Viernes, 4 de septiembre de 2026
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El acoso escolar ya no termina al salir de la escuela: pediatras alertan sobre la continuidad digital del bullying

Un documento de la Sociedad Argentina de Pediatría advierte que las agresiones que empiezan en el aula se extienden sin pausa por WhatsApp, redes sociales y videojuegos, con consecuencias serias en la salud física y emocional de chicas y chicos.

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Jimena CruzSociedad y salud · 4 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Tomás tiene once años y vive en un pueblo del sur de la provincia de Buenos Aires donde todos se conocen. Cursa la primaria en la escuela del casco urbano y, desde hace varios meses, un grupo de compañeros lo hostiga en el patio durante los recreos: le dicen cosas, lo empujan, le sacan la mochila. Eso, me contaba su madre la semana pasada cuando hablamos por teléfono desde General Alvarado, ya era bastante. Lo que terminó de quebrar la rutina fue descubrir que el mismo grupo había abierto un chat en WhatsApp donde seguían cargándolo a la tarde, a la noche y los fines de semana. Tomás dejaba el colegio y el acoso entraba con él por la puerta de la casa.

La historia que me describió esa mamá, a la que llamé para preparar esta nota, es una de las miles que atraviesa hoy el sistema educativo argentino y que la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) decidió poner en primer plano mediante un documento elaborado por ocho de sus comités y subcomisiones especializadas. La publicación, titulada "Bullying y ciberbullying: de la escuela al celular, un continuum que no da tregua", fue difundida en las últimas semanas y ya circula entre pediatras, gabinetes escolares y equipos de orientación. La idea central es que el acoso escolar dejó de ser un fenómeno con horario: lo que empieza en el aula puede continuar durante horas por mensajes, redes sociales o videojuegos y llegar hasta el cuarto del chico sin que exista un momento real de desconexión.

Una continuidad que amplifica el daño

Consultada por este portal, la doctora Silvina Pedrouzo, pediatra especialista en Desarrollo Infantil y presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP, me explicó que la diferencia respecto de otros momentos históricos es muy concreta. Antes, volver al hogar podía funcionar como un reparo frente a las situaciones de acoso. Hoy, con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación mucho más allá de la escuela, lo que amplifica el impacto y, en consecuencia, el daño en quien lo sufre.

“Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso.”Silvina Pedrouzo, presidenta de la Subcomisión de TIC de la SAP

El informe enumera las formas que puede adoptar el ciberbullying, entre ellas mensajes de odio, burlas reiteradas, acecho, votaciones para humillar, perfiles falsos, suplantación de identidad, difusión no consentida de información privada, exclusión deliberada de grupos y manipulación de fotos, videos o memes. A ese listado se suma un factor reciente que preocupa especialmente a los especialistas: el uso de herramientas de inteligencia artificial para editar y difundir contenidos alterados, con la particularidad de que una publicación puede alcanzar audiencias mucho mayores que las del aula y resultar muy difícil de borrar una vez que circuló.

Qué es y qué no es bullying

El documento aclara un punto que en las familias aparece mezclado con frecuencia: no toda pelea entre compañeros es acoso escolar. Para que una situación sea considerada bullying tiene que reunir tres condiciones simultáneas: intención de causar daño, repetición sistemática en el tiempo y un desequilibrio de poder que impide a quien lo sufre defenderse o ponerle fin. Puede ser físico, verbal o relacional, y cuando se traslada al mundo digital pasa a llamarse ciberbullying, aunque muchas veces ambas dimensiones conviven en la misma experiencia, como me lo describió la mamá de Tomás.

Las consecuencias en la salud y a dónde acudir

La SAP advierte que las consecuencias de este continuum van mucho más allá del momento en que ocurre la agresión. Enumera dolores físicos reiterados, alteraciones del sueño, caída en el rendimiento escolar, aislamiento progresivo, ansiedad, depresión y, en los casos más graves, conductas autolesivas o ideas de suicidio. Por eso, el llamado de la entidad apunta a familias, escuelas y equipos de salud por igual: el bullying es un fenómeno grupal y la solución no puede recaer nunca en el chico hostigado ni en su familia como únicos responsables.

Para quienes necesiten asesoramiento, la SAP recomienda, en primer lugar, concurrir al pediatra de cabecera, que es el primer eslabón para detectar indicadores y activar la red de contención. También está disponible la línea 102, gratuita y con atención las 24 horas, que recibe consultas de chicos, adolescentes y adultos. En la Ciudad de Buenos Aires funciona además el Programa de Convivencia Escolar del Ministerio de Educación porteño, que recibe denuncias de lunes a viernes de 9 a 17. En la provincia de Buenos Aires, las escuelas cuentan con equipos de orientación escolar y, para casos graves, se puede recurrir a la fiscalía especializada en ciberdelitos. Pedir ayuda a tiempo, subrayan los pediatras, no es exagerar: es la diferencia entre un mal momento y una huella que puede quedar para siempre.

JC
Jimena CruzSociedad y salud

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