Hot Wheels Infinite Rush: cuando el autito de la infancia se manda al mundo abierto
Milestone abandona las pistas cerradas y lleva los autos de la marca a cuatro islas para explorar, romper todo y correr sin narrativa. Un arcade veloz, destructible y coleccionable, con sus luces y sus sombras.

A Juan, el de la ferretería de la esquina, le brillan los ojos cada vez que pasa por la góndola de los autitos y se agarra un segundo el paquete para mirar la modelo nuevo. A mí, que ya peino canas, todavía me pasa: la marca tiene esa cosa de juguete grande que uno se niega a soltar. Por eso, cuando me senté a probar Hot Wheels Infinite Rush, el juego nuevo de Milestone, no pude menos que pensar en ese fleco de la infancia que todavía colea en los pibes grandes. La propuesta es tan ambiciosa como simple: sacar los autos de la pista cerrada y mandarlos a recorrer un mundo abierto entero, sin paredes ni tiempo que los frenen.
Cuatro islas para acelerar a gusto
Lo primero que llama la atención es el mapa. Olvidate de las loopings de naranja y rojo que conocimos en entregas anteriores: acá hay cuatro islas grandes, cada una con su ADN. Wheelswood arranca con rascacielos y tránsito de ciudad, Tentacle Bay se estira por la costa con ecosistema variados, Gearville mezcla naves industriales con dunas de desierto, y Drifty Temples se va a un look más oriental, con pasos de montaña que invitan al derrape. Es, en la práctica, una maqueta interactiva a escala, hecha para patearla.
El entorno reacciona al impacto: árboles, luminarias y hasta los autos civiles saltan al chocarles, lo que refuerza esa sensación de estar jugando con algo que se puede romper. Y eso, para los que tenemos cierta edad, trae el eco del dicho de los chicos del barrio: 'el que pega primero, pega dos veces'. Acá el que choca, destroza.
Cuatro categorías para no aburrirse
- Bólidos: velocidad pura, recargan turbo acelerando a fondo durante varios segundos.
- Derrapadores: juntan nitro cuanto más cerradas sean las curvas tomadas a la chapa.
- Equilibrados: generan energía con casi cualquier maniobra, el comodín del garage.
- Todoterreno Titanes: pensados para el terreno irregular, con turbo de recuperación automática.
Lo bueno es que el cambio entre categorías es instantáneo, sin tener que frenar ni pausear. Vas por la ruta, decidís que ese derrape te conviene para el próximo tramo, y el autito se transforma como si nada. Esa libertad de garage en mitad de la carrera es de las cosas más interesantes que propone el juego.
Para los coleccionistas de alma, el catálogo pasa los 150 vehículos, con prototipos propios y licencias de fabricantes reales, fichas históricas de cada modelo y un editor de pintura, rines e interiores. O sea: el autito que te regalaban a los seis ahora lo podés pintar como el que soñabas a los doce. Y los modos multijugador, competitivos con ranking y cooperativos o casuales, más un editor de pistas propias, le dan bastante vida útil al título.
Técnica, luces y sombras
En el plano técnico, el juego se banca los 60 cuadros por segundo estables, que en un arcade de velocidad no es un detalle menor: cualquier tirón te arruina una curva. Ahora, no todo es parejo: hay texturas que cargan con cierto retraso y, tras terminar un evento en una isla, el regreso a la zona pide cerca de un minuto de espera, algo que corta el ritmo cuando uno está metido de lleno. El sonido, en cambio, es de lo mejor: el impacto metálico y plástico en los choques devuelve esa cremosidad de maqueta a escala que tanto nos gusta.
Lo que se extraña, sobre todo en las primeras horas, es una campaña con hilo. El juego no tiene narrativa: es exploración y aceleración sin conductor formal. En las primeras dos o tres horas eso vuela, porque uno va de isla en isla probando de todo; pero a medida que la partida avanza puede empezar a sentirse como una limitación, como si le faltara el cuento que envuelva la velocidad. El entorno compensa en parte con lo destructible, pero no termina de cerrar esa sensación de estar corriendo sin destino fijo.
Ahora bien, dicho todo esto, a quién le puede gustar este juego? A los fans de la marca, seguro, porque van a reconocer cada modelo y cada ficha; a los que buscan acción sin tener que aprender mil botones; y a los padres y tíos que quieren un arcade para compartir con los más chicos del hogar. No es para el que viene buscando un simulador ni para el que necesita una historia que lo lleve de la mano. Pero si te bancás un rato de libertad pura, con autitos que vuelan y rompen todo, Infinite Rush puede ser una buena manera de volver, aunque sea por un rato, a esa edad en la que el piso de la cocina era una pista infinita.
“Al final del día lo apagué con una sonrisa medio tonta y el reloj marcando mucho más tarde de lo que pensaba. Cuando salí a la galería todavía oscuro, un vecino que barría su vereda me cantó al pasar, como si nada: 'andá pibe, que el que llegó último fue porque se quedó mirando el amanecer'. Y la verdad, tenía razón: me había quedado mirando cómo arrancaba el día, todavía con el ruido de los motores en la cabeza.”Sergio Tolaba
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Ca7riel y Paco Amoroso encienden el escenario de Jimmy Fallon con su talento

La serie de Netflix del creador de 'The Rookie' ha sido cancelada tras dos temporadas a pesar de haber sentirse “muy positivo” para ser renovada

James Gunn tranquiliza a los fans y defiende el retraso de 'The Batman 2' de Matt Reeves por parte de Warner y DC
