Hayato Date, el director que plantó a Hollywood frente a la presión de exportar a Naruto tal cual es
El realizador japonés reconoció que desde el arranque de la serie animada existieron presiones para moldear el producto hacia el público externo. Optó por preservar la obra de Kishimoto y desoír las quejas que llegaron desde Estados Unidos por el uso de armas de filo.

La primera gran decisión del estudio fue no negociar el alma del producto. El director Hayato Date repasó, en una exposición realizada en Anime India, el clima que rodeó al arranque de la producción del anime de Naruto y dejó en claro que, desde el vamos, existió una presión concreta para orientar la serie hacia el mercado internacional, una presión que decidió ignorar de plano.
“Para ser sinceros, cuando hicimos Naruto, incluso entonces, ya había una gran presión para hacer que la serie vendiese bien fuera de Japón”, señaló Date, y agregó que la respuesta del equipo fue deliberada: “Simplemente no se puede crear algo si te estás preocupando constantemente sobre gustar a la audiencia extranjera”. La premisa operativa del estudio fue otra: preguntarse qué necesitaba la serie para funcionar dentro de Japón y subordinar todo lo demás a esa vara.
Kunai sin tijera: la frontera que Date eligió no cruzar
Esa decisión tuvo consecuencias visibles del otro lado del Pacífico. En Estados Unidos, donde la serie encontró uno de sus públicos más caudalosos, circularon quejas puntuales por el uso de kunai y otras armas de filo, motivo habitual de objeciones en producciones familiares. Date las desoyó sin matices: “Si quitas los kunai, ya no es Naruto”. Para el director, la alternativa era lisa y llanamente desnaturalizar la obra del mangaka Masashi Kishimoto, y esa posibilidad quedaba descartada de antemano.
- La vara de medición del equipo fue el público japonés, no el internacional.
- Las armas de filo se mantuvieron porque forman parte del ADN de la obra.
- Se rechazó la idea de suavizar la serie para aprobar la vara del mercado externo.
- El resultado fue un producto que viajó al mundo sin resignar su identidad.
El saldo, a casi dos décadas de su estreno, es difícil de discutir: Naruto se consolidó como uno de los animes de mayor alcance global de las últimas décadas, en la misma conversación que Dragon Ball y One Piece, fenómenos que también sostienen su masividad sin necesidad de amoldarse a la sensibilidad editorial de cada plaza.
El debate, sin embargo, vuelve al centro de la escena. Mientras se desarrolla una película de acción real bajo la dirección de Destin Daniel Cretton, la pregunta sobre qué tanto respetar la obra original y qué tanto adaptarla a los códigos de la industria estadounidense vuelve a quedar sobre la mesa. Date construyó Naruto desde la autenticidad de la fuente; el equipo de la producción en Hollywood tendrá que decidir si sigue ese camino o toma otro. Como les suele ocurrir a los viñateros chicos que mantienen su varietal sin dejarse llevar por la demanda del mercado de masas, la tentación de simplificar puede ser grande, pero el costo de hacerlo, a la larga, es diluir aquello que volvió al producto único en primer lugar.
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