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La trampa de la cafeína en la adolescencia: especialistas de Yale alertan sobre un descanso cada vez más deteriorado

Especialistas de la universidad estadounidense detallan por qué un consumo creciente de cafeína, muchas veces oculto en chicles, sobres y bebidas energizantes, puede profundizar el cansancio en lugar de aliviarlo, y recomiendan fijar un límite horario y revisar las rutinas nocturnas de los adolescentes.

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Micaela YapuraComunidades y territorio · 22 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Cuando un adolescente tiene dificultades para conciliar el sueño, se muestra nervioso o empieza con temblores, conviene mirar más allá del café de la mañana. Esas señales, sumadas a una caída en el rendimiento escolar, suelen ser la puerta de entrada a una conversación familiar que en muchas casas se posterga. Para la neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, del Yale Medicine, un exceso de cafeína también puede provocar palpitaciones, molestias digestivas, inquietud y ansiedad, y en los jóvenes esas manifestaciones aparecen con dosis más bajas que en los adultos.

Ahora bien, dimensionar cuánto cafeína consume un adolescente no es tan sencillo como contar tazas. La sustancia también está presente en bebidas energizantes, gaseosas de cola, chocolate, chicles e incluso en los sobres saborizados que se venden como polvos para preparar al paso. Sobre este punto, Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de la Universidad de Yale, explicó que los sabores dulces y frutales enmascaran el amargor característico y terminan funcionando como una puerta de entrada para que los más chicos prueben el producto sin dimensionar lo que están ingiriendo. Los mencionados sobres, según las especialistas, pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad, un rango que compite con el de un café filtrado.

El horario pesa tanto como la cantidad

El momento del día en el que se consume es tan determinante como la cantidad. De acuerdo con Agrawal, la cafeína empieza a hacer efecto entre 30 y 45 minutos después de haber sido ingerida y, entre cinco y seis horas más tarde, todavía queda en el organismo cerca de la mitad de lo que se tomó. Esa vida media prolongada lleva a las especialistas a recomendar evitar la cafeína después de las 13 o las 14, según el horario habitual en que el adolescente se acuesta.

“La cafeína no es una herramienta para rendir más: cuando el cansancio empuja a buscar un estimulante, el alivio es transitorio y termina retrasando otra vez el descanso, con lo que al día siguiente se vuelve a estar agotado”Sabhyata Agrawal, neumonóloga y especialista en sueño de Yale Medicine

Ese círculo se monta, además, sobre un cambio propio de la adolescencia: el reloj biológico se va corriendo hacia horarios más tardíos y a los jóvenes les cuesta dormirse temprano y, sobre todo, levantarse a la mañana. Si el cansancio los empuja a un energizante, el pico de alerta se solapa con la noche y termina aplazando otra vez el momento de dormir, lo que profundiza la fatiga del día siguiente en lugar de resolverla.

Recomendaciones de las investigadoras de Yale

  • Evitar la cafeína antes de los 18 años y, en particular, excluir las bebidas energizantes de la alimentación de niños y adolescentes.
  • Prestar atención al consumo oculto: chicles, sobres saborizados, chocolate, mate y gaseosas de cola también suman miligramos.
  • Fijar un tope horario: nada de cafeína después de las 13 o las 14 para que no interfiera con el sueño nocturno.
  • Revisar las rutinas de pantallas, ya que la luz de los dispositivos reduce la producción de melatonina y se suma al efecto de los estimulantes.
  • Hablar con los adolescentes sobre cantidades consumidas y sobre el momento del día en que las ingieren, sin dar por sentado que solo beben café.

Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale, completó el cuadro al remarcar que el consumo de cafeína durante sesiones de videojuegos puede responder tanto al deseo genuino de permanecer despierto como a una costumbre compartida con otros jugadores, lo que vuelve todavía más difuso el límite entre uso recreativo y dependencia. Para Agrawal, en tanto, el punto de partida en la consulta pediátrica suele ser escuchar qué bebe un adolescente en el día antes que cualquier estudio: los datos terminan siendo, casi siempre, más elocuentes que los análisis.

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