Iván Ramírez se anima a cantar con su propia voz en un concurso de televisión
El humorista dejó atrás las pelucas y las prótesis para sumarse a Es mi sueño, el programa de Guido Kaczka, mientras sigue al frente de sus imitaciones, su ciclo de streaming y un posible unipersonal en Mar del Plata.

Lo vi desde chico en el living de mi casa y nunca me imaginé que iba a terminar escribiendo sobre alguien así, pero acá estoy, contándoles lo que pasó en una tarde cualquiera que se llenó de música y de carcajadas. Una señora del público me dijo al oído, mientras esperaba que empezara la nota: "Mirá, yo lo vi a este pibe en la tele cuando era un petiso, y ahora se anima a cantar de verdad, qué loco". Esa frase me quedó dando vueltas, porque resume lo que muchos sienten al ver a Iván Ramírez parado en un escenario sin la careta de nadie, solo con su propia voz y sus ganas de animarse.
Es mi sueño, el ciclo que conduce Guido Kaczka, le abrió la puerta al humorista para algo muy distinto a lo que venía haciendo: participar como concursante y cantar sin imitar a otro artista. Ramírez, acostumbrado a transformarse en figuras del espectáculo, deportistas y hasta dibujos animados, aceptó el desafío de mostrarse tal como es, sin pelucas, sin prótesis y sin maquillaje.
Una convocatoria que lo tomó por sorpresa
El propio Ramírez reconoció que la propuesta lo descolocó. Estaba seguro de que lo llamarían para sumar algún bloque de humor, como tantas veces le pasó en distintos canales, y no para ocupar el lugar de cantante. El dato no es menor: a los 17 años había trabajado con Kaczka en Hacelo feliz, donde imitó a Dread Mar-I. Aquella vez, la música entró al programa de la mano de la imitación. Esta vez, en cambio, lo convocaron para que se pusiera él mismo frente al micrófono.
“Lo primero que pensé es: no sé cantar con mi voz”Iván Ramírez
Aunque tomó clases de canto durante mucho tiempo, nunca se había mostrado cantando en televisión sin la protección de un personaje. Ahora ensaya con el equipo de entrenamiento vocal del concurso. Según explicó, ese cuidado técnico resulta especialmente necesario en su trabajo por los cambios de voz que realiza al interpretar a sus más de 150 personajes. Cantar con su propio registro, después de tantos años deformando la garganta para parecer otro, también es un aprendizaje, y él lo cuenta con la simpleza de quien se sabe de vuelta en la escuela.
Otros proyectos en paralelo
- Integra el grupo Viralizados, donde sigue explotando su vena humorística.
- Estrenó Iván y vienen, un ciclo propio en formato streaming.
- Recibió una propuesta para presentar un unipersonal en Mar del Plata.
- Mantiene su actividad en eventos privados y funciones en vivo.
Mostrar la faceta de cantante no significa abandonar las imitaciones, que siguen siendo su sello. Para preparar cada personaje, Ramírez arranca por observar cómo piensa, qué le interesa y cómo se comporta la persona que va a copiar. Recién después trabaja sobre la voz y los gestos, y deja para el final el vestuario y la caracterización. Ese proceso, contó, puede demandar un mínimo de cuatro horas solo para colocar una prótesis, más otras dos para retirar el maquillaje. A eso se suma la inversión en pelucas de cabello natural y un equipo que se encarga de coser la ropa de cada personaje, una pequeña fábrica que funciona detrás de cada show.
Su historia frente al público arrancó mucho antes de la televisión. A los 14 años interpretó a Lía Crucet en el cumpleaños de una amiga, con un vestuario cosido por su bisabuela. De aquella presentación improvisada en un living salieron tres contrataciones para otros eventos, y empezó a entenderse como artista. Más de dos décadas después, el mismo pibe que se animaba a cantar Lía Crucet en una fiesta familiar ahora se planta en un concurso nacional para mostrar que, detrás de todos los personajes que le el público, también hay un Iván Ramírez de carne y hueso, con su voz y sus miedos, dispuesto a cantar sin esconderse detrás de nadie.
Antes de irme a dormir, un señor mayor que se fue acomodando el saco me dijo mientras se alejaba por la calle todavía oscura: "Que Dios te bendiga, pibe, vos hacés feliz a la gente". Lo cuento porque me parece que resume lo que se siente al ver a alguien como Iván Ramírez jugársela por un sueño, sin traicionar de dónde viene.
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