tomar decisiones conscientes frente a ellos. Esa práctica no es un rasgo fijo de personalidad, sino una habilidad que se entrena con gestos pequeños y repetidos: callar una confidencia, elegir no devolver un agravio y decir que no a una pantalla antes de dormir. En tiempos de hiperconexión, la vieja sentencia de Franklin recupera una vigencia que, vistos los hábitos de muchos, no parece exagerada.

“Las tres cosas más difíciles de esta vida son guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo.”Benjamin Franklin

Jimena Cruz, Sociedad y salud.

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Jimena CruzSociedad y salud

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