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El miedo a volar también se activa antes de subir al avión, según el neurólogo Conrado Estol

El especialista repasó cómo la anticipación del embarque, las turbulencias en cielo despejado y la consulta a radares en línea pueden ayudar a poner en perspectiva un temor que, advirtió, no debería arruinar unas vacaciones. También desaconsejó el alcohol como salida.

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Micaela YapuraComunidades y territorio · 23 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Tengo 42 años y todavía recuerdo la primera vez que tomé un avión con la panza llena de mariposas. Por eso, cuando escuché al neurólogo Conrado Estol explicar que el miedo a volar puede empezar mucho antes de ocupar el asiento, sentí que describía algo que comparten miles de pasajeros que, como yo, llegan al aeropuerto ya con el pulso acelerado. Lo conversado por el médico ayuda a entender por qué ese malestar no se limita a las turbulencias ni al momento del despegue, y por qué conocer las estadísticas de seguridad no alcanza, por sí solo, para desactivarlo.

La antesala del vuelo también alimenta la ansiedad

Estol describió que los controles, los trámites migratorios y la preocupación por llegar tarde al aeropuerto pueden quedar asociados a la ansiedad del propio viaje. En esos casos, señaló, la anticipación del embarque pesa tanto o más que el vuelo en sí, aunque también reconoció que la claustrofobia puede intervenir como un factor adicional que se suma al malestar.

Una app para dimensionar cuántos aviones están en el aire

Una de las propuestas que más me llamó la atención fue observar una aplicación de seguimiento de vuelos. La idea es dimensionar cuántos aviones circulan por el mundo en un momento dado y ubicar el viaje propio dentro de ese movimiento cotidiano. Para Estol, ese ejercicio funciona como una manera de darle contexto a la percepción del riesgo: cuando uno ve en la pantalla la cantidad de trayectos que se completan sin inconvenientes, el vuelo propio deja de sentirse como una excepción peligrosa.

Turbulencias con cielo despejado y por qué se sienten eternas

Durante el trayecto, las sacudidas pueden concentrar buena parte de la preocupación. El neurólogo distinguió las turbulencias vinculadas con tormentas de las que se producen en aire claro y, por eso, explicó que es posible sentir movimientos aunque desde la ventanilla no se vean nubes ni mal tiempo.

También señaló que la expectativa de cuánto durará una turbulencia puede aumentar la inquietud. Según describió, los episodios fuertes generalmente se extienden durante segundos o unos pocos minutos, aunque quien los atraviesa puede imaginar que continuarán durante horas. Como comparación, propuso prestar atención a los movimientos que se toleran al viajar en tren: pequeños saltitos que, en tierra, ni se registran.

  • Mirar un radar de vuelos en línea para dimensionar la cantidad de aeronaves en el aire.
  • Diferenciar las turbulencias de tormenta de las que ocurren con cielo despejado.
  • Tener presente que los episodios fuertes suelen durar segundos o pocos minutos, no horas.
  • Recordar que los pilotos cuentan con herramientas para identificar tormentas y modificar el recorrido.
  • Evitar el alcohol como estrategia para sobrellevar el vuelo.

Tormentas, protocolos de cabina y el aviso sobre el alcohol

Respecto de las tormentas, Estol indicó que los pilotos disponen de herramientas para identificar fenómenos meteorológicos y cambiar el recorrido cuando el contexto lo amerita. Además, destacó el papel de los protocolos de cabina para reducir distracciones durante la operación y mantener la atención puesta en el vuelo.

El médico también fue categórico al desaconsejar el alcohol como salida para sobrellevar el temor. Advirtió que puede provocar insomnio y deshidratación, dos efectos que suelen pasar facturas una vez que el avión ya está en tierra.

“Su planteo general fue que el miedo no termine condicionando los viajes o las vacaciones.”Conrado Estol, neurólogo

Después de escucharlo, me quedé con una reflexión que atraviesa a cualquiera que haya dudado antes de un embarque: el miedo a volar no aparece únicamente cuando el avión se sacude, sino que puede empezar en la fila del check-in, en el control de migraciones o en el viaje hasta el aeropuerto. Reconocerlo, dijo Estol, es el primer paso para que el temor no termine arruinando unas vacaciones soñadas antes de que el avión siquiera haya despegado.

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Micaela YapuraComunidades y territorio

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