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Raíz Salteña

La estampida eléctrica de la inteligencia artificial vuelve a poner en jaque a la red de Estados Unidos

Los centros de datos pasan del 4,4% al proyectado 12% del consumo eléctrico estadounidense en cinco años, mientras comunidades locales ya bloquearon proyectos por 156.000 millones de dólares en lo que va de 2025.

FS
Fernando SaraviaPolítica provincial · 27 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura

En los pasillos del Departamento de Energía de Estados Unidos, funcionarios y técnicos repiten desde hace meses una misma advertencia fuera de libreto: la inteligencia artificial no es solo software, es acero, hormigón y cables de alta tensión que devoran megawatts. El crecimiento de los centros de datos encendidos para entrenar y operar modelos de IA ya reconfiguró el mapa eléctrico del país y puso en evidencia un desfasaje entre la velocidad de la inversión tecnológica y los tiempos de la infraestructura energética, una brecha que las empresas no logran cerrar y que las comunidades empiezan a cobrar caro.

Los números ilustran la magnitud del problema. Un estudio del Lawrence Berkeley National Laboratory, publicado por el Departamento de Energía, indica que en 2023 los centros de datos consumieron alrededor de 176 teravatios hora, equivalentes al 4,4% del consumo eléctrico estadounidense. En 2018 esa participación rondaba el 1,9%, lo que muestra más que un salto: un cambio de escala. Para 2028, las proyecciones oficiales ubican la demanda entre 325 y 580 teravatios hora, es decir entre el 6,7% y el 12% de toda la electricidad utilizada en el país.

La plata manda: lo que NVIDIA dejó sobre la mesa

El motor financiero de esa expansión es tan poderoso como opaco. NVIDIA cerró su segundo trimestre fiscal de 2027 con ingresos por 96.221 millones de dólares, un 106% más que un año atrás. Su división de centros de datos facturó 89.000 millones de dólares, casi el 93% del total, con un crecimiento interanual del 117%. Su fundador y director ejecutivo, Jensen Huang, lo dijo sin rodeos en la presentación de resultados: la capacidad de cómputo se convirtió en una fuente de ingresos por sí misma. En criollo: mientras NVIDIA siga facturando a ese ritmo, la presión sobre la red eléctrica seguirá creciendo.

El cuello de botella no es solo de volumen, sino de tiempo. Una línea de transmisión, una subestación o una central generadora tardan años en licenciarse y construirse; un centro de datos se levanta en meses. Esa asimetría marca un techo físico al ritmo de expansión del negocio y explica por qué, según el informe citado, en muchas regiones las redes ya enfrentan restricciones de capacidad para nuevas conexiones.

El otro frente: la resistencia de los territorios

A la presión sobre las redes se suma una oposición local cada vez más organizada. Durante 2025, al menos 48 proyectos por unos 156.000 millones de dólares fueron bloqueados o demorados por resistencia de comunidades donde se proyecta instalar estas megainstalaciones, de acuerdo con el relevamiento citado por el Departamento de Energía. La queja recurrente combina miedo al impacto ambiental, ruidos, consumo de agua y suba de tarifas eléctricas residenciales.

  • Consumo actual: 176 TWh, 4,4% del total eléctrico de Estados Unidos en 2023.
  • Proyección 2028: entre 325 y 580 TWh, 6,7% a 12% del consumo nacional.
  • Infraestructura: líneas, subestaciones y centrales tardan años; los centros, meses.
  • Negocio: NVIDIA facturó 96.221 millones de dólares en su último trimestre, 117% más interanual en su división de centros de datos.
  • Conflicto social: 48 proyectos por 156.000 millones de dólares frenados o demorados en 2025.

El cuadro que dejan los datos es nítido. Gana, por ahora, el capital que financia la infraestructura de inteligencia artificial y se lleva la renta una puñado de proveedores de chips y servicios en la nube. Pierde la red eléctrica, que se acerca a su límite operativo, y pierden las comunidades que quedan atrapadas entre promesas de empleo y facturas de luz en alza. La pregunta que el Departamento de Energía no termina de responder es quién paga la diferencia: si el consumidor residencial, el Tesoro o los propios gigantes del cómputo. Sin esa definición, la brecha entre megawatts prometidos y megawatts disponibles seguirá creciendo.

FS
Fernando SaraviaPolítica provincial

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