Jueves negro para la inteligencia artificial: tres gigantes se cayeron a la vez y el mundo lo sintió en la pantalla
ChatGPT, Claude y Grok quedaron fuera de servicio durante varias horas en una mañana que dejó a millones de usuarios varados entre Estados Unidos, España y buena parte de América Latina, incluida la Argentina, y volvió a instalar el debate sobre la fragilidad de las herramientas que ya son parte del trabajo cotidiano.

Me lo escribió por WhatsApp una docente tucumana, ya cerca del mediodía, mientras trataba de armar una clase con la ayuda del chat: "Che, ¿a vos te anda? Porque a mí me dice error y error y no puedo hacer nada". No era un problema de su computadora ni de su wifi, ni siquiera de su compañía de teléfono. Era algo mucho más grande, que se repetía al mismo tiempo en muchísimos países, y que terminó confirmando lo que muchos vienen sospechando hace rato: dependemos, y cada vez más, de unos pocos servicios centrales que cuando se tropiezan, nos dejan a todos a oscuras.
Una mañana con tres gigantes en el piso
El jueves arrancó movidito para cualquiera que necesitara trabajar con inteligencia artificial. ChatGPT, la plataforma de OpenAI, empezó a mostrar fallas temprano, con mensajes que no se enviaban, sesiones que no se abrían y pantallas que se quedaban colgadas a medio camino. La empresa confirmó más tarde, mediante un comunicado técnico, que se trataba de "problemas y errores graves" que también afectaban a Codex, su herramienta orientada a programación, y a las aplicaciones móviles del servicio.
Casi en paralelo, Claude, la familia de modelos de la empresa Anthropic, empezó a reportar errores elevados en distintas versiones, incluido el conocido como Opus. Desde la compañía reconocieron la magnitud del inconveniente sin precisar una sola causa que lo explicara todo. Y como si fuera poco, Grok, el asistente desarrollado por xAI, sufrió un pico muy marcado de desconexiones que bloqueó sus funciones automatizadas, tanto en su aplicación propia como en la versión que vive adentro de la red social X.
- Dificultad para ingresar a las plataformas y para mantener la sesión abierta
- Interfaces que no terminaban de cargar o se mostraban a medias
- Mensajes de error al mandar consultas o al pedir respuestas largas
- Caída de herramientas asociadas, como Codex en el caso de OpenAI
- Bloqueo de funciones automatizadas en Grok, incluso en su integración con X
Argentina, adentro del apagón
Acá lo vivimos de cerca. Los reportes de fallas se multiplicaron en distintos puntos del país, sobre todo en centros urbanos donde estas plataformas ya forman parte de la rutina de oficinas, redacciones y estudios. Lo que se pudo reconstruir a partir de los avisos de los usuarios apunta, en la mayoría de los casos, a problemas en los servidores centrales ubicados en el exterior, lo que sugiere que el origen del apagón no fue local sino parte de un colapso en la infraestructura global de cada compañía.
Las alertas de interrupción crecieron de manera sostenida en Estados Unidos, España, México, Colombia y la Argentina, según los registros que se fueron acumulando durante la mañana. Las tres empresas reconocieron los errores y empezaron a restaurar sus sistemas de forma gradual, aunque durante varias horas la situación fue lo bastante seria como para impedir tareas tan concretas como redactar un informe, depurar un código o simplemente mantener una conversación con un asistente.
“Volver a confiar en una sola puerta es como poner toda la tropa en un mismo puente: cuando el puente cruje, no queda nadie del otro lado.”Dicho escuchado en una peña de folklore jujeña
Me quedé pensando en eso mientras leía los partes técnicos. Resulta que hace rato que estas plataformas dejaron de ser un capricho tecnológico para convertirse en herramientas de trabajo cotidiano, y cuando las tres se caen juntas, lo que se cae también es la idea de que la inteligencia artificial es un servicio siempre disponible, infalible, listo para responder. Como me dijo un amigo desarrollador a la tarde, ya casi en lenguaje de criollos del teclado: "Hermano, cuando se cae todo a la vez, uno se acuerda de que la nube la maneja otro, en otro país, y que nosotros acá somos convidados de piedra". Y tenía razón. La pregunta que queda dando vueltas es cuánto tarda cada equipo, cada redacción, cada pyme, en tener listo un plan B para los días en que la inteligencia artificial simplemente no responde. Como suele decirse cuando amanece cantando un gallo en los cerros: "no hay mal que por bien no venga, pero tampoco bien que no venga con su aguacero".
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